samedi 26 décembre 2009

Alberto MANGUEL/ Heroicidad y resistencia



EN PORTADA - Libros del año
Heroicidad y resistencia
Por Alberto MANGUEL

Anatomía de un instante, donde Javier Cercas se aproxima a un hecho decisivo en la historia de España (el fallido golpe de Estado del 23 de febrero de 1981), ha sido elegido el libro de 2009 por los críticos de Babelia. La encuesta revela que el ensayo ha desplazado a la novela y que las editoriales pequeñas se consolidan como alternativa de calidad y variedad.

El honor, lugar común de la gran literatura medieval, tiene hoy en día la calidad inédita y sorprendente de algo olvidado o desaparecido. Las raras veces en las que se lo menciona, adquiere en un contexto contemporáneo una connotación irónica o sarcástica, contaminada por banales convenciones retóricas cuando no mafiosas. Desde los principios del siglo veinte hasta ahora, en el campo político, eficacia y astucia han adquirido mucho mayor prestigio que la conducta ética y valerosa; es por eso que nuestros héroes estatales son, en su mayor parte, rufianes y estafadores. En tal contexto, los precursores de Javier Cercas, para quien el honor es el tema central de su literatura, no son los cínicos novelistas de entreguerras ("describir el heroísmo no es tarea provechosa", declaraba Simone de Beauvoir en los años cincuenta) sino los irascibles filósofos e historiadores del siglo dieciséis hacia atrás, de Tomás Moro a Séneca. Cómo nos comportamos frente a un desafío, qué actitud elegimos, le importa más a Cercas que por qué lo hacemos.

Como es harto sabido, el fallido golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 fue un momento decisivo en la historia española contemporánea, a partir del cual los españoles tomaron conciencia de una nueva responsabilidad política posfranquista. Los golpistas que entraron en el Congreso de los Diputados y regaron de balas el hemiciclo pensaron que esta demostración de fuerza los convertiría en héroes nacionales y les otorgaría las riendas del gobierno. Sin embargo, como Javier Cercas demuestra irrefutablemente en este libro singular, el heroísmo, el verdadero heroísmo, no lo manifestaron ni los golpistas y sus líderes ni los políticos que resultaron victoriosos, sino tres hombres quienes, bajo la lluvia de balas, se rehusaron a tomar parte en la refriega. Adolfo Suárez, Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo permanecieron en sus lugares mientras sus colegas se echaban al suelo bajo sus escaños. Es en estos tres, incólumes ante la absurda violencia, que Cercas busca esa "conducta honorable" que requería Séneca y cuyo significado hemos perdido casi del todo, conducta que podría resumirse en la réplica que dio un cierto doctor Henderson, a mediados del siglo dieciocho en Oxford, según cuenta De Quincey y cita Borges. En medio de una discusión teológica o literaria, el impávido doctor, al recibir en la cara un vaso de vino de su adversario, respondió: "Esto, señor, es una digresión; espero su argumento". Los tres héroes de Cercas se quedaron sentados en sus sillas, esperando el argumento que nunca llegó.

La experiencia de la ficción basada en hechos reales (sus merecidamente célebres Soldados de Salamina y La velocidad de la luz entre otras) le ha permitido a Cercas la narración de hechos reales como si fueran ficción. El lector sabe que lo narrado ha ocurrido de veras, pero gracias a la habilidad literaria de Cercas, percibe la verdad como fruto de la perspicacia de la imaginación, no sólo como la contaduría de la historia. "Lo entendí. Creo que esta vez lo entendí", escribe Cercas en la última página de su libro. El lector lo sabe: los hechos son incontrovertibles, basados en documentos verificables, pero, al mismo tiempo, se abren y se amplían con la generosa ambigüedad de un cuento de hadas que se rehúsa a convertir lo sucedido dentro del ámbito humano en un fácil y estricto catequismo. Las cosas son como ocurrieron, sí, pero también como pudieron ocurrir, como sus protagonistas creyeron que ocurrían entonces, como los lectores futuros juzgarán que hubiesen podido ocurrir en el pasado reciente. La conducta de los hombres y de las mujeres que tomaron parte en los acontecimientos goza (o sufre) de esta pluralidad; y sin embargo, al mismo tiempo, según Cercas, todas las versiones de un acto responden, voluntariamente, a una determinada ética. Llegado el momento decisivo, las diferentes opciones se concentran en una sola, determinada y determinante, cuyas lecturas pueden ser diversas pero cuya esencia es única. En cualquier situación, algunos personajes se comportan como cobardes, otros como héroes. Es por eso que en la Comedia de Dante castigos y recompensas no son creados por un dios rencoroso o magnánimo sino por nuestras propias acciones. La literatura de Cercas es, en última instancia, una defensa del libre arbitrio.

Un tema magnífico no presupone una ejecución ejemplar. En el caso de Anatomía de un instante, el honorable y heroico tema ha dado lugar, sencillamente, a una de las obras capitales de la literatura en lengua castellana de nuestra época. Anatomía de un instante es ejemplar, en todos los sentidos de la palabra. En este libro, Cercas ha logrado, con un estilo tranquilo, fluido, preciso, iluminar un momento esencial y discreto de España, guiando al lector a través de sus innumerables complejidades y digresiones. Creemos leer una crónica política cuya anécdota nos conmueve por su fuerza dramática; en realidad, como en las grandes tragedias griegas, nos convertimos en testigos de un magnífico acto de resistencia a la repetida infamia de la Historia.


Los veinte mejores libros de 2009

1 Anatomía de un instante. Javier Cercas (Mondadori). Ensayo
2 La noche de los tiempos. Antonio Muñoz Molina (Seix Barral). Novela
3 Indignación. Philip Roth (Mondadori). Novela
4 Aquí. Wislawa Szymborska (Bartleby). Poesía
5 Historia de mi vida. Giacomo Casanova (Atalanta). Memorias
6 Sudeste. Haroldo Conti (Bartleby). Novela
7 Un armario lleno de sombras. Antonio Gamoneda (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores). Memorias
8 Cartas. Emily Dickinson (Lumen). Correspondencia
9 Aquí empieza nuestra historia. Tobias Wolff (Alfaguara). Relatos
10 Mitologías de invierno. El emperador de Occidente. Pierre Michon (Alfabia). Relatos
11 Poemas de amor. Anne Sexton (Linteo). Poesía
12 Los días contados. Miklós Banffy (Libros del Asteroide). Novela
13 Elevación, elegancia y entusiasmo. Francisco Casavella (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores). Ensayo
14 El ruido eterno. Alex Ross (Seix Barral). Ensayo
15 Mecanismos internos (Ensayos 2000-2005). J. M. Coetzee (Mondadori). Ensayo
16 Nocilla Lab. Agustín Fernández Mallo (Alfaguara). Novela
17 Ejemplaridad pública. Javier Gomá (Taurus). Ensayo
18 El Día D. Antony Beevor (Crítica). Ensayo
19 El factor humano. John Carlin (Seix Barral). Ensayo
20 Tres vidas de santos. Eduardo Mendoza (Seix Barral). Relatos


***
El ensayo destrona a la novela
Por Winston MANRIQUE SABOGAL

El reinado de la novela pasa por un bache en 2009, al menos para los 50 críticos y periodistas de Babelia que han elegido los libros más destacados del año. De entre los 20 títulos preferidos, sólo cinco corresponden a este género, la lista la completan siete ensayos, tres libros de relatos, dos poemarios, dos de memorias y uno de cartas.

Numéricamente la novela ha sido más citada pero el ensayo ha logrado posiciones altas, incluido el primer lugar. Se trata de un género con temas, enfoques y estilos muy amplio y diverso con libros sobre política, filosofía o la II Guerra Mundial. Y destaca la fuerte presencia del ensayo literario y cultural.

Una prueba de estas preferencias es que el primer libro de la lista es Anatomía de un instante (Mondadori), donde
Javier Cercas se aproxima a un hecho decisivo en la historia de España: el fallido golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 , que sirve como epílogo al régimen de Francisco Franco, en el poder entre 1939 y 1975, y que despejó los fantasmas dictatoriales al consolidarse la democracia. La segunda obra es La noche de los tiempos (Seix Barral), de Antonio Muñoz Molina, una novela que puede verse como prólogo al recrear las vísperas de la Guerra Civil, de 1936 a 1939, a través de la vida de un hombre y un amor que se derrumba, al tiempo que sucede lo mismo en su país por culpa de la intolerancia y los fanatismos ideológicos que llevarían a Franco al poder.

La lista de los
libros más destacados la completan obras de varios géneros y lenguas , y sobre todo de creadores contemporáneos que oscilan entre la popularidad y el culto: Indignación, de Philip Roth (Mondadori); Aquí, de Wislawa Szymborska (Bartleby); Historia de mi vida, de Giaccomo Casanova (Atalanta); Sudeste, de Haroldo Conti (Bartleby); Un armario lleno de sombras, de Antonio Gamoneda (Galaxia Gutenberg); Cartas, de Emily Dickinson (Lumen); Aquí empieza nuestra historia, de Tobias Wolff (Alfaguara); y Mitologías de invierno. El emperador de Occidente, de Pierre Michon (Alfabia).

Un total de 263 títulos en todos los géneros, publicados este año en España, fueron citados en la encuesta sobre lo mejor de 2009, en los que se incluyeron unos pocos libros de finales de 2008 cuyo recorrido empezó en enero, como Vida y muerte de Manuel Azaña, de Santos Juliá. Cada uno de los 50 críticos y periodistas que participaron hicieron una selección de diez títulos dando al primero diez puntos, al segundo nueve y así sucesivamente. Mientras el año pasado el triunfo lo obtuvieron las novelas cortas y los cuentos, y en los autores fue arrolladora la presencia de escritores en español, este año la historia es completamente la contraria.

La encuesta es la confirmación de algunas de las tendencias literarias como el género biográfico y memorialístico y la hibridación de géneros que colocan estos libros en terrenos fronterizos y movedizos. Es el caso del libro más citado (19 veces) y con más alta votación (117 puntos): Anatomía de un instante, en el que Cercas reconstruye, investiga, narra, recrea y reflexiona sobre el puzle de lo que rodeó el intento de golpe de Estado del 23-F en Madrid. Y que Babelia ha colocado en el apartado de Ensayo, tras discutir y analizar sus aspectos narrativos y ensayísticos, o de "No ficción", epígrafe bajo el cual coloca el mundo anglosajón aquello que no es estrictamente narrativa o ficción.

Aunque sólo hay tres poemarios entre los favoritos, los poetas están presentes en otros dos libros. El resultado general muestra la consolidación de las editoriales pequeñas como una alternativa de variedad y calidad literarias.

Articulo:
http://www.elpais.com 22/12/2009

Javier RODRÍGUEZ MARCOS/Filosofía con antenas poéticas


Filosofía con antenas poéticas
Eugenio Trías reordena en dos volúmenes toda su obra ensayística
Por Javier RODRÍGUEZ MARCOS

"Audacias metafísicas, coartadas estéticas". En El árbol de la vida (Destino, 2003), su libro de memorias, contaba Eugenio Trías que si quisiera caracterizar con una frase el conjunto de textos que empezó a escribir a mediados de los años setenta, recién vuelto de América Latina, sería ésa. "Iba a llevar a cabo", escribió, "ejercicios ensayísticos (en donde ensayo significa siempre, tiento, aventura, experimento) con el fin de ir gestando, con prudencia pero sin temor, una construcción ontológica o metafísica. Por debajo del estilo ensayístico se iría abriendo paso cierta voluntad de tratado". Si el ensayo era la coartada estilística, reconocía, la envoltura "estética" era la coartada temática.

