samedi 15 juillet 2017

Valentina PROUST ILIGARAY∕El lado más humano de Ernest HEMINGWAY


Libros Nueva biografía del autor norteamericano:
El lado más humano de Ernest HEMINGWAY
Por Valentina PROUST ILIGARAY
(El Mercurio)

Mujeriego, bebedor, aficionado a las armas, la pesca y las corridas de toro. Esta es la leyenda que ha envuelto a la figura de Hemingway a lo largo de la historia, transformándolo en el modelo de la virilidad. En la nueva biografía del autor, la primera escrita por una mujer, se explora la verdadera figura detrás del mito.

El 2 de julio de 1961, Ernest Hemingway se levantó de la cama en su casa ubicada en Ketchum, Idaho y se puso sobre su pijama azul la brillante bata roja que su cuarta esposa, la periodista Mary Welsh, había mandado a hacer para él en Italia. Eran pasadas las 7:00 de la mañana. En silencio, bajó a la bodega donde guardaba su colección de más de 20 armas, escogió la escopeta Boss de dos cañones, su favorita, y puso dos balas en ella. Subió por las escaleras y se dirigió a la entrada de la casa, donde se disparó directo en la cabeza.

Esta escena, que ha sido narrada una y otra vez, marca el momento en que la leyenda que rodeó a Hemingway durante toda su vida, la de encarnar el estereotipo del macho alfa heterosexual, fue inmortalizada. Con el paso de los años, los lectores, académicos y escritores han regresado una y otra vez sobre la vida de este autor de la Generación Perdida, venerando la figura del bebedor y seductor empedernido. Pero para la escritora Mary Dearborn, biógrafa de personajes como Henry Miller o Norman Mailer, existe otro Hemingway detrás de esa leyenda. Un Hemingway atrapado en el mito, más vulnerable y sensible, lado que explora en "Ernest Hemingway: a biography", el trabajo más completo en 15 años sobre el autor de "Adiós a las armas", y la primera biografía del escritor norteamericano hecha por una mujer.

"Supe que quería escribir una biografía sobre Hemingway cuando encontré el enorme archivo de él en el Centro Harry Ransom de la Universidad de Texas. La mayoría de estos documentos son los papeles de su madre, principalmente cartas, y me sorprendió descubrir que los biógrafos previos nunca los habían consultado. Solo puedo concluir que ellos consideraron este material muy doméstico, y por eso de poca importancia. Sentí entonces la necesidad de una nueva biografía, esta vez escrita por una mujer, que no pasaría por alto ni menospreciaría a las mujeres que pasaron por su vida, contando la verdadera historia detrás de la leyenda", comenta Dearborn a El Mercurio.

Las mujeres de Ernest

La mayor influencia femenina de Hemingway fue, sin lugar a dudas, su madre. Grace Hall, aspirante a cantante de ópera, se casó con Ed Hemingway en 1896 y abandonó su carrera para formar una familia. Ernest fue el segundo de los 6 hijos de la pareja, y uno de los favoritos de Grace. "De niño y durante su adolescencia, fue muy cercano a su madre. Ellos eran muy similares entre sí, tanto en el aspecto físico como en su curiosidad, energía y carisma. Ambos eran descritos por los demás como personas que al entrar a una habitación sacaban todo el aire que había en ella", explica Dearborn.

La relación entre ambos fue compleja desde el momento en que Ernest nació: lo vistió con ropa de niña y lo hizo pasar por la gemela de su hermana Marcelline, 18 meses mayor que él, incluso cuando ambos ya estudiaban en el colegio. Grace también fue quien incitó su pasión por las armas, enseñándole a sostenerlas y a dispararlas desde que Hemingway tenía 2 años de edad. Ya de adulto, el escritor veía a su madre como una mujer frívola, que prefería gastar el dinero en sus gustos personales antes que en la familia, y la culpaba por las crisis familiares y el suicidio de su padre. Pero a pesar de estos conflictos, Grace tuvo una gran influencia en la vida de Ernest: heredó su gran carisma y la educación andrógina que recibió se vería reflejada en las cuestiones transgénero insinuadas en sus novelas "Islas a la deriva" y "El jardín del edén".

