samedi 15 juillet 2017

A 10 años de la muerte de FONTANARROSA, el escritor de lo popular


A diez años de la muerte de FONTANARROSA, el escritor de lo popular
Por DPA 

"No tenía veleidades ni se consideraba un artista. Era una persona humilde y dueña de una gran generosidad. No establecía diferencias entre un niño de una escuela y el rey de España", dice Horacio Vargas, autor de la biografía del escritor, historietista y humorista argentino Roberto Fontanarrosa.

“Llegué a la literatura por la puerta de atrás (y) con los botines (de fútbol) embarrados”, decía Roberto Fontanarrosa, escritor, historietista y humorista argentino que murió hace diez años en Rosario, la ciudad natal a la que nunca abandonó y desde la que trascendió a gran parte del mundo.

Su percepción de las costumbres cotidianas, el oído atento para trasladar a un cuento el diálogo surgido en la mesa de un bar y un apetito literario que alimentó con la voracidad de un autodidacta transformaron a Fontanarrosa en el gran escritor popular de la Argentina, coinciden quienes lo conocieron y estudiaron su trabajo.

“En su obra está el lenguaje de las personas comunes”, dijo a dpa Horacio Vargas, autor de la biografía “El negro Fontanarrosa”, publicada en 2014.

Vargas, que también es rosarino, trabajó con Fontanarrosa a inicios de los años 80 en la revista de humor “Risario”.

En ese tiempo Fontanarrosa ya era conocido por sus dos grandes historietas: “Inodoro Pereyra (el renegaú)”, un gaucho pobre que vivía “mal pero acostumbrado” según admitía, en el campo acompañado de su perro, Mendieta, y su esposa, Eulogia; y “Boogie, el aceitoso”, un sicario que parodiaba al personaje “Harry el Sucio”, interpretado en el cine por el actor estadounidense Clint Eastwood.

Ambas habían sido publicadas una década antes en la revista “Hortensia” y su aceptación en el público le permitió incorporarse como humorista gráfico al diario nacional “Clarín”. Allí sus viñetas sobre política, cultura y fútbol aparecieron en la última página hasta pocos días antes de su muerte, el 19 de julio de 2007.

El “Negro”, apodo por el que fue reconocido desde niño, escribía las viñetas durante la mañana y las enviaba a Buenos Aires, a 300 kilómetros al sur de Rosario. Luego, intercalaba colaboraciones en otros medios, entre ellos la revista “Humor”, o aportaba ideas a los guiones del grupo musical “Les Luthiers”.

Al final de la tarde se reunía con sus amigos en el bar “El Cairo”, que tenía como único atractivo ser la sede diaria de la llamada “Mesa de los galanes”, con Fontanarrosa entre sus miembros. El resultado del encuentro cotidiano le servía, luego, de libreto perfecto para las historias que llevaba al papel en forma de viñeta, historieta, cuentos o novelas.

Fontanarrosa era una celebridad en Rosario. El cantante catalán Joan Manuel Serrat, que fue su amigo, recordó en varias ocasiones que caminar con él por la ciudad significaba detenerse a cada paso para saludar y conversar, principalmente, con desconocidos.

“No tenía veleidades ni se consideraba un artista. Era una persona humilde y dueña de una gran generosidad. No establecía diferencias entre un niño de una escuela y el rey de España”, afirmó Vargas.

Fontanarrosa dedicaba la tarde a la literatura. Se había formado leyendo a Truman Capote, Ernest Hemingway y Scott Fitzgerald, entre otros.

Pablo Ansolabehere, doctor en Literatura por la Universidad de Buenos Aires, dijo a dpa que así como Fontanarrosa tenía “la capacidad de percibir ciertos fenómenos de la vida cotidiana, entre ellos el fútbol”, también contaba con la virtud de “reescribir ciertas piezas en clave de humor, como el Martín Fierro”, el poema de José Hernández, la gran obra del género gauchesco argentino.

Fontanarrosa publicó siempre en Ediciones de la Flor, la misma editorial que fue el hogar de la “Mafalda” de Quino. Allí se destacaron “El mundo ha vivido equivocado”, “Uno nunca sabe”, “Usted no me lo va a creer” y “La mesa de los galanes”. Todos sus cuentos de fútbol fueron reunidos en “Puro fútbol”.

“El Negro decía que los había recopilado pensando en mí, para que no anduviera cargando sus libros”, contó a dpa Alejandro Apo, periodista deportivo. Desde 1995, conduce programas de radio en los que lee cuentos, principalmente de fútbol y, en forma especial, de Fontanarrosa. “Admiro su capacidad de observación y mezclar en una charla de amigos un partido de fútbol con los dioses griegos. ‘El Negro’ ocupa un lugar grande en la literatura argentina. Y, como amigo, lo llevo en el alma”, reconoció Apo.

Decenas de cuentos de Fontanarrosa fueron adaptados a series televisivas, obras de teatro y películas. El próximo 3 de agosto se estrenará en Argentina “Fontanarrosa, lo que se dice un ídolo”, un film compuesto por seis de sus relatos.

Su vida no fue la misma desde 2003, cuando los médicos le detectaron una enfermedad neurológica (esclerosis lateral amiotrófica) que en forma progresiva lo fue paralizando. Uno de sus últimos personajes, antes de anunciar que ya no volvería a dibujar, lo hizo a pedido del club del que fue hincha apasionado, Rosario Central, que también formó parte de varias historias en sus cuentos.

“Rosario la vivió como una enfermedad maldita. Sin embargo, él la sobrellevó con dignidad y humor”, rememoró Vargas.

Tras el velatorio, un cortejo fúnebre recorrió la ciudad. Los rosarinos, muchos llorando, lo despidieron con aplausos y flores.

