samedi 15 juillet 2017

María Teresa CÁRDENAS∕Elizabeth SUBERCASEAUX: "No quise hacer de esta novela un ladrillo histórico"


Entrevista Investigó durante cuatro años
Elizabeth SUBERCASEAUX: "No quise hacer de esta novela un ladrillo histórico"
Por María Teresa CÁRDENAS
(El Mercurio)

En La patria de cristal, la periodista y escritora retrata el siglo XIX chileno, desde las primeras luchas de la independencia, hasta la caída de Balmaceda, a través de una familia relacionada o emparentada con los personajes célebres de ese período. La novela llega este miércoles a librerías. 

"El amor y la muerte son los grandes temas del siglo XIX", dice Elizabeth Subercaseaux (Santiago, 1945), después de investigar sin descanso ese período. Y si primero se concentró en Europa y publicó las novelas La música para Clara y La pasión de Brahms, en La patria de cristal (Catalonia) cambia de escenario, pero no de época. La "patria de cristal" es Chile y el libro narra desde sus primeros pasos para conseguir la independencia, hasta la guerra civil de 1891 y la muerte del Presidente Balmaceda. Todo un siglo, cuyos grandes acontecimientos son abordados principalmente a través de personajes reales -incluidos los "padres de la patria"- y de una familia inventada que, por parentesco o amistad, se relaciona con ellos. Después de la temprana muerte de su padre, Beatriz de Toro y Zambrano acepta casarse con el latifundista Florencio Larraín para darle el gusto a su madre viuda. "Pero Florencio y ella tenían una visión muy distinta de la vida, de la política, del arte. Allí donde Florencio veía al demonio, ella veía la mano de Dios. Los libros que consideraba iluminadores, para Florencio eran peligrosos", dice el texto. El siglo recién estaba empezando y su transcurso iría a la par con el destino de esa familia, sus rupturas, alegrías y padecimientos. Todo, bajo la sombra de un cóndor que simboliza la muerte y que cada cierto tiempo sobrevuela los paisajes.

"No quise hacer de esta novela un ladrillo histórico, sino un relato ameno de lo que fue la historia de Chile en el siglo XIX -explica Elizabeth Subercaseaux, con indesmentible entusiasmo-; las costumbres, los personajes, sus amores, sus triunfos, sus miedos, sus debilidades".

Con la imagen del título no se refiere -por cierto- a la transparencia: " La patria de cristal alude a la fragilidad de un país que comienza a caminar solo, como un niño que se desprende de la mano de su madre y da sus primeros pasos. El cristal es la vulnerabilidad, la debilidad, lo endeble de sus instituciones, muchas de las cuales recién empezaban a formarse".

"Las cartas fueron de gran ayuda"

La publicación de La patria de cristal coincide con el enorme interés que despiertan en la actualidad los libros sobre historia de Chile, como lo refleja el ranking de los más vendidos: Un veterano de tres guerras , de Guillermo Parvex, se ha mantenido en él durante casi cien semanas, y algunas menos, La historia secreta de Chile , de Jorge Baradit, quien ya figura con un segundo tomo. "Cuando un país entra en crisis, o una persona, la tendencia natural es ir al pasado, a la infancia, a los primeros años, de modo de entender lo que hubo en esas raíces, las razones de la mochila que acarreamos todos", opina Elizabeth Subercaseaux. Y ese fue su primer estímulo:

-Desde hace un tiempo, Chile está en crisis. Las razones son innumerables: desesperanza, inequidad, medios de comunicación social que antes no existían y amplifican el descontento, gobiernos concertacionistas que desilusionaron a la gente. Una y otra vez, el país se estremecía ante un pasado no tan lejano que seguía flotando en el ambiente como una sombra irremediable. En ese contexto y para entender lo que nos pasaba, volví a los documentos de la dictadura y a la Unidad Popular. Para comprender el fenómeno de la Unidad Popular me fui a los comienzos del Partido Socialista y la Falange, por allá por los años 33 y 35. Luego hacia más atrás, a la fundación del Partido Comunista, el año 22, y el nacimiento de la Constitución del León de Tarapacá, el 25... Entonces me di cuenta de que no había prácticamente ningún movimiento social o político en el siglo XX que no tuviese sus raíces más profundas en el siglo XIX. Y me puse a estudiarlo. Siempre en busca de razones que explicaran el presente.