Trías (Barcelona, 1942) publicó su primera obra, La filosofía y su sombra, en 1969. 40 años y 33 títulos después, acaba de reordenar en los dos tomos de Creaciones filosóficas (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores) ese tratado subterráneo del que hablaba en sus memorias. Una voluntad de sistema -palabra maldita en los últimos tiempos- que hacen de él uno de los pocos filósofos europeos cuya obra mantiene, en tiempos de triunfo absoluto del fragmento, el sentido unitario de los sistemas clásicos de pensamiento. "Filosofía del límite" será posiblemente el concepto por el que los diccionarios -o los buscadores de Internet- clasifiquen en el futuro a Eugenio Trías.

Con todo, el pensador matiza: "El sistema siempre es a posteriori, surge de manera natural. Podría decirse que mi obra es una ilación de fragmentos. Si las piezas del puzle encajan al final, ¿por qué iba a desencajarlas yo?" El filósofo presentó en la sede madrileña del Círculo de Lectores esa suerte de mapa, y a la vez territorio, de su filosofía. Entre el público estaba el traductor Eustaquio Barjau, que, recordó Trías, un día le dijo: "Deja que el sistema se vaya haciendo solo". Y ahí delante está el sistema: en 2.800 páginas impresas en papel Biblia.

El filósofo catalán, catedrático en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, reivindica, -"más allá de la invención de conceptos"-, el carácter creativo del pensamiento: "Siempre digo que la mía es una escritura filosófica con antenas poéticas". De ahí el título -Creaciones filosóficas- de la nueva recopilación, cosida a base de rescatar unas veces libros completos y otras, sus capítulos más significativos.

El pensador habla del nuevo orden de su obra como de una reordenación urbana -"será que mi mujer es arquitecta y que di clase muchos años en la escuela de Arquitectura"- de "los barrios de la ciudad del límite. O de la ciudad fronteriza". Si el primer volumen recoge su producción dedicada a la ética y la estética -con títulos como El artista en la ciudad, Lo bello y lo siniestro y ensayos dedicados a Goya, Goethe o Thomas Mann- el segundo se centra en la filosofía y la religión -presente en La razón fronteriza o La edad del espíritu-.

Cuenta Trías que cuando él empezó a preocuparse por la religión en los años noventa del siglo pasado buena parte de sus colegas lo miraban como a un marciano. "Vi que había un punto de inflexión con la revolución islámica y el auge de los integrismos. Lo que a mí me interesa es conciliar un agnosticismo responsable y una confesionalidad en la que el sujeto pueda responder", dice. "Lo peor de las religiones es su conexión con ciertas formas obscenas de política. Y que prevalezca lo literal. Ya en el siglo XIV se había separado lo que el Corán tiene de legislación o de reelaboración en términos simbólicos. Lo terrible es que, tras un periodo de crítica y escepticismo, se vuelva a la lectura literal".

Como religión y filosofía son dos disciplinas que llevan siglos peleándose con la verdad Trías reconoce que para él ésta es también "una aspiración". "La audacia del pensamiento consiste en encontrar alguna respuesta respecto al reto de la verdad, pero asumida de forma crítica, no dogmática. Hemos padecido una razón ensoberbecida incapaz de reconocer sus propios límites".

En su opinión, la lucha es ahora para que la sociedad no sea sólo la del conocimiento sino también la del pensamiento. Y sus preguntas siguen en pie: ¿qué podemos conocer?, ¿qué debemos hacer?, ¿qué somos? "La filosofía pone de los nervios porque no es resolutiva".

Después de El canto de las sirenas (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, 2007), Eugenio Trías sigue transitando por el camino de la música. Tiene incluso un título provisional para su próximo libro, La imaginación sonora. Pero, reconoce, tiene también un problema de salud: "Me estoy quedando sordo".

Articulo:
http://www.elpais.com 22/12/2009

Fernando NAVARRO/ Muere Vic CHESNUTT, un lamento hermoso de folk


Muere Vic Chesnutt, un lamento hermoso de folk
por Fernando NAVARRO

NOTA 2: En la medianoche (hora española) entre ayer viernes 25 de diciembre y hoy sábado 26 de diciembre se ha confirmado oficialmente la muerte de Vic Chesnutt. La discográfica había desmentido la noticia de su muerte después de que varios medios norteamericanos la confirmaran extraoficialmente a través del entorno del músico. Las noticias de la discográfica y el entorno se contradecían. Sin embargo, horas después del primer comunicado de la discográfica, ésta sacó un segundo comunicado confirmando la muerte de Chesnutt. Una pena. Una pérdida irreparable. La Ruta Norteamericana se suma al dolor de tantos fans de un músico genial. Chesnutt, como cantabas en tu último disco: "
When you touched a friend of mine I thought I would lose my mind / But I found out with time that really, I was not ready, no no, cold death / Oh death, I’m really not ready."

NOTA: A las 14.58 hora española, se informaba en este blog de la muerte de Vic Chesnutt después de que varios medios estodunidenses anunciasen el fallecimiento, citando fuentes cercanas al músico. A las 20.18 horas, lo que se sabe oficialmente es que el músico permanece muy grave en estado de coma. Algunos de los medios que informaron de su muerte han rectificado su contenido. El siguiente texto que se reproduce en este blog es el que se publicó a las 14.58 horas cuando los medios daban cuenta de la muerte de Vic. Lamento profundamente la confusión y, por supuesto, el error.

***
Según he podido leer en la
revista digital SonicWave, el magnífico músico estadounidense Vic Chesnutt, de 45 años, ha muerto esta mañana, hora española. La noticia de su muerte ha sido confirmada extraoficialmente por diversos medios como Spinner y el periódico San Francisco Examiner. Hasta hoy se sabía, según informó el diarioThe New York Times, que Chesnutt estaba en coma después de intentar suicidarse, citando fuentes cercanas al músico. De la noticia del estado de coma del cantante se hicieron eco muchos blogs y medios digitales tanto españoles como norteamericanos.

De confirmarse oficialmente el fallecimiento de Chesnutt, que iba en silla de ruedas a causa de una parálisis en las piernas, sólo puedo decir que es una gran pérdida para la música norteamericana. El músico de Athens, Georgia, era uno de los cantautores más interesantes de los últimos veinte años. Michael Stipe, cantante de REM, produjo sus primeros discos y se había ganado la admiración de varios compañeros de profesión. Además, el cantante de Athens colaboró con gente de la talla de Cowboy Junkies, M. Ward o Lampchop.

Sin ser un tipo muy comercial ni generar un amplio interés mediático en nuestro país, Chesnutt era una figura muy a tener en cuenta para los amantes del rock. En su silla de ruedas, su estilo inconfundible como vocalista, sus canciones radian una melancolía que te nublan como una pura bendición. Hermosura sutil. Ahora que se hacen tantas listas por la década, su disco, At the cut (2008), está considerado por muchos como uno de los mejores y más bellos de los últimos diez años. A mí me ha llenado el alma en repetidas ocasiones.

Era un representante de trabajos de folk ambiciosos, que podían agarrarse a la fiereza rock, repletos de ecos de distorsiones y melodías, y hermosos por su sencillez aparente. Chesnutt era un tipo a reivindicar. En esta época invernal, con la noticia de su muerte, su folk-rock, su frágil y deliciosa visión de esto que es la música, la expresión del espíritu humano a través de sonidos, adquiere una categoría etérea, irreal. Sí, un lamento precioso.

Articulo:
http://www.elpais.com 22/12/2009

- Supernatural
http://www.youtube.com/watch?v=L0qGpzoYj04

- Everything I say
http://www.youtube.com/watch?v=5rPyQFmGmb4

- Cobbham blues
http://www.youtube.com/watch?v=VcgP3qBv6yY&feature=related

- Yesterday, Tomorrow and Today
http://www.youtube.com/watch?v=VcgP3qBv6yY&feature=related

Elisa SILIÓ/Entrevista Patrick ROTHFUSS


ENTREVISTA:
"Entiendo el ansia de los fans. Yo era así"
Por Elisa SILIÓ

Con El nombre del viento, el estadounidense ha realizado uno de los debuts literarios más exitosos de los últimos años. Es el comienzo de una trilogía fantástica que tardó siete años en escribir y siete en publicar. Desde su refugio en Wisconsin desanda su travesía

Hay días de invierno en Stevens Point, una localidad dispersa de 25.000 habitantes en medio de la nada de Wisconsin (Estados Unidos), en los que respirar hace daño y uno puede morir si deambula por la calle más de un minuto sin abrigo. Entonces los termómetros se resquebrajan a unos 30 grados bajo cero y la nieve alcanza un metro y medio. A Patrick Rothfuss, elevado hoy por críticos al Olimpo de la literatura fantástica, le hubiese gustado que esta entrevista se celebrase en estas condiciones extremas, pero la temperatura ronda esa jornada de diciembre unos moderados menos siete grados. Él, de 36 años, tuvo la "inmensa fortuna", dice, de criarse en Madison (Wisconsin), donde los largos inviernos y la ausencia de televisión por cable forjaron su afición por leer y escribir. Sin el frío y el apoyo materno, asegura, no habría hoy miles de seguidores ansiosos por comprar El temor de un hombre sabio, segunda entrega de su trilogía Crónica del asesino de reyes. La abrió en 2007 en Estados Unidos con El nombre del viento y de esta ópera prima, traducida a treinta idiomas, Plaza & Janés ha vendido en España 90.000 ejemplares sin apenas promoción y fue en agosto libro de la semana de Babelia.

"Mi editora, Betsy Wolheim, me dijo: 'El éxito es lo peor que le puede pasar a un escritor con su primera novela. Se paraliza. Me maravilla que sigas escribiendo", recuerda delante de una sopa de miso. Para el común es hora del desayuno, para Rothfuss, animal nocturno, el final del día. "Piensas: ¿después de esto, cómo voy a hacerlo otra vez? El problema es que toda mi vida ha cambiado y es difícil controlar las emociones. Mi madre murió dos semanas antes de que saliese el libro, que para ella era como su nieto; he tenido un hijo...". Amparado por el inesperado colchón económico, Rothfuss disfruta este curso de una excedencia como profesor de literatura y lengua inglesa en la Universidad de Stevens Point; ha pasado de trampear para llegar a fin de mes a comprarse una casa y tener otra para escribir; ha contratado a una asistente que le ayuda a digerir la fama y ha visitado Europa.

Amazon.com seleccionó su obra entre las diez joyas ocultas de 2007 y obtuvo el Premio Quill a mejor libro fantástico. Una magnífica recompensa para tantísimos años de trabajo: siete dedicados a la escritura y otros siete a la búsqueda de agente y editor -llegó a enseñar el texto a 200 personas- y a la revisión del arranque. Confiesa que se emborrachó de euforia y estuvo semanas encerrado en casa contestando correos de fans. Hasta que dijo basta. Tenía que replantearse su vida, tener vida social y reescribir la continuación. Amazon ha anunciado ya seis fechas de publicación y él se desquicia. "Da igual que lo niegue en mi blog, la gente prefiere creerles a ellos. Entiendo a los fans, yo era así. Prometí concluirlo en un año y no cumplí. No voy a hablar de plazos. Saldrá cuando sea bueno. Creo que va a tener el doble de calidad que el primero". Rothfuss cambió parte de la primera entrega y su final ya no casa con la segunda, que superará las mil páginas. De ahí el nuevo engranaje para un tomo con sexo y más violencia.

El nombre cuenta la historia de una venganza. La del arcano Kvothe que pierde a sus padres, cómicos ambulantes, a manos de los chandrianes, seres salidos de una canción popular para matar al cantante y al público que escuchaba. Un drama trufado con humor. "Cuando todo es tragedia, opresivo, necesitas unas risas para relajarte y seguir con el melodrama", sostiene. "Esa una de mis preocupaciones en las traducciones. ¡El humor es tan cultural! Para unos países las flatulencias son divertidas y para otros no", razona. "Me asombra que otros autores no hablen con sus traductores. Es fundamental en un libro como el mío con tantos juegos de palabras y bromas. He escrito un documento en las que está todo lo que tienen que saber y ellos me plantean sus dudas. ¡Gemma (Rovira, la traductora al español) me ha mandado 100! Estoy feliz".