Una vez le preguntaron a Fontanarrosa: “Si existiera Dios, ¿qué le gustaría que le dijera al llegar al paraíso?”. “¡Llegaste, Negro!”, respondió.

Articulo: http://www.eldesconcierto.cl 14∕07∕2017

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Frases de Roberto Fontanarrosa

De mí se dirá posiblemente que soy un escritor cómico, a lo sumo. Y será cierto. No me interesa demasiado la definición que se haga de mí. No aspiro al Nobel de Literatura. Yo me doy por muy bien pagado cuando alguien se me acerca y me dice: me cagué de risa con tu libro.
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Vi una estrella caer. Pedí un deseo. Y la estrella cayó en tu casa.
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El ciego, al lavarse la cara, se reconoce.
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Se aprende más en la derrota que en la victoria, pero ¡Prefiero esa ignorancia!
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El pájaro es libre. Lo sería aún más de ser soltero.
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El loro plagia la palabra, pero quien está preso es el canario.
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El pavo real abre su cola sin importarle si es día feriado.
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Quien ríe último, de la desgracia ajena, ríe mejor.
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Dios aprieta pero no ahorca ni cae en el sadismo.
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Una palabra puede herir. Pero un martillazo es feroz.
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La rosa tiene espinas, pero ¿Tiene pétalos el atún?
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Reprochas al sordo que no te escucha. ¡Grítale más fuerte!
Aun viéndote sucia y borracha, me arrodillo para nombrarte: ¡Madre!
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El puntapié que me asestaste ¿No será una opinión?
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El que nada desea, es sospechoso.
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El espíritu del virtuoso es como un espejo. Te miras en él y puedes peinarte.
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El hombre sabio es pobre en apariencia, pues su tesoro está en Suiza.
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En el mundo hay bondad y maldad. Justicia e injusticia. Árboles y tortugas. Hay muchas cosas.
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Para el Sabio no existe la riqueza. Para el Virtuoso no existe el poder. Y para el Poderoso no existen ni el Sabio ni el Virtuoso.
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Aquel que ha tocado el cielo con las manos ¿Cuánto medía?
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Reparad en ese pato que corre. Reparad en aquel cordero que trisca. Reparad esa cerca que huyen los animalitos.
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Si dices que lo tienes en un puño... ¡Muy pequeño ha de ser tu enemigo!
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Si quieres alcanzar la sabiduría ¡empieza a correr ya!
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¡Desdichado el mendigo que no conoce el placer de dar!
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Morir ¡Extraña costumbre!
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La hiena ríe pues no piensa en el mañana.
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Muy distinto es no decir lo que se piensa que no pensar lo que se dice.
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Si no cantara el gallo igual amanecería.
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Consulté con mi almohada y me dijo: "Consulta con tu médico".
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No hay completa belleza. El tigre es hermoso, pero su orín es pestilente.
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Lo llamaron científico, estadista y pensador. Pero nunca fue tan feliz como cuando lo llamaron "Bichi".
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El humor no debe ser risa. Sí, sonrisa. Y, de ser posible, llanto amargo.
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Si tropiezas dos veces con la misma piedra ¡sácala de allí!
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Cuando alcancé la sabiduría, ella me miró y dijo: "Ya me alcanza cualquiera".
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El optimista ve la copa medio llena. El pesimista la ve medio vacía. El borracho la ve doble.
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No juzgar a los hombres por sus actos. Condenarlos.
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El necio no sabrá apreciar ni el sabor de una flor ni el olor de una fruta.
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Alegra ver caer las gotas de lluvia. Pero ellas se destrozan contra el suelo.
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La virtud del virtuoso, la envidia el oso.
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La perfección es obsesiva. Y eso es un defecto.
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Amigos son los huevos, que están en el mismo nido y nunca se regañan.
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Si tu mejor amigo te incrusta un puñal en la espalda... Desconfía de su amistad.
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Señalé el futuro y miraste mi dedo.
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Te siento cuando te toco y, cuando no te toco, también te siento. ¿Que tienes en la piel?
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Decimos: "Haz como la hormiga, que trabaja todo el día" ¡No sabemos cuán jóvenes mueren!
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Lo que yo pido es que atendamos esta condición terapéutica de las malas palabras. Lo que pido es una amnistía para las malas palabras, vivamos una Navidad sin malas palabras e integrémoslas al lenguaje porque las vamos a necesitar...
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Sentarme a dibujar todos los días es algo que me gusta. Siempre me ha gustado dibujar, me ha gustado contar. O sea, el mío es un trabajo vocacional y el gusto lo sigo manteniendo.
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Te regalaría las estrellas, pero te has empecinado en un par de zapatos.
Mientras más brillante la luz, mayor el gasto.
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A mí no me va eso del nirvana o los jardines con minas tocando la flauta. A los dos días ya te querés cortar las pelotas. Al Cielo le pondría canchitas y un par de bares, porque en el bar estás en tu casa y a la vez estás balconeando la calle.
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Es obvio. Uno prefiere que guste el trabajo, pero a eso de escribir para los escritores yo no le encuentro la gracia. La cosa son los lectores.
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Yo me doy cuenta que con los años las manías y las locuras se acentúan, es mentira que uno se convierte en más sabio.
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Creo que si no se entiende que esto es una pasión, y las pasiones son bastantes inexplicables, no se entiende nada de lo que pasa en el fútbol.
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Mis aforismos son como los buenos vinos, mientras más pasa el tiempo, más caros.
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Busco espíritus sensibles. Intermediarios abstenerse.
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El fútbol que vale es el que uno guarda en el recuerdo.


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