En la novela, los personajes históricos se revelan a través de lo que dicen y hacen. No hay juicio sobre ellos, y la ficción -según la escritora- es acotada: "No me di muchas licencias a la hora de hacerlos opinar y actuar. Las cartas fueron de gran ayuda; leyendo lo que escribían te acercas a lo que hablaban, sus opiniones políticas están vertidas en la correspondencia. Portales, por ejemplo, no hay nada que no haya dicho por carta. O'Higgins y Carrera también escribieron una gran cantidad de cartas". Reconoce, eso sí, que "inventó" una carta de Prat, basándose en otra.

-El libro es también una saga familiar, ¿eso le permitió abarcar todo el siglo?
-Exactamente. La familia de Florencio Larraín fue el hilo conductor. Además, contando la saga familiar, paralela a la historia real del país, se produjo un relato armónico, porque los personajes de mi familia inventada eran primos de Portales, amigos de los Carrera, enemigos del general Freire y los liberales, parientes de los presidentes. En fin, como era en ese tiempo, una sociedad pequeñísima donde todos se conocían, se casaban entre ellos, se daban los puestos y los negocios, y el resto del país era "ganado humano", como decía algún conservador empedernido.

Una sociedad en la que, para los aristócratas, el progreso era "un régimen organizado en torno a influencias compartidas", se lee en la novela. "Yo no sé quiénes serán hoy los aristócratas, pero hace muchas décadas que no están en el poder -comenta-. Yo diría que si hay algo que perdura, en ese sentido, es que en el mundo de los negocios el interés no es precisamente el bienestar del pueblo, y el sistema de influencias compartidas sigue tan vigente como entonces, el amiguismo, el pituto, los datos, los intereses comunes".

Reconoce que hubo personajes inspirados en su propia familia, como Elvira Infante, que se comunicaba con los muertos. "Elvira está inspirada en las Morla, pero más que nada por esa línea tan difusa, tan tenue, para ellas, que separaba la vida de la muerte. Claro que Elvira era loca de remate y mi abuela Ximena (Morla Lynch) era todo menos loca".

-También Fidela, la criada, se comunica con Luca, su novio muerto. ¿Fue una manera de ir contando los hechos a través de ella?
-¡Ah! A mí me encanta ese personaje. Fidela es todo lo que llevo en el alma de Santa Clara, el campo donde me crié. Ella es un personaje central en esta novela, linda, preciosa, de espíritu hondo, como eran las mujeres en ese campo, como eran Rita Muena y Laura Jaque, Enedina, Filuca, Eduvina. Fidela es ellas y a través de ella se va contando una parte de la historia. Es un testigo fundamental.

-Muchos escritores han novelado episodios del siglo XIX chileno. ¿Cómo se "atrevió" a narrar todo ese siglo?
-El proyecto surgió, fundamentalmente, porque yo misma me fasciné con lo que leía, con los personajes, con sus caracteres, su manera de ser, de hablar y de sentir. Y lo quise contar. A mi manera. La historia de Chile en el siglo XIX es apasionante.

-¿A qué fuentes recurrió y de qué manera trabajó con ellas?
-Leí a los grandes historiadores del siglo: Barros Arana, Amunátegui, Vicuña Mackenna; las novelas de Blest Gana, y a los memorialistas, Pérez Rosales, Ramón Subercaseaux, José Zapiola, Julio Subercaseaux; la fantástica memoria de José Miguel Varela, Un veterano de tres guerras , el primer libro de Baradit; leí todas las cartas que encontré de Portales, de Arturo Prat, de Bernardo O'Higgins, de José Miguel Carrera; recorrí de punta a cabo el espléndido trabajo de mi hermano Bernardo, Historia de las ideas . En fin, estuve varios años metida de cabeza en el sitio de Memoria Chilena, hurgueteando documentos, libros, ensayos, fotografías, láminas. Todo lo que pillé, hasta que yo misma tuve una idea bastante clara de lo que había sido el siglo. Entonces, cuando ya me hice amiga, amén de enamorarme, de O'Higgins, Carrera, Rodríguez, el general Freire, Diego Portales, don Andrés, los presidentes Montt, Bulnes, Pérez, Arturo Prat, Balmaceda..., ahí me puse a escribir la novela.