Rothfuss parece arrancado de su novela de corte medieval con su guardapolvos de cuero negro, rematado con una capa corta, y una descuidada barba. Un personaje más de su cosmos gélido, siniestro y cruel, que uno no imagina se pueda construir viviendo en la cálida Florida. "No me había parado a pensarlo, pero sí, los paisajes en la novela están ligados a Wisconsin. Hay muchos árboles, como los que cubren el 40% del Estado, y su invierno es casi tan malo como el de aquí".

Su universo es anónimo y eso que quiso bautizarlo. "Si mi hijo, que es lo más importante de mi vida, ha estado un mes sin nombre, ¿cómo iba a ponérselo a mi mundo?", se pregunta el padre primerizo. "Quiero que la gente piense: es un mundo real en el que nunca he estado antes. No como en esos libros en los que te sientes como en el plató de una película, donde si doblas la esquina ves que el edificio es de cartón piedra", prosigue contando en una sala de la universidad, tomada por un rastrillo benéfico navideño y hogareñas chimeneas en las que se arremolinan los estudiantes. Algunos le saludan por los pasillos. Es la celebridad local. "Yo me tomo muy en serio las clases, pero en el aula soy muy informal. Juramento mucho, la verdad es que no tengo muy buen comportamiento". Se troncha.

Su fijación es recrear un mundo personal de estar por casa, sin descripciones enciclopédicas, pero sí cuidando hasta el mínimo detalle de la narración. Un escenario muy distinto del épico y legendario de El señor de los anillos, en la que ni remotamente alguien pagaría por tomarse una cerveza. En El nombre no hay hadas, elfos o enanos, sino escrales (arañas "con patas tan cortantes como cuchillas de afeitar"), un draccus de dientes planos adicto a la resina o los temidos chandrianes, que nadie sabe si son hombres q ue vendieron su alma o demonios. Su cosmos lo pueblan personas de carne y hueso que mercadean, votan a un partido y se comunican en distintos dialectos. "Si no hay nada razonable en tu mundo fantástico, entonces no tiene sentido lo que cuentas. Por eso en el libro se cuestionan los beneficios de asistir a la universidad, o se plantea el machismo y el clasismo. La gente es racista, mala. Eso es real, no lo que cuentan las novelas perfectas".

La música es un personaje más de la trilogía, pero él no se considera un melómano. "Quizá eso sea bueno. Sé que no es muy popular decir esto, pero si se escribe sobre lo que sabe mucho el resultado no es emocionante". Y eso que su hambre de saber le convirtió en el eterno estudiante. Durante nueve años picoteó en Stevens Point, donde hoy da clases, conocimientos de ingeniería química, filosofía, psicología, literatura, antropología... "Una vez me dijeron: 'Tienes que estar en la universidad hasta que te des cuenta de que todas las materias son lo mismo". Lo cumplió a rajatabla y se ha servido de lo aprendido para narrar el paso de Kvothe por la universidad para graduarse en magia. "Tengo un tesoro de pequeños saberes, suficientes para poder contar y no aburrir. Quiero que el lector piense: si supiera un poco más sería capaz de hacer el encantamiento".

Antes de que se publicase El nombre, Rothfuss recibió ofertas de cine. "A los grandes estudios les encanta hacer películas fantásticas, pero luego no se quieren gastar 100 millones de dólares. Estoy encantado de que no se haya hecho. Esta novela es mi bebé, he trabajado en ella tantísimo tiempo que me gustaría que se apropiase de la historia alguien con mucha sensibilidad. Es fácil rodar escenas épicas de batallas, pero aquí no las hay. Es una historia dramática y personal".

Al fin Rothfuss ha encontrado la paz necesaria para escribir en un viejísimo caserón de madera verde sin Internet. Ni un ruido en la noche, su jornada de trabajo. Tan sólo el repiqueteo de su antiguo teclado de ordenador. Le agrada tanto que, en previsión, hereda y compra todos los que puede. Abrumado por las obligaciones sobrevenidas con el éxito, el pasado verano se decidió a contratar un asistente y así lo anunció en su página de Facebook. Valery, una veinteañera de Montana licenciada en folclore y devota de la literatura fantástica, no lo dudó y cruzó medio Estados Unidos en su coche para instalarse al calor de uno de sus autores favoritos. La estafeta de Correos es su segunda oficina. Los seguidores envían libros y él los firma a cambio del importe del envío y un regalo: chicles de café, un pequeño ataúd o un mapa de Canadá decimonónico, por ejemplo. Además, otros autores le regalan libros dedicados que él vende para donar el dinero a una ONG. Los 25.000 euros recaudados en 18 días dan idea de su tirón.

En junio publicará un cuento The Adventures of the Princess and Mr. Whiffle junto al ilustrador Nathan Taylor. Y le tienta convertir El nombre en un cómic. "Escribo seis horas diarias de la trilogía y necesito hacer otras cosas para mi salud emocional".

Dos días después de este encuentro se declaró el estado de emergencia por nieve en Stevens Point y Rothfuss volvió a sentirse afortunado.

El nombre del viento. Patrick Rothfuss. Traducción de Gemma Rovira. Plaza & Janés. 872 páginas. 22,90 euros.
www.patrickrothfuss.com/www.lasombradelviento.com

Articulo:
http://www.elpais.com 22/12/2009

Santiago RONCAGLIOLO/ Juan Carlos ONETTI: el último mohicano


CRÓNICAS DE AMÉRICA LATINA
El último mohicano
Por Santiago RONCAGLIOLO

Juan Carlos Onetti (Montevideo, 1909 - Madrid, 1994) vivía en la cama y desdeñaba la política, el éxito, todo lo que apestase a figuración pública. Fue el escritor menos conocido del boom latinoamericano. Pero, de manera involuntaria, se ha convertido en el autor más actual de aquellos narradores.

Conocí la obra de Juan Carlos Onetti a comienzos de la década de los noventa, atraído por las leyendas que circulaban sobre ese autor. Mis compañeros de la facultad de literatura contaban que Onetti era un ermitaño, que se negaba a dar conferencias, y que vivía tirado en una cama con una botella de whisky.

El perfil del personaje resultaba exótico en cualquier caso, pero era especialmente inesperado en un escritor del boom latinoamericano. La mayoría de sus colegas vivían en olor de multitud, actuando en ocasiones más como políticos que como artistas. Mario Vargas Llosa había postulado a la presidencia del Perú. Gabriel García Márquez se había reunido con Fidel Castro y con Bill Clinton. Cortázar había defendido la revolución nicaragüense. Carlos Fuentes era México. Y en cambio Onetti, el mayor de todos, vivía metido en una cama aferrado a una botella de whisky.

Después averigüé que Onetti sí había sufrido una persecución política, pero gris, absurda y casi cómica: lo habían detenido por formar parte del jurado en un concurso de cuentos.

El cuento ganador se regodeaba en escenas sexuales que resultaron ser una referencia apenas velada a la homosexualidad de un miembro de la junta militar en el gobierno. En castigo, el autor del cuento y los miembros del jurado fueron detenidos por ofensas contra la dignidad de las fuerzas armadas. Durante los interrogatorios, un oficial inquisidor le preguntó a Onetti:

-¿Y usted qué tendencia política tiene?
-Ninguna, respondió el narrador.
-¿Pero por quién votó?
-Por nadie.
-¿Pero por quién habría votado?
-Nunca he votado.
-¡Ah! ¡Un anarquista!

Más aburrido que asustado, Onetti respondió:

-Y... Ponele anarquista si querés. ¿Puedo fumar?

Semanas después -siempre según las leyendas-, el escritor tuvo que ser evacuado a un hospital psiquiátrico debido al síndrome de abstinencia que le produjeron la falta de alcohol y tranquilizantes. Ahí terminó su gesta más heroica.

Recientemente, revisé la obra de Onetti para un encuentro sobre su obra organizado por la Casa de América, la Secretaría General Iberoamericana y la Fundación San Benito de Alcántara. Mientras leía, comprendí que el episodio de esa detención habría podido ocurrirle a cualquiera de sus personajes: quizá a Juntacadáveres, cuyo sueño dorado era regentar un prostíbulo de medio pelo. O a los protagonistas de El Astillero, que fingen mantener vivo su negocio mientras venden la maquinaria como chatarra. Incluso a los de Tierra de Nadie, que fantasean con huir a una isla que ni siquiera existe. Ninguno de ellos se enfrenta a grandes peripecias épicas, como los personajes de La guerra del fin del mundo. Ninguno es importante para la historia latinoamericana como El general en su laberinto. Sólo son gente ruin enfrentada a la mediocridad de la vida, como la mayoría de nosotros. Las novelas de Onetti serían graciosas si no exhalasen del deprimente humor de la mediocridad.

A eso se debe que Onetti sea el menos conocido de los narradores del boom. Este último mohicano del existencialismo no sólo desdeñaba la política, también le asqueaban el éxito, la fama o el glamour y sentía una genuina repugnancia por todo lo que apestase a figuración pública. En consecuencia, no se enfrentaba a diabólicos dictadores ni a intrépidos guerrilleros. Tal vez porque habitaba en Uruguay -uno de los países más prósperos, pacíficos e igualitarios de la región- sabía que en una democracia ejemplar también se puede ser infeliz.

Pero también por eso, y de manera involuntaria, Onetti se ha convertido en el autor más actual del boom. Hasta los años ochenta, durante el auge de la Revolución Cubana, la utopía real-maravillosa capitaneado por Gabriel García Márquez pasó como una apisonadora sobre las novelas latinoamericanas, llenándolas de mujeres con rabos de cerdo que salían volando por las ventanas. Tras la caída del muro de Berlín, el realismo urbano y frecuentemente violento de la literatura latinoamericana estaba teñido de Mario Vargas Llosa, cuyos personajes defienden su libertad ante los tiranos.

Pero veinte años después, ni un extremo ni otro del espectro ideológico producen grandes pasiones. La Revolución Cubana no ha mejorado la vida de la gente, y tras dos décadas sin dictadores en el resto de la región, la cantidad de pobres es la misma que antes. Los latinoamericanos votan democráticamente por gobernantes autoritarios -Chávez, Uribe, el PRI-. Y el fenómeno no es exclusivo de América Latina. A lo largo de la última década, en nombre de la democracia se invaden países como Irak y se toleran dictaduras como las de Libia, Egipto y Kazajistán.

Esa atmósfera de desencanto se ha reflejado en la literatura latinoamericana y europea. Dos de sus autores más destacados de los últimos años, Bolaño y Houellebecq, pertenecen a la generación que vio caer los grandes sueños de Allende y Mayo del 68, y su amargura recuerda a Onetti. Los poetas asesinos del chileno y los funcionarios onanistas del francés, los exiliados suicidas del primero y los turistas sexuales del segundo, podrían aparecer en cualquier novela de un novelista uruguayo que murió sin conocerlos.

Onetti no parece haber influido en estos autores. No es él quien logró que su obra perdurase a través del tiempo. Por el contrario, es el tiempo el que se convirtió en lo que sus novelas narraban. A lo largo del siglo XX, el planeta se dividía en dos grandes verdades. En el siglo XXI sabemos, como sabía Onetti desde antes, que las dos eran mentira.

Sin duda, es admirable ser a la vez el miembro más antiguo y más moderno del club más selecto de la novela latinoamericana. Pero sobre todo, es notable haberlo hecho desde una cama, con la única arma de una botella de whisky.

Santiago Roncagliolo (Lima, 1975) ha publicado recientemente la novela Memorias de una dama (Alfaguara, 2009. 336 páginas. 19,50 euros).

Articulo:
http://www.elpais.com 22/12/2009

Manuel VICENT/ Todas las lágrimas de Dora MAAR


MITOLOGÍAS
Todas las lágrimas de Dora Maar
Por Manuel VICENT

Pintora, fotógrafa, poeta, la amante de Picasso prestó sus ojos a su cuadro más famoso, el Guernica

En el cuadro del Guernica aparecen cuatro mujeres entre los escombros del bombardeo, todas con la boca abierta por un grito de terror, las cuatro mujeres son la misma, Dora Maar, la amante de Picasso en aquel tiempo. Hay un detalle añadido: los ojos del toro erguido en el ángulo izquierdo también son los de Dora Maar, que en la realidad eran de un azul pálido y algún psicoanalista lacaniano sabrá explicar el significado de un toro con ojos de mujer, que a su vez son idénticos a los del guerrero, cuyo cuerpo se halla destrozado en la base del cuadro.

Picasso conoció a Dora Maar a principios de 1936. Su encuentro se ha convertido ya en una fábula excelsa de sadomasoquismo. Estaba el pintor una noche en el café Deux Magots de París con el poeta Paul Éluard y vio que en la mesa vecina una joven parecía entretenerse dejando caer la punta de una navaja entre los dedos separados de su mano enguantada, abierta sobre el mármol del velador. No siempre acertaba, puesto que el guante estaba manchado de sangre. El pintor se dirigió a ella en francés y la joven le contestó en un español gutural, la voz un poco ronca, temblorosa, con acento argentino. Después de una excitada conversación el pintor le pidió la prenda ensangrentada como recuerdo y ella le dio a Picasso no sólo el guante sino la mano y el resto del cuerpo, sin excluir su alma atormentada, no en ese momento, puesto que Picasso, presintiendo la tempestad amorosa que se avecinaba, echó tierra por medio y se fue a la Costa Azul, pero allí en casa de unos amigos comunes se volvió a encontrar con la mujer ese verano y ya no tuvo escapatoria. Bajo el esplendor mórbido del sol de Mougins, filtrado por los sombrajos de cañizo, sus cuerpos comenzaron a cabalgar en busca de la violenta alma contraria.

Dora Maar no era una neófita en esta batalla con los hombres. Venía de los brazos de Georges Bataille, rey de la transgresión erótica, con quien había experimentado todos los sortilegios de la carne. Según su teoría los burdeles deberían ser las verdaderas iglesias de París. Bataille, junto con Breton, lideraba el grupo surrealista de izquierdas Contre-Attaque, que se reunía en un ático muy amplio de la Rue des Grands Agustins, 7, y se había hecho famoso por el libro Historia de un ojo, una mezcla de pornografía y lirismo con aditivos de violencia, autodestrucción y ceguera: el ojo -huevo que se introduce en la vagina-. En ese mundo se movía Dora Maar, exótica, bella y radical, siempre coronada con sombreros extravagantes.

Dora Maar era pintora, fotógrafa y poeta, hija de madre francesa y de un arquitecto croata, instalado en París, que encontró trabajo durante algunos años en Argentina. Con ella atravesó Picasso los años de la Guerra Civil española y la ocupación nazi de París, desde 1936 a 1943, un tiempo en que el pintor vivía en medio de un vaivén de mujeres superpuestas. Su esposa Olga había sido suplantada por la dulce y paciente Marie Thérèse Walter, de la que le había nacido su hija Maya, y ese oleaje le había traído, como el madero de un naufragio, a Dora Maar, que tuvo que desplegar todas las artes para agarrar y no soltar los testículos de aquel toro español del Guernica, que según algunos críticos es el autorretrato del pintor.

A inicios del año 1937 el Gobierno de la República española le encargó un mural a Picasso para la Exposición Internacional de París, que iba a inaugurarse en el mes de mayo. El contrato lo formalizó el cartelista Josep Renau, director general de Bellas Artes, en un bistró de la Rue de Bôetie, sobre una servilleta de papel y después se fue a jugar al futbolín con Tristán Tzara. La tragedia española estaba en su apogeo. Picasso sólo quiso cobrar los materiales, el lienzo y las pinturas, que, por cierto, fueron de una evidente mala calidad, como demuestra el deterioro en que se encuentra la obra. Dora Maar conocía el ático de la Rue des Grans Agustins, donde había celebrado diversas ceremonias demoniaco-surrealistas. Se lo mostró a Picasso para que lo alquilara. El local era famoso porque Balzac había situado allí la novela La Obra Maestra Desconocida, que trata de la obsesión de un pintor por representar lo absoluto en un cuadro. Dora Maar pensó que en el local había espacio suficiente para trabajar en un cuadro de gran tamaño. Y en ese ático comenzó Picasso una doble lucha. Durante los primeros meses no se le ocurría nada. Comenzó a realizar bocetos en torno a una especie de tauromaquia en medio de la convulsión de los desastres de una guerra, mientras Dora Maar iba levantando acta con la cámara de los esfuerzos y arrepentimientos del artista. En unos bocetos el caballo relinchaba abajo, en otros el toro mugía de otro lado. Dora Maar era a la vez testigo y protagonista, puesto que su rostro de frente ovalada y grandes ojos como lágrimas se repetía en todos los intentos en distintas figuras femeninas. Picasso incluso dejó que su amante pintara algunas rayas.

Mientras el Guernica tomaba la forma definitiva, alrededor del lienzo se había establecido otra suerte de bombardeo, que causó una catástrofe amorosa. En el ático entró un día la dulce y paciente Marie Thérèse Walter y se enzarzó a gritos con Dora Maar. Con insultos que se oían desde la calle, le echó en cara el haberle robado a su amante, al que ella había dado una hija. A esta escena violenta de celos se unió Olga, la compañera legal, y mientras las tres mujeres gritaban, Picasso seguía alegremente pintando el Guernica, muy divertido. Esta reyerta explosiva se hizo famosa en el Barrio Latino. El día 26 de abril de 1937, cuando el cuadro ya estaba casi terminado, sucedió el espantoso bombardeo de Guernica por la Legión Cóndor. En homenaje a esa villa bilbaína, donde se conservaban los símbolos de un pueblo vasco, Picasso tituló el cuadro con su nombre. A partir de ese momento el Guernica se convirtió en un cartel universal contra la barbarie.

La batalla la había ganado Dora Maar. Ese mismo verano de 1937 se les ve muy felices en las playas de Antibes en compañía de otros seres maravillosos, desnudos en sillones y hamacas, Nush y su marido Éluard, Man Ray y su novia Ady, bailarina de Martinica, Lee Miller y Rolland Penrose, Jacqueline Lamba y André Bréton. Jugaban a intercambiarse los nombres y las parejas a la hora de la siesta y el más vanguardista en el sexo también era Picasso, que, según contaba Marie Térèse, solía practicar la coprofagia con sumo arte.

Picasso ejerció sobre Dora Maar otra suerte de sortilegio a la manera de su antiguo amante Georges Bataille. La convirtió en La Mujer Que Llora: así aparece, erizada por el llanto en casi todos los cuadros en que ella le sirvió de modelo. Hasta su separación sumamente traumática Dora Maar fue la Dolorosa traspasada por siete navajas, que eran todas la misma que ella usaba el día en que se conocieron en el café Deux Magots, un símbolo del dolor de la guerra y del placer de la carne.

"Después de Picasso, sólo Dios", exclamó Dora Maar ante Lacan, el psicoanalista que la ayudó soportar el abandono del pintor. La mujer entró en una fase mística, se retiró del mundo, se encerró en su apartamento de París y sobrevivió un cuarto de siglo al propio artista. Murió en 1997, a los 90 años. En el Guernica sus ojos en forma de lágrimas se repiten en el toro, en el guerrero, en la madre que grita de terror con un niño muerto en los brazos, en la mujer que huye desnuda bajo las bombas, tal vez, desde un lavabo con un papel en la mano y en la que saca una lámpara por la ventana e ilumina todas las tragedias de la historia.

Articulo:
http://www.elpais.com 22/12/2009

Antonio DIAZ OLIVA/Historia de amor con traje de astronauta


Literatura / Entrevista
Historia de amor con traje de astronauta
Por Antonio Díaz Oliva

Rodrigo Fresán habla de su nuevo trabajo, El fondo del cielo, al que define como "un libro bastante extraterrestre"

Rodrigo Fresán no recuerda en qué año fue ni dónde. "Lo mío no son, las fechas", comenta desde la capital catalana donde lleva ya diez años asentado. Lo que sí recuerda es que le escuchó a Jonathan Lethem una anécdota sobre Ron L. Hubbard: el momento en que Hubbard, escritor de ciencia ficción de dudosa calidad y menospreciado por sus colegas, amenazaba, a modo de venganza, con fundar una religión y erigirse como un dios moderno. Ese momento, que con los años se ha mitificado, se considera un punto de partida para la creación de la cienciología (que hoy se conoce como la religión de los famosos).

Ese momento es uno de los tantos que aparecen en El fondo del cielo (Mondadori), la nueva novela de Fresán después de Jardines de Kensington (2003). Una historia en la que conocemos a Isaac Goldman y Ezra Leventhal, primos y fanáticos de la ciencia ficción, quienes deciden crear su propio club y quedan marcados por una chica que se hace presente una única y mágica vez en sus vidas. La historia, también, en que aparece Jeff, amigo de los pequeños Isaac y Ezra, a quien se le ocurre la idea de fundar un movimiento religioso. Eso más las típicas digresiones de Fresán, que nos llevan por la caída de las Torres Gemelas, la invasión de Irak, apariciones encubiertas de Philip K. Dick y Kurt Vonnegut, y otros destellos de ciencia ficción. Aunque, como el escritor advierte, El fondo del cielo no es una novela "de" ciencia ficción, sino una "con" ciencia ficción.

-¿Qué diferencia a ambas?
-La diferencia pasa por el trabajo que me interesa hacer con los géneros. No me interesa que el género marche delante de todo, sino que funcione como una atmósfera o un perfume. De hecho, es una novela de ciencia ficción más preocupada por el pasado que por el futuro.

-La historia es bastante nostálgica.
-Sí. No me interesa la ciencia ficción tecnológica y menos la anticipatoria. Uno de los héroes de El fondo del cielo es Adolfo Bioy Casares en La invención de Morel (otra historia de amor con reflejos de science fiction) y El sueño de los héroes (y ese intento de recuperar un momento perdido en el tiempo). Enorme escritor que, siempre, pero sobre todo en los últimos tiempos, es criticado y considerado una especie de idiota savant burgués por parte de la intelligentzia de mi país. Otro de esos grandes -pero tan pequeños- misterios argentinos, supongo.

-Isaac Goldman comenta la falta de amor en la ciencia ficción. ¿Fue ésta primero una historia de amor a la cual se le agregaron elementos de literatura fantástica o al revés?
-La primera idea era escribir una novela de amor de alcances cósmicos. Enseguida se anexó el desafío de invocar cierto espíritu sci-fi . Poner en práctica la teoría de que no hay nada más extraterrestre que la invasión del amor y que, cuando uno está enamorado, también está perdido en el espacio. Ésta es una historia de amor con traje de astronauta.

-En la novela el amor funciona como un parche para los personajes...
-Sí, pero en El fondo del cielo el amor es más que un parche: es el punto de fuga hacia el reencuentro final y la versión definitiva de todas las cosas. El amor funciona como posibilidad postrera de final feliz para personajes tan infelices. Y, de acuerdo, Ezra e Isaac aman a una mujer, se aman entre ellos y aman a un género. Pero lo que se impone es ese gran amor que trasciende a ellos y que, como escribió Dante, "mueve el sol y las estrellas".

-¿Qué descubriste sobre Ron L. Hubbard al ahondar en su biografía?
-A diferencia de lo que hice con James Matthew Barrie, el creador de Peter Pan, en Jardines de Kensington , donde los aspectos biográficos imponían la investigación de detalles a fondo, en El fondo del cielo las partes en plan true-story no lo son tanto. La realidad funciona en la novela como un ligero telón de fondo o velo casi transparente. Así, Ron L. Hubbard, que en parte inspira a la persona de Jeff, es apenas un punto de partida por el cual comenzar orientándose para, enseguida, ir a cualquier otra parte. Y lo que descubrí en su biografía es lo mismo que uno descubre leyendo la Biblia o Las mil y una noches o Mein Kampf : la desesperada necesidad del ser humano de creer en algo o en alguien y sentirse parte de eso.

-¿Por qué la elección de Nueva York como escenario?
-El ambiente judeo- sci-fi que se evoca en la primera parte del libro sólo se dio en Nueva York. Igualmente lo del 11 de septiembre de 2001. Siempre es un placer viajar a Nueva York. Más allá de los lugares de la Tierra donde transcurre, El fondo del cielo es un libro bastante extraterrestre. En ese sentido, también, me considero un escritor cada vez más solitario en lo mío y tan feliz de que así sea.

-¿Qué efecto tuvo la muerte de J. G. Ballard y de Kurt Vonnegut en esta novela? Ambos escritores, con sus matices, encajan dentro de esa etiqueta de escribir "con" ciencia ficción...
-Y el suicidio de David Foster Wallace entre uno y otro. Sí, siempre fueron tres modelos muy presentes. El modo en que piensan el futuro y los muchos otros planetas. La idea de que, al final, no hay nada más alien que los seres humanos. Y de que nos vamos transformando en nuestros propios extraterrestres.

-¿Cómo es eso?
-Hoy viajamos al interior del ADN como alguna vez viajamos a la Vía Láctea. No sé si es un buen cambio porque qué sentido tendrá vivir más tiempo si, por el camino, nos lo pasamos restándole años de vida a nuestro planeta. De seguir así, nos convertiremos en inmortales sin Olimpo, en viajeros sin destino.

-Recientemente se reeditó Historia argentina, libro que cumple 18 años. ¿Cómo lo ves al lado de tus otros libros iniciáticos, Vidas de santos y Trabajos manuales?
-Los veo con afecto y agradecimiento. Historia argentina es mi big bang y fue un parto-debut más que feliz. Vidas de santos fue un libro que desconcertó bastante a muchos e incluso a mí; pero con los años me parece que va envejeciendo bien y hasta mejorando a partir de los reflejos que proyecta sobre cosas que escribí después. Es el libro favorito de mis lectores más freaks , creo. Y Trabajos manuales va en camino de convertirse en mi "eslabón perdido" y está bien que así sea.

-Luego de seis años sin publicar, ¿cómo se siente ponerse el traje espacial de la ficción una vez más?
-Fueron seis años de no publicar pero de constante escribir. Antes de comenzar El fondo del cielo ya tenía otra novela terminada, que seguirá inédita por un tiempo. No será mi próximo libro. Así que el traje no me lo quité nunca. Todo este tiempo he estado flotando.

© El Mercurio /GDA

Delia DOMINGUEZ/Herradura de volcanes para Gonzalo ROJAS


Herradura de volcanes para Gonzalo Rojas
Por Delia Domínguez
.
Reconocido este viernes con la Orden al Mérito Gabriela Mistral en el Grado máximo de Gran Oficial, el autor de Al silencio, Qué se ama cuando se ama y Qedeshím Qedeshóth celebra hoy sus "primeros 93" años.

La geografía aquí se pone insolente y desordenada (paralelo 40 Sur, hasta que la muerte nos separe) como la visión de lo divino que no conoce límites, que empuja al cristiano fuera del margen establecido y lo hace andar al borde de la quebrazón de huesos o de la cerrazón de sesos como si nada, nada más que ahí, sujeto por la tira del ombligo a su razón de ser. Y esa razón de ser, Gonzalo Rojas, me remite a la milagrosa fidelidad de tu memoria cósmica que enciende lámparas en la noche mineral de Lebu con electricidad a carbón, con magnetos y pilas a carbón, como si la combustión que te agarró ese diciembre de 1917 fuera inapagable per saecula saeculorum .

Y como trajinamos entre cortes de lengua española, mapuche y alemana sancochadas en la hoya de los grandes lagos, resulta que, desembocamos en una identidad mestiza muy reforzada de cabeza para que "no se ofenda el cerebro de atrás con las agachadas del destino" -como dice la señora de Rupanco-. Entonces, yo aquí mirando el paisaje de frente que es la llanura de puros pastos, o mirando el paisaje de espaldas que es la llanura de puros pastos, pienso en tus primeros noventa y tres, como quien dice, en la primera nidada que repite la vida, en todas las edades empollando a partir del respiro nato, y eso es lo que pasa contigo, Rojas Gonzalo, con tu salto mortal cuando te largaste de cabeza desde el muelle de fierro al mar océano de Arauco: "Los poetas son niños en crecimiento tenaz", dijiste muy suelto de cuerpo, y sigues hilando estrofas que se van amontonando en tu registro biográfico tan difícil y fácil, tan subversivo, y errante de países escritos o callados.

Hoy, sin otra mira que acompañarte en el acorde que une el Antiguo Testamento con el Nuevo de sepa Dios qué cosas, cuando Chile re-conoce la gloria con que alzas el idioma, el endecasílabo desbordado por el linaje andino, sospecho que el mejor regalo de cumpleaños para alguien que escribe en el viento es una herradura de volcanes. Y como la tengo a una cuarta de mis ojos y de las caballerizas que conoces, con la "Ocurrencia" comiendo zanahorias, te la mando por mano, de persona a persona; o sea, con entregadura física y metafísica para que las bellezas telúricas se den por aludidas, se despeinen, y respondan con fuegos naturales (jamás artificiales) y se arme la zalagarda a la antigua con noches manuscritas a pluma y amores al relámpago, con miedo... el miedo es bueno de repente, afina el piano, prepara.

Y más aún, está parada en las faldas volcánicas amarrada con nudo ciego para vivir entre la coherencia y la incoherencia; es decir, en el limbo de la tembladera terrestre donde vienen a chocar los cuatro puntos cardinales, como si el país tuviera un imán -¿quién dice que no lo tiene?- correspondiente al hecho estético y poético de los nacidos y criados en la fenomenología de la interpretación de lo que no se sabe o se olfatea. Porque la herradura tiene una doble lectura: nunca se precisa si el humano amanece debajo o encima de la paciencia de Dios. Y esa es cuestión de fondo, de Aristotelia chilensis . De fe y fuerzas silvestres chupadas en la teta de estas cordilleras australes donde veo y creo sin ser Santo Tomás. Y porque veo y creo a ojos cerrados, te nombro los volcanes que ahora serán tuyos. Para no confundirnos y mirando de norte a sur: el Antillanca, Puntiagudo y Tronador, el Osorno y el Calbuco.

Y para que nadie ande perdido de brújula, de alturas, o de las propiedades curativas de la zona (aire transparente, oxígeno contra la tos de perro, asma y pulmonía), para que otro, ni siquiera Malcom Lowry se sienta el dueño de la fiesta con los mariachis de Tecatitlán y todo porque, con el permiso suyo, aquí también se dan mariachis bajo el volcán, por ejemplo los Charros de Lumaco, que están por pasar de casete a CD, para que nadie, insisto, venga a disputarte la vista limpia del paisaje con guitarras voladoras, con cruces rotas, o sea, con canto y llanto en la caja respiratoria; te escribo esta tarjeta casi oral, casi objetiva, para que veas que la poesía no ha jurado su santo nombre en vano.

En fin, tú que has restituido la hazaña de vivir una reniñez de noventa para arriba y para abajo, equilibrado entre lo existencial y lo fantasmal como todo creador que (no) sabe lo que hace, que has tenido visiones a lo Holderlin, a lo Rimbaud, a lo Vallejo y Octavio Paz, tu hermano "un fundador estricto", y más cerca aún, re-visiones a lo de Rokha, a lo Huidobro en carta pública.

Por eso, Gonzalo Rojas, es bueno saberse las naturalezas, las afinidades: ver debajo del agua como los salmones y los patos silvestres y, juntos, darle cuerda al reloj que mide lo que no se puede medir, salvo el ritmo endemoniado de la nuestra respiración, la resonancia acústica que rebota en los vidrios para sacar la cuenta, ¿qué cuenta?, la del tiempo justo. No otra.

Así es que no sumemos ni restemos, quedémonos aquí en la imantación del sur, en el enigma de la herradura que tiene ocho clavos porque, según las viejas sabidurías mesoamericanas, el ocho acostado representa el infinito.

Articulo:
http://diario.elmercurio.com 20/12/2009

Patricio TAPIA/ Negras letras impresas sobre la blanca Navidad


Espíritu Navideño Regalando cuentos y poemas:
Negras letras impresas sobre la blanca Navidad
Por Patricio Tapia
.
Siendo una festividad religiosa, la Navidad también tiene una dimensión de celebración secular. Uno y otro aspecto han traspasado la literatura universal y chilena.

Poco antes de la Navidad de 1843, Charles Dickens tenía apenas 31 años, pero estaba acosado por las deudas y su carrera literaria parecía declinar (tras sus primeros éxitos habían seguido varios intentos frustrados), de manera que decidió embarcarse en un libro que esperaba mantuviera a raya a sus acreedores. Lo escribió como en una fiebre: le tomó sólo seis semanas completarlo y como su editor lo rechazó, usó el poco dinero que tenía para publicarlo por su cuenta.

Así nació Cuento de Navidad , o más bien, Canción de Navidad (su título en inglés es A Christmas Carol y tiene la estructura de un villancico, lo que explica que tenga "estrofas" y no capítulos): la historia del amargado, egoísta, avaro y misántropo Ebenezer Scrooge, quien tras la visita de tres fantasmas navideños (de las Navidades pasadas, presentes y futuras) se convierte en un hombre generoso y amable.

El libro inmediatamente causó sensación y dio nueva vida -recuperando costumbres olvidadas e introduciendo algunas nuevas, como la centralidad del pavo- a una fiesta que había caído un poco en desgracia, minada tanto por el puritanismo (que la consideraba pagana) como por la fría modernidad de la Revolución Industrial. Más de siglo y medio después Canción de Navidad permanece como una de las escasas novelas que han infiltrado la cultura popular, haciendo reconocibles sus personajes y lenguaje incluso por aquellos que nunca la han leído. tanto Scrooge como sus fantasmas edificantes son identificados por todo el mundo.

Otras muestras

Los fantasmas de la Navidad han sobrevolado la literatura universal, antes y después de Dickens. Siendo probablemente la fiesta religiosa más importante y universal, la Navidad hunde sus raíces en una variedad de culturas, celebrando tanto el nacimiento de Jesús como ritualidades del mundo romano y más tarde con adiciones germánicas y celtas. Hay, por cierto, poesía religiosa sobre el nacimiento de Jesús, como la de San Juan de la Cruz o John Donne, con manifestaciones chilenas también, como Gabriela Mistral en su "Romance del establo de Belén" en que imaginó todo tipo de animales acompañando el nacimiento (bueyes, ovejas, cabritos, faisanes, mirlos, ocas): "Al llegar la medianoche/ y al romper en llanto el Niño,/ las cien bestias despertaron/ y el establo se hizo vivo.../ y se fueron acercando/ y alargaron hasta el Niño/ sus cien cuellos anhelantes,/ como un bosque estremecido" o las décimas "Por el Nacimiento", de Violeta Parra: "Adiós a nuestro dolor, válganos la penitencia,/ hagamos la reverencia en este humilde portal/ porque envuelto en un pañal, vino Dios a la existencia". Y, sin embrago, también poetas no creyentes han escrito sobre la festividad.

Siendo, como es, una fecha determinada, hay referencias literarias en que ella es un mero trasfondo (es Navidad en "Los muertos", de Joyce; es descrita en un capítulo de Los Buddenbrock , de Thomas Mann) o hay hechos que simplemente ocurren en Navidad (incluso asesinatos, como en "Markheim", de R. L. Stevenson o en La Navidad de Hercule Poirot , de Agatha Christie). En Chile han abundado los cuadros de costumbres (como hace Alberto Blest Gana o Moisés Vargas) o de crítica social (como hace Luis Orrego Luco o Enrique Lafourcade). En el recién aparecido segundo volumen de sus Crónicas reunidas (UDP, $24.900), Joaquín Edwards Bello dedica dos, en diciembre de 1927, a la Navidad, lamentando en una nuestra falta de originalidad con la importación de costumbres extranjeras y refiriendo en la otra a la "pascua chilena": "En esta noche se mezclarán los rezos de la gente vieja, escéptica y experimentada, con los cantos y las risas de la gente moza. Los niñitos dejarán bien abiertas sus ventanas para que pueda pasar sus juguetes el Niño Dios. La Alameda será el corazón palpitante de esta Noche Buena santiaguina en que el cuerno de la abundancia echa sus chorros saturados de albahaca".

Cuentos navideños

Pero más allá de ser una excusa o un adorno, hay otros relatos en que la Navidad es central. Dostoievski, Andersen, E. T. A. Hoffmann, Gógol, Scott Fitzgerald, Bradbury (con una Navidad espacial, eso sí) han escrito relatos navideños. Incluso "El gigante egoísta" de Oscar Wilde se tiene por tal, quizá porque ocurre en pleno invierno y hay una redención por una suerte de niño Jesús. Un relato clásico es "El regalo de los Reyes Magos", de O'Henry (1862-1910): en que una pareja muy pobre sacrifica lo que supuestamente más quiere (el pelo de ella, el reloj de él) para regalarse cosas que sirven para el pelo de ella y el reloj de él.

Pero hay relatos menos conocidos sobre Navidad. Dylan Thomas (1914-1953) que no sólo fue un gran poeta sino también un cuentista consumado, en "Navidad de un muchacho en Gales" -incluido en sus Relatos completos (Debolsillo)- refiere la fascinación por ese mundo y el recuento de regalos, útiles e inútiles, que recibía (como "libros que me contaban todo sobre las avispas, excepto por qué").

Truman Capote, el autor de la implacable A sangre fría , escribió cosas más dulces como "Un recuerdo navideño": el relato de un niño de siete años que vive lejos de sus padres (o éstos no se preocupan de él) y tiene por mejor amiga a una anciana inocente e infantil (es su prima lejana). En este cuento refiere la última Navidad que pasaron juntos y las cosas que hacían (como preparar tortas para los desconocidos). Ambos se han creado un mundo propio que oculta el que nadie se interesa por ellos. En la edición de Tres cuentos (Anagrama, $7.490) este relato se une con "Una Navidad" y "El invitado del Día de Acción de Gracias", configurando un melancólico y certero retrato de su infancia.

En los Cuentos completos (Alfaguara) de Nabokov figuran dos navideños. En "Navidad" (1924) cuenta la historia de un padre cuyo hijo ha muerto enfermo pocos días antes y que en Navidad sólo piensa en su propia muerte; vencido por el dolor, decide revisar las cosas de su hijo entre las que encuentra un gusano de seda que supone muerto, pero que al calor de la habitación, se despliega como mariposa. En "El cuento de Navidad" (1928), por su parte, se narra la reunión de un crítico prominente y dos escritores, un joven promisorio y uno no tan joven cuya obra declina, pero que encontrará en un árbol de Navidad inspiración para una gran obra.

Maestros

Por otra parte, grandes maestros del relato breve se han ocupado de la Navidad. Guy de Maupassant escribió una suerte de díptico irónico con sus relatos "Cuento de Navidad" y "Noche de Navidad" (ambos publicados en 1882, con un día de diferencia). El primero narra la posesión diabólica de una campesina y el segundo la historia de un tipo que detesta la Nochebuena porque la pasó con una prostituta que estaba embarazada, parió esa misma noche y él debió hacerse cargo de la criatura. Cuentos esenciales , de Maupassant, es una edición magnífica que ofrece un panorama amplio de su obra cuentística (140 relatos) en orden cronológico, permitiendo así ver la progresión tanto en su estilo como en sus temas (desde el realismo a la pesadilla, desde los estereotipos sociales a la guerra).

El ruso Antón Chéjov, cuyos relatos lograron dar un nuevo lenguaje a la narración breve, es autor de "Vanka" (1886) -recogido en Cuentos (Pretextos)-, que el crítico formalista Víctor Sklovski consideró "el cuento de navidad más triste del mundo": relata la historia de un niño de nueve años que ha quedado huérfano y es llevado desde su aldea a Moscú, a la casa de un zapatero para que aprenda el oficio, pero allí lo golpean, sufre hambre y frío, lo fuerzan a trabajar día y noche. En víspera de Navidad le escribe a su abuelo. Ha comprado, con esfuerzo, un sobre y lo meterá, según le han dicho, en un buzón. Lo penoso del asunto es que afuera ha escrito: "Para el abuelo, que está en la aldea"...

No sólo lágrimas

Pero la Navidad literaria no sólo es cursilería, melodrama o tragedia. En El ángel más tonto del mundo , Christopher Moore lleva las cosas al humor absurdo. La obra se localiza, como otras suyas, en un pueblo californiano, Pine Cove, con habitantes curiosísimos. Una agente inmobiliaria, Lena Márquez, mata accidentalmente a su ex-marido, que está disfrazado de Viejito Pascuero. Ha sido testigo un niño de siete años y reza fervorosamente para que se le devuelva la vida. Sus plegarias son atendidas, porque Razel, un ángel que ha perdido una partida de cartas con otro, tiene que hacer realidad su deseo. Lástima que Razel es un poco tonto, pues resucita a todos los muertos que descansan en el cementerio y que despiertan como zombies hambrientos de sesos humanos.

Y así como los fantasmas de las Navidades (pasadas y presentes) han sobrevolado la literatura, hubo una especie de señor Scrooge en el poeta inglés Philip Larkin, que no gustaba de los niños ("Animalitos egoístas, ruidosos, crueles y vulgares") y para quien, dada su legendaria tacañería, las compras navideñas eran "la anual transformación de la indiferencia hacia el prójimo en odio activo". Y, sin embargo, alguna vez sucumbió: en cierta navidad encontró un libro de Stevie Smith ( No saluda, se está ahogando ) y se impresionó tanto que compró varios ejemplares para regalar (y dejar totalmente sorprendidos por tal desembolso) a sus amigos.

La Navidad es de los niños

Como es obvio, hay libros para niños sobre la Navidad. El ilustrador y autor de libros infantiles Ian Falconer presenta en Olivia recibe la Navidad (FCE, $10.900 ) los intentos de esta cerdita por ayudar a su familia en los preparativos de la fiesta y la espera de los regalos. Con este libro, Falconer ganó el título de ilustrador del año en los Children's Choice Book Award de 2008. Por su parte, Frank McCourt, autor de la memoria Las cenizas de Ángela , donde cuenta su infancia miserable en Irlanda (la comida principal para él y sus hermanos era té y pan, que su madre, Ángela, refería como una dieta balanceada: un sólido y un líquido), que murió en julio de 2009, en Ángela y el Niño Jesús (Océano / Maeva, $8.850) vuelve a contar una historia que su madre (la figura que guía su famosa memoria) le contó cuando niño. Según este relato, una Ángela de seis años se preocupa porque el Niño Jesús en el pesebre de su iglesia pueda pasar frío estando sin ropa, y aunque sabe que robar está mal, decide sacar la figura del Niño Jesús y llevarla a su casa para meterla en su cama, pero inevitablemente su rescate es descubierto. Además existen dos adaptaciones infantiles del libro de Dickens: Cuento de Navidad (por Pablo Antón Pascual, Vicens Vives, $7.692) y Nochebuena de fantasmas (por José María Pérez Zúñiga, Vicens Vives, $7.140).

Los reyes magos

Esos astrólogos de Oriente referidos por San Mateo, que siguiendo una estrella dieron con Jesús recién nacido para adorarlo y que la tradición cristiana convirtió en reyes de reinos misteriosos, deben de haber existido, pues Marco Polo aseguró haber visto sus tumbas y se sabe que hay familias chilenas que descienden directamente de uno de ellos. Tales reyes han tenido fortuna en la poesía. John Donne les reconoce haber salvado a Jesús de Herodes. Rubén Darío y W. B. Yeats les dedicaron poemas. Y en el de T. S. Eliot sobre su viaje, uno de ellos (no dice cuál) recuerda la travesía (su comienzo, en versión de Armando Uribe): "Hacía frío, hacía frío, / era justo la peor parte del año, / para ese viaje tan largo. / Los caminos con barro y el clima malo, / cuando hasta el propio invierno se resfría. / Y los camellos con las patas con sabañones, / refractarios se arrodillaron en la nieve derretida. / Hubo momentos en que echábamos de menos / esos palacios de verano en lomas, con terrazas / y las niñas sedosas que servían sorbetes. / Entonces los lacayos para camellos / blasfemaban y gruñían / y desaparecían en busca de vino y mujeres". "La adoración de los magos", de Luis Cernuda, es un poema amargo y desesperado, sobre el desencanto de ellos al encontrar un niño donde esperaban un dios: "Buscaron la verdad, pero al hallarla / No creyeron en ella".

Articulo:
http://diario.elmercurio.com 20/12/2009

Graciela HUINAO & Rosario Miranda RUPAILAF: Dos poetas mapuches


Dos poetas mapuches

Graciela Huinao (1956) sorprende en Walinto -reeditado este año en castellano, mapudungun (traducción de Clara Antinao) e inglés- con una poderosa intimidad entreverada cuidadosamente con una visión de la tierra, la muerte, los antepasados y sus vicisitudes. El punto de vista lírico se caracteriza por una enfática voz femenina cubierta de una pátina de nostalgia. Se inaugura el libro con el poema "Visión Gitana": "Una gitana me dijo un día al verme la suerte:/ "No tienes líneas en tus manos, tienes versos". Con esta entrada logra una inmediata proximidad con el lector que, asimismo, vuelve en otras partes con un dejo acertado de ingenuidad. Así, continúa: "En 1989 publiqué mi primer poema 'La loika' y como un/ pájaro volaron mis versos en diarios, revistas y antologías/ nacionales, llegando a los EE.UU.". Huinao retoma sólo ligeramente el tono lírico, agregando: "Ahora he de volver con un libro bajo el brazo,/ sin olvidar cómo llegué, con un cuaderno de hojas/ amarillas donde encerraba mis primeros malos versos./ Ahora no son mejores, sólo más viejos". Para finalmente rematar: "Agradecida de la naturaleza, desde el vientre de/ mi madre que me dio el poder de escribir".

Walinto , cuyo nombre proviene de una comunidad indígena cercana a Osorno, no pretende ser una crónica, si bien en sus páginas la historia deja su impronta, como en el poema "A quemarropa" ("A quemarropa/ el invasor mató en mi pueblo/ pero yo había encontrado una semilla"), porque lo esencial de esta poesía se verifica en evocaciones de acertada factura: "...mientras mis ojos acarician la distancia entre yo y mi/ amante, que no he podido dejar ni olvidar: EL SUR".

En un poemario en que la autora despliega variados recursos, en fin, destacan también poemas como "Lágrimas" en los cuales una apretada brevedad contrasta con los caracteres en alta de la grafía: "LA LLUVIA/ PENETRA HUESOS/ AL SUR DE MI MIRADA" (sic).

En el libro de Rosario Miranda Rupailaf, Pu llimeñ ni rulpáuamelkaken. Seducción de los venenos , el poema en Mapuchezungun precede a la versión castellana, aunque ésta es la primera y originaria y aquella es una traducción de Víctor Cifuentes Palacios. Como en el caso de Graciela Huinao, el carácter mapuche no proviene de la lengua misma (que aparece más bien como algo substraído que requiere, por lo tanto, de un complemento externo, la traducción), sino, en este caso, de la manera como la poeta se apropia de una tradición cultural mestiza. Esa mudez de la lengua originaria dice bastante y tiende un puente entre ambos textos más allá de lo habitual en todo poemario bilingüe.

Miranda Rupailaf no aborda, al menos de manera de visible, las vicisitudes históricas del pueblo mapuche-huilliche. Los versos de la poeta, organizados en tres partes (Serpientes de sal, serpientes de tierra y serpientes de agua) elaboran un complejo sistema de significados en torno a la identidad de la mujer, su eroticidad y el problema del mal y la ley cultural. Para ello hace uso de imágenes y simbologías que se hallan en la cosmología mapuche y de otros pueblos originarios amerindios y también en la cultura universal judeo-cristiana y pagana. Las variantes y deslizamientos que efectúa Miranda Rupailaf oponen bella e intensamente los códigos de origen bíblico (para los cuales la serpiente, la mujer y su eroticidad tienen más bien una carga moralmente negativa) con los de aquella otra tradición (véase el estudio de Aby Warburg El ritual de la serpiente ) que, al revés, la liga a ritos de pasaje, fertilidad y sanación. Las referencias poéticas de la autora son amplias, pertinentes al texto, y van desde la Biblia a Sergio Mansilla y Doris Moromisato, pasando por Tirso de Molina, Miguel Hernández y García Lorca.

Es importante subrayar la depurada técnica de estos versos que revela un largo "labor limae". El libro es mínimo en el uso de adjetivos, adverbios, conjunciones e, incluso artículos, concentrándose en el pronombre, el verbo y los complementos directos ("Aire/ me subo cielo/ vertical"). Es especialmente singular el uso de los pronombres reflexivos (muchas veces de manera enclítica), lo cual vuelve reflexivos verbos que por su naturaleza no lo son y crea un círculo en que el significado de la acción retorna sobre el sujeto ("Déjame en este sur en que me encontraste/ anudando mis cabellos a la niebla (...) En la boca ancha y pegajosa/ déjame/ serme barro/ y llenarme de moscas.") Estas cualidades, así como la presencia de rimas finales e internas, dan lugar a una insistente y quebrada musicalidad en la cual no es infrecuente la inversión del orden sintáctico de la oración en una fórmula que recuerda la libertad de las lenguas declinables.

Los libros de Graciela Huinao y Roxana Miranda Rupailaf evidencian, sin duda, la fortaleza y la diversidad de la poesía mapuche hasta el punto que sería reduccionista proponer una definición unitaria de la misma.

Articulo:
http://diario.elmercurio.com 20/12/2009

Mónica ANDRADE/CHAGALL, la cigarra y la hormiga


Chagall, la cigarra y la hormiga
Por Mónica ANDRADE

Rescatadas en Italia las ilustraciones del pintor ruso para las fábulas de La Fontaine

Era un tesoro disperso, un bestiario colorista que estuvo perdido durante medio siglo. En los años veinte, mientras Bella Rosenfeld, la primera mujer de Marc Chagall, leía y releía en voz alta las fábulas de La Fontaine, el pintor ruso aprendía francés y, al tiempo, pintaba sus fantásticas visiones. "No sé de dónde saca semejantes imágenes, debe de tener un ángel en la cabeza", dijo sobre él Picasso.

El editor y galerista Ambroise Vollard le encargó que ilustrase esas fábulas, pero el proyecto nunca vio la luz. Ahora, la editorial italiana Donzelli acaba de publicar aquella obra oculta que mezcla el universo mágico del artista ruso con la sabiduría y el ingenio del poeta francés a lo largo de 43 textos en verso. Favole a colori (Fábulas en color) es, además, el resultado de la búsqueda de un pequeño editor.

La idea nació en el mes de marzo, cuando Carmine Donzelli descubrió "casi por azar" un catálogo de una exposición de Chagall. "Fue durante la última feria del libro de París", explica. "Entré por casualidad en el stand de la Reunión de los Museos Franceses". Allí descubrió los gouaches que Chagall había pintado para ilustrar las fábulas escritas por La Fontaine entre 1668 y 1694 y que durante generaciones han servido para mostrar el comportamiento humano a través de animales que encarnan vicios y virtudes. El descubrimiento le empujó a recuperar un viejo proyecto nacido en París en la segunda mitad de los años veinte. Por aquel entonces, Chagall (Vitebsk, Bielorrusia, 1887-Saint Paul de Vence, 1985) vivió su segundo periodo en la capital francesa, después de una primera estancia de cuatro años, entre 1910 y 1914, a la que le empujó su fascinación por Cézanne y Matisse.

En esa etapa, Chagall conoció a Vollard, el prestigioso galerista que, precisamente, había conseguido lanzar a Cézanne y a Matisse, además de a Gauguin y a Picasso. El encargo de ilustrar las fábulas despertó más de una reacción en contra: muchos vieron en la iniciativa un intento de romper con la tradición de las clásicas ilustraciones de Doré y Grandville.

El hecho de que Chagall fuera de origen ruso y de religión judía aumentó las suspicacias. Parecía difícil que un extranjero pudiera dar vida a uno de los más ilustres poetas franceses. La visión de Vollard era justo la contraria: "Elijo a Chagall porque su estética es muy cercana, incluso está emparentada, con la de La Fontaine, densa y sutil, realista y fantástica". También le encargaría ilustrar la Biblia.

Chagall aprendió francés con la cigarra y la hormiga de las fábulas, releídas una y otra vez por su mujer mientras él recreaba ese universo repleto de color. Fue entonces cuando abandonó los tonos apagados de su infancia en Rusia para zambullirse en un torbellino de colores brillantes, alegres, a veces violentos, descubiertos con la luz del Mediterráneo. "En un espacio que no es más que un cielo en el que todas las formas retozan completamente libres y gráciles como si fuesen pequeñas criaturas, emana un color tan fuerte y hermoso que parece sobrenatural", escribió Chagall.

Esa percepción y su voluntad de desordenar el mundo en busca de la fantasía inspiraron al artista para realizar más de cien ilustraciones destinadas a un libro que nunca se publicó. Las razones no están claras. Hay quien dice que a Vollard no le gustaron las pruebas de color.

En cualquier caso, las obras, pintadas entre 1926 y 1927, se expusieron en París y viajaron a Bruselas y Berlín, donde obtuvieron un éxito inmediato. Muchas fueron a parar a manos privadas y desaparecieron del mercado. Durante la II Guerra Mundial, Chagall huyó a Nueva York para evitar los campos de concentración. Allí le llegó el reconocimiento internacional. Desde entonces se han recuperado más de 40 de las míticas ilustraciones.

La edición de Donzelli ha renovado también el lenguaje del clásico francés. La última traducción de La Fontaine al italiano se remontaba a 1867 y presentaba, según el editor, problemas de "legibilidad" para los lectores más jóvenes. "Si un pintor contemporáneo y no francés de nacimiento fue capaz de crear esa maravilla, pensamos que era lógico arriesgarse", explica Donzelli. Esta versión, a cargo de Maria Vidale, es, por supuesto, en verso. Para el editor, "un La Fontaine sin versos es como un Chagall sin color".

Articulo:
http://www.elpais.com 22/12/2009

samedi 5 décembre 2009

Manuel DÉLANO/La muerte lenta de Víctor JARA


REPORTAJE: MEMORIA HISTÓRICA
La muerte lenta de Víctor Jara
Por Manuel DÉLANO

Torturado y asesinado por los golpistas chilenos, el cantautor fue sepultado de forma casi clandestina en un modesto nicho. EL PAÍS reconstruye su muerte con los recuerdos de los testigos

Cansados y con sus manos entrelazadas en la nuca, los 600 académicos, estudiantes y funcionarios de la Universidad Técnica del Estado (UTE) tomados prisioneros por los militares golpistas iban entrando al Estadio Chile, un pequeño recinto deportivo techado cercano al palacio de La Moneda. Un oficial con lentes oscuras, rostro pintado, metralleta terciada, granadas colgando en su pecho, pistola y cuchillo corvo en el cinturón, observaba desde arriba de un cajón a los prisioneros, que habían permanecido en la universidad para defender el Gobierno del presidente socialista Salvador Allende. Era el 12 de septiembre de 1973, día siguiente del golpe militar, en el alba de la dictadura de 17 años encabezada por el general Augusto Pinochet.

Con voz estentórea, el oficial repentinamente gritó al ver a un prisionero de pelo ensortijado:
-¡A ese hijo de puta me lo traen para acá! -gritó a un conscripto, recuerda el abogado Boris Navia, uno de los que caminaba en la fila de prisioneros.

"¡A ese huevón!, ¡a ése!", le gritó al soldado, que empujó con violencia al prisionero. "¡No me lo traten como señorita, carajo!", espetó insatisfecho el oficial. Al oír la orden, el conscripto dio un culatazo al prisionero, que cayó a los pies del oficial.

-¡Así que vos sos Víctor Jara, el cantante marxista, comunista concha de tu madre, cantor de pura mierda! -gritó el oficial. Navia rememora. Es uno de los testigos del juez Juan Fuentes, que investiga el asesinato del cantautor, uno de los crímenes emblemáticos de la dictadura, porque Jara fue con su guitarra y con sus versos el trovador de la revolución socialista del Gobierno de Allende en Chile. Por su impacto y la impunidad en que están los culpables, el crimen de Jara es en Chile el equivalente al asesinato de Federico García Lorca en España.

"Lo golpeaba, lo golpeaba. Una y otra vez. En el cuerpo, en la cabeza, descargando con furia las patadas. Casi le estalla un ojo. Nunca olvidaré el ruido de esa bota en las costillas. Víctor sonreía. Él siempre sonreía, tenía un rostro sonriente, y eso descomponía más al facho. De repente, el oficial desenfundó la pistola. Pensé que lo iba a matar. Siguió golpeándolo con el cañón del arma. Le rompió la cabeza y el rostro de Víctor quedó cubierto por la sangre que bajaba desde su frente", cuenta a este periódico el abogado Navia.

Los prisioneros se habían quedado pasmados mirando la escena. Cuando el oficial, conocido como El Príncipe y hasta hoy no identificado con plena certeza, se cansó de golpear, ordenó a los soldados que pusieran a Jara en un pasillo y que lo mataran si se movía. El autor de canciones como El cigarrito y Te recuerdo Amanda, que Serrat, Sabina, Silvio Rodríguez y Víctor Manuel han incorporado en sus repertorios, entró así al campo de prisioneros improvisado por los militares donde vivió sus últimas horas.

Muchos recordaron a Jara con emoción esta semana, cuando su viuda e hijas y la fundación que lleva su nombre organizaron el funeral que no pudo tener en 1973, la despedida popular que merecía, para sepultar los restos del cantautor, exhumados en junio por orden del juez y devueltos a la familia después de una nueva autopsia, que confirmó las huellas de bala y torturas.

El ensañamiento con Jara fue uno de los signos de la dictadura de Pinochet (1973-1990), que truncó con brutalidad el Gobierno de Allende y los sueños socialistas, dejando un reguero de más de 3.200 muertos y desaparecidos, alrededor de 30.000 torturados y decenas de miles de exiliados. El Chicho, como era conocido Allende, un médico socialista y masón, había llegado a la presidencia en 1970, en su cuarto intento, con el 36% de los votos, encabezando la Unidad Popular, la coalición que reunía a la izquierda chilena en un arco multicolor.

Con un programa que ofrecía reforma agraria, medio litro de leche diaria para los niños y la nacionalización del cobre, principal riqueza de Chile, en manos de empresas norteamericanas, la victoria de Allende en las urnas, la primera de un marxista en Occidente en plena guerra fría, sorprendió a Estados Unidos e insufló esperanzas en muchos países, incluidos los opositores de Franco en España. Un irritado presidente Richard Nixon ordenó en la Casa Blanca intensificar las acciones desestabilizadoras.

Pero en Chile se vivían tiempos de efervescencia. Las movilizaciones sociales iban en ascenso y con Allende en La Moneda, el Gobierno ganó apoyo en las urnas en lugar de perderlo. El cerrojo norteamericano se apretó con el embargo de las exportaciones de cobre, en réplica a una nacionalización en la que Chile resolvió no indemnizar a las empresas expropiadas por haber obtenido ganancias excesivas, mientras la oposición de centro y derecha se reunió en una coalición contra Allende, y la izquierda más radicalizada comenzó a desbordar al Gobierno acusándolo de reformista. La lucha política se exacerbó.

El Gobierno socialista concitó una amplia adhesión de artistas e intelectuales. En los tres años de Allende, Chile vivió un destape cultural como nunca antes y Víctor Jara fue uno de los protagonistas. Hijo de inquilinos campesinos, conoció de la explotación y miseria en su infancia y juventud. Aprendió música por la intuición de su madre. Cuando ella falleció, viajó a Santiago a estudiar teatro. Como director teatral recibió premios de la crítica y la prensa por sus montajes e hizo giras por dos continentes.

Mientras estudiaba dramaturgia, comenzó a tocar y componer con el grupo Cuncumén. Después trabajó con la pléyade del folclor chileno: Quilapayún, Inti Illimani, Ángel e Isabel Parra, Patricio Manns, Rolando Alarcón. Violeta Parra, la autora del universal Gracias a la vida, fue una de las que descubrió tempranamente el talento de Jara como compositor e intérprete.

Militante comunista, Jara defendió a la Unidad Popular con su guitarra, hizo canciones de protesta, pero sus obras mayores, aquellas más sencillas e imperecederas, son las que brotan desde la tierra y de la pobreza de las barriadas periféricas de Santiago, las fuentes de su saber. Víctor creía que "la mejor escuela para el canto es la vida", recuerda su viuda, Joan Turner, en Un canto trunco, las memorias de Jara. Nombrado embajador cultural por Allende, prefería compadrear en una peña popular a los cócteles de diplomáticos.

Durante el paro de octubre de 1972, con el que la oposición quiso poner de rodillas al Gobierno, junto con decenas de miles de personas, Jara salió a realizar trabajos voluntarios para impedir que la economía se detuviera. En la vorágine escribió Manifiesto, su testamento musical: "Yo no canto por cantar / ni por tener buena voz, / canto porque la guitarra / tiene sentido y razón".

Con la inflación desbocada, desabastecimiento y mercado negro, el transporte paralizado y con el mayor partido opositor, la Democracia Cristiana, cerrando las puertas al diálogo para encontrar una salida, a Allende casi no le quedan opciones, y muchos creen que un golpe militar es inminente. Resuelve que el martes 11 septiembre llamará a un plebiscito que decidirá si sigue o no en el poder. Enterados, los militares adelantan el golpe militar para ese martes.

El escenario que había escogido Allende para pronunciar este discurso que podría haber cambiado la historia es la sede de la UTE. Nunca llegó. Enterado de la sublevación militar, Allende acude con sus colaboradores más cercanos a La Moneda, a defender la democracia. Dispuestos a todo, los militares bombardean el palacio y Allende, que sólo saldrá sin vida de ese lugar, pide a los trabajadores que permanezcan en sus puestos, pero que no se dejen provocar, y anticipa en su lúcido discurso final que otras generaciones superarán ese momento.

En asambleas por facultad, la comunidad de la UTE resolvió permanecer en la sede universitaria, como pidió Allende. Entre ellos, Víctor Jara, que trabajaba en extensión en la universidad e iba a cantar en el acto de Allende. Habla dos veces por teléfono con Joan y cree que volverá a casa al día siguiente. Esa noche anima a los estudiantes en su último recital, mientras en todo Santiago suenan las balas de los militares.

Al día siguiente, los militares instalan un cañón frente a la universidad y disparan a la rectoría mientras un centenar de soldados vacía sus cargadores. No hay resistencia: estaban desarmados. Rompen puertas y cerrojos y toman prisioneros a los 600 que permanecían ahí.

El infierno está a un par de kilómetros, en el Estadio Chile, rebautizado en democracia como Estadio Víctor Jara. Ahí el cantautor queda tendido en el suelo. A un estudiante peruano que confunden con cubano le cortan una oreja con un cuchillo. A un profesor de ciencias sociales que llevaba pruebas recién corregidas de sus alumnos le piden las dos mejores notas, las entrega y lo obligan a que se coma las hojas. Los amenazan con barrerlos con "las sierras de Hitler", ametralladoras de gran calibre cuyas balas cortan los cuerpos. Un obrero grita: "¡Viva Allende!", y se arroja desde las graderías, muriendo desangrado. En el recinto caben apretadas 2.000 personas, pero hacinan a más de 5.000 prisioneros.

El Príncipe tiene visitas de oficiales y quiere exhibir a Jara. Un oficial de la Fuerza Aérea que está con un cigarrillo le pregunta a Jara si fuma. Con la cabeza, niega. "Ahora vas a fumar", advierte, y le arroja el cigarrillo. "¡Tómalo!", grita. Jara se estira tembloroso para recogerlo. "¡A ver si ahora vas a tocar la guitarra, comunista de mierda!", grita el oficial y pisotea las manos de Jara, relata Navia.

"Cuando llegaron más prisioneros y los soldados fueron a recibirlos, Víctor se quedó sin custodia. Entre varios lo arrastramos adonde estábamos y comenzamos a limpiar sus heridas. Llevaba casi dos días sin comida ni agua", dice Navia. Un detenido consigue que un soldado le regale un tesoro: un huevo crudo. Se lo dan a Jara. Con un fósforo, el cantautor perfora el huevo en ambos extremos y lo sorbe. "Nos dijo que así aprendió en su tierra a comer los huevos", recuerda.

A Jara le vuelven las energías. "Mi corazón late como campana", dice. Y habla, de Joan y sus hijas. Dos detenidos logran salir libres gracias a contactos. Varios escriben mensajes breves para que avisen a sus parientes de que están vivos. Víctor pide lápiz y papel. Navia le pasa una libreta pequeña de apuntes, que hoy conserva la Fundación Jara como pieza de museo. Escribe con dificultad sus últimos versos: "Canto que mal que sales / Cuando tengo que cantar espanto / Espanto como el que vivo / Espanto como el que muero".

Repentinamente, dos soldados lo toman y arrastran, y Jara alcanza a arrojar la libreta. Navia se queda con ella. Comienza una golpiza más brutal que las anteriores, a culatazos. Otros prisioneros lo verán con vida horas después. Un conscripto, José Paredes, confiesa 36 años después que jugaron a la ruleta rusa con Jara antes de acribillarlo en los subterráneos. Es el único procesado vivo en el caso. El otro, el jefe del recinto, el coronel Mario Manríquez, falleció. La primera autopsia, en 1973, revela 44 disparos. La nueva, en 2009, confirma que Jara murió por múltiples impactos. Pero Paredes se retracta de su confesión.

Al anochecer del sábado 15 de septiembre trasladan a los prisioneros del Estadio Chile al mayor recinto del país, el Estadio Nacional. "Al salir al foyer para irnos, vemos un espectáculo dantesco. Hay entre 30 y 40 cadáveres apilados, y dos de ellos están más cercanos. Todos están acribillados y tienen un aspecto fantasmagórico, cubiertos de polvo blanco, porque cerca estaban apilados unos sacos de cal para hacer reparaciones, que cubre sus rostros y seca la sangre. Reconozco a Víctor en primer lugar, y después al abogado y director de Prisiones Littré Quiroga", relata Navia.

A Jara le han quitado el chaquetón que otro prisionero le había pasado porque tenía frío. Esa noche, los soldados arrojan seis de estos cadáveres, Jara entre ellos, junto al Cementerio Metropolitano, en el acceso sur de Santiago. Una vecina reconoce al cantautor y avisa para que lo recojan. Cuando el cuerpo llega a la morgue, un trabajador de este servicio, que era comunista, también reconoce a Jara y avisa a su esposa Joan para que lo sepulte antes de que lo sepulten en una fosa común.

El cuerpo del cantautor está junto al de cientos de víctimas en un mesón de la morgue, al final de una fila de jóvenes. Sólo tres personas acompañan a Joan en el funeral semiclandestino que se celebró en el Cementerio General de Santiago, donde fue inhumado en un humilde nicho. Jara está en su cenit creativo, poco antes de cumplir 41 años, y quienes tronchan su vida no saben que lo están haciendo más universal, a él, pero también a ellos mismos.

'La muerte lenta de Víctor Jara' es un reportaje del suplemento 'Domingo' del 6 de diciembre de 2009

***
TRIBUNA: JOAN MANUEL SERRAT
El segundo entierro de Víctor Jara
Por Joan Manuel SERRAT

Hoy entierran a Víctor Jara por segunda vez. Quien amó tanto la vida, 36 años después, vuelve a pasear su muerte.

A quien dice: dejad en paz a los muertos, les respondo: ¿están los muertos en paz? ¿Estamos en paz con ellos?

Desde los suburbios de Santiago, desde la falda de su madre, cantora, desde los sueños de su pueblo con los que aliñaba sus canciones, Víctor Jara, como Margot Loyola, Violeta Parra o Héctor Pávez, recopiló y revalorizó los cantos campesinos. Su profunda identificación con el pueblo fue casi mística. Como la Violeta, que le mostró el camino, vivió con ellos, se hizo piel y sangre de ellos para, desde el hombre provinciano, alcanzar lo universal y de forma irrevocable, con profundas convicciones, asumir su condición de artista comprometido.

Así fue hasta que acallaron brutalmente su voz el 16 de septiembre de 1973 y algo quedó truncado para siempre.

Hoy vuelven a enterrar a Víctor Jara.

A diferencia de la primera vez en la que Joan Turner, su mujer, depositó sin responsos, a escondidas, sus maltratados restos en un nicho del Cementerio General de Santiago apenas acompañada por un amigo y el funcionario que reconoció el cadáver en la morgue, serán miles los que estarán a su lado. Ahí se han de juntar los viejos compañeros de lucha, supervivientes de la dictadura y del exilio con muchachas y muchachos que han crecido llevando sus canciones en la boca. Habrá hijos de reprimidos pero también de represores. Llegarán obreros de las poblaciones y campesinos de los valles a unirse a los mineros que, oliendo a cobre, bajarán desde Calama.

Mujeres y hombres de toda condición irán de la mano recordando a Amanda.

Esta vez Joan Turner no caminará sola. A su lado marchará una multitud que, nadie lo olvide, 36 años después del crimen, sigue clamando justicia.

Joan Manuel Serrat es cantautor.

***

Los chilenos dicen adiós al cantautor 36 años después

Por Manuel DÉLANO

El músico, asesinado por los militares golpistas, vuelve a recibir sepultura hoy

Con la emoción a flor de piel, como si hubiese fallecido ayer, cientos de personas han concurrido desde el jueves al velatorio que no pudo tener hace 36 años el cantautor Víctor Jara, torturado y asesinado por los militares golpistas mientras estaba prisionero. Hoy será sepultado, acompañado por el pueblo, en un cortejo que marchará hasta el cementerio, como probablemente habría querido él, un hombre de humilde origen campesino, que fue director teatral y cuyas canciones como El cigarrito y Te recuerdo Amanda ya son universales.

La presidenta Michelle Bachelet, acompañada por la viuda del cantautor, Joan Turner, hizo guardia ayer junto al ataúd donde están los restos de Jara, devueltos a la familia después de haber sido exhumados en junio -su esposa tuvo que enterrarlo el 18 de septiembre de 1973 de forma clandestina con la ayuda de dos personas- y analizados por un equipo forense, que confirmó su muerte por