Si bien la madre fue un factor central en la conformación de su personalidad, son otras las mujeres las que fueron determinantes en la consolidación de Ernest Hemingway como escritor. "Hadley, la primera esposa de Ernest, lo ayudó a convertirse en escritor, porque ella tenía una gran fe en él. Pauline, la segunda esposa, fue, como Ernest comentaba frecuentemente, su mejor crítica. Ella hizo que la escritura fuera una prioridad en su vida. Su rol como esposa era más importante que su rol de madre. Ella hizo posible algunos de los mejores trabajos de Hemingway", aclara Dearborn. A ellas se suma la figura de Gertrude Stein, quien tenía grandes semejanzas con su madre -tanto en lo físico como en la personalidad carismática y magnética de ambas- y la enfermera Agnes von Kurowsky, su primer amor e inspiración para la novela "Adiós a las armas".

Un hombre herido

"Biografía tras biografía -todas escritas por hombres- comenzaron a repetir la misma historia con una veneración que sólo hizo crecer más la leyenda. Hemingway ayudó a construir el mito, pero se vio muy perjudicado. Su vulnerabilidad fue ignorada", reflexiona Dearborn.

El origen de la leyenda tuvo lugar por las mismas historias de su vida, que el autor exageraba y alteraba a su antojo: "Sus amigos lo incitaban a beber hasta altas horas de la madrugada, en sesiones en las que él contaba y recontaba las historias de sus hazañas. Muchas de ellas, especialmente después de contarlas muchas veces, se volvieron falsas", relata su biógrafa.

A pesar de su imagen dura, Hemingway cargaba con una predisposición a las enfermedades mentales -su padre sufrió por años una depresión, hasta su suicidio en 1928-, lo cual se vio exacerbado con los traumas experimentados en la guerra, las contusiones cerebrales que sufrió, el alcoholismo y la tristeza al tener que abandonar Cuba -el lugar que terminó por conquistarlo- luego de la revolución. Hacia el último año de su vida, el escritor se encontraba en un estado demacrado: "Ya no tenía ninguno de los placeres que había sabido sacar de la vida y sentía que no podía escribir, así que se disparó a sí mismo", reflexiona Dearborn.

"Creo que necesitamos hacernos a un lado del mito y descubrir al genuino, herido, vulnerable y apasionado ser humano que era, cualidades que fueron plasmadas en su brillante trabajo de ficción", indica la autora.

Nuevas lecturas

La imagen del ícono masculino terminó por absorber no solo la figura del escritor, sino que también su obra literaria. Sus historias tratan sobre temáticas tradicionalmente asociadas al género masculino: las corridas de toros, la guerra, la pesca y el hombre seductor. A pesar de que han pasado más de 50 años de la muerte de Hemingway, su obra continúa vigente, y para Mary Dearborn sus obras tienen mucho que decir a quienes no se sienten representados por el mito del macho blanco heterosexual. Señala que cada generación tiene su propio Hemingway y los lectores actuales pueden encontrar en sus obras al hombre más allá del mito.

"La leyenda de Hemingway está construida en principios falsos, que los hombres y mujeres son diferentes en prácticamente todos los aspectos, en cuanto a los valores, la moral y la forma de relacionarse con la sociedad y la naturaleza", comenta Dearborn al explicar que la construcción cultural que sustenta estas lecturas ya no es tan válida hoy.

Concluye que se debe seguir leyendo a Hemingway, por la vigencia de su trabajo y el aporte que entregó a las letras universales: "Supuestamente él no escribió acerca de las emociones, solo sobre hechos, pero las emociones siempre están ahí, debajo de la superficie, haciendo que la historia sea más poderosa. Cambió el idioma inglés, lo revitalizó y su trabajo es una obra de arte que nos enriquece".

"Hemingway ayudó a construir el mito, pero se vio muy perjudicado. Su vulnerabilidad fue ignorada".

Artículo: www.elmercurio.com  02/7/2017

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