-¿Y los historiadores del siglo XX?
-Por supuesto, los leí prácticamente a todos. Sin embargo, privilegié a los del XIX, porque los del siglo XX sin lugar a dudas se afirmaron en ellos. Yo preferí ir a la fuente, sobre todo si la fuente es una persona que conoció en vivo y en directo al país de entonces.

-¿Cómo manejó las distintas interpretaciones de la historia?
-Con mucho cuidado y teniendo siempre en cuenta que eran interpretaciones. Traté de no dejarme influenciar, sobre todo por Vicuña Mackenna, que es bastante ditirámbico, apasionado, exagera mucho y escribe como los dioses. Finalmente, es mi propia mirada de novelista. Yo los vi. Los conocí. Casi pude hablar con los personajes. Nos hicimos amigos.

-¿Se encontró con sorpresas al investigar?
-La verdad-verdad es que yo sabía harto poco. Recordaba algunos datos históricos, como que en 1810 se había dado el primer paso a la independencia, que O'Higgins había sido el primer Presidente de Chile, que a los Carrera los habían hecho fusilar, que a Manuel Rodríguez lo habían asesinado en Tiltil, que Diego Portales era un monstruo para la mitad del país y un gran estadista para la otra mitad, que en el Combate Naval de Iquique Arturo Prat había gritado "al abordaje muchachos" y en un gesto heroico abordó el "Huáscar", y que en 1891 estalló la revolución que terminó con el suicidio de Balmaceda. Lo demás eran nombres de calles, así que todo fue una sorpresa para mí.

-Y respecto de los personajes, ¿qué aspectos le llamaron la atención?
-La timidez de O'Higgins, el tremendo carácter y la boca sucia de Portales, el maravilloso general Freire y su profundo sentido democrático, la sabiduría y esa aureola como de santo que tenía don Andrés Bello y combinaba tan bien con su amor por las mujeres. Pero lo que más me sorprendió, en general, fue el amor a la patria de todos estos personajes; el romanticismo de la época cuadraba muy bien con su pasión por hacer cosas grandes, cambios profundos, darle bríos a la independencia de Chile. Y uno de los personajes que me sorprendió, realmente, fue Francisco Bilbao. ¡Qué progresista era! En el siglo XX no encontré a nadie con quien compararlo. Su ensayo de la Sociabilidad chilena es admirable para la época. Ese tipo era un iluminado.

"Si siembras violencia, no esperes cosechar tranquilidad", le dice Beatriz a su segundo marido, Cornelio Infante, a propósito de la muerte de Diego Portales. "Fue un siglo terrible en ese sentido -comenta-. Es una historia de violencia, de guerras, de muerte; guerras entre los liberales y los conservadores; guerras con Perú y Bolivia; guerra entre los propios chilenos, miles de muertos, los militares participando codo a codo con los civiles en todo tipo de asonadas. Fueron escasos los años de tranquilidad...

Aunque no fue sorpresa para ella, destaca un elemento central de ese siglo: "El clasismo, que perdura hasta el día de hoy. Yo sabía que era así en el siglo XIX, que de allí venía esta lacra, pero no me lo había topado de frente ni de manera tan descarada". Es ese clasismo y los privilegios de un sector de la sociedad los que precisamente ha abordado, con humor, en su serie Barrio Alto. Y en casi todos sus libros. Lejos de cambiar su mirada crítica, dice que la historia de Chile se la ha reafirmado. Pero estudiar el siglo XIX en ningún caso la ha dejado indiferente.

-Ni te imaginas el aporte que ha significado conocer a fondo la historia de Chile. Antes ya me pasó, cuando me puse a investigar el siglo XIX en Europa, y escribí la historia de los Schumann y la de Brahms. Y lo que te sucede, como ser humano, más allá de la escritora, es que ya no eres la misma persona, que miras a tu país bajo un prisma muy distinto, que lo comprendes mejor. Te diría que si antes quería a Chile, ahora lo quiero entrañablemente y siento un profundo agradecimiento por cada uno de los personajes que hicieron posible este país.


Artículo: www.elmercurio.com  02/4/2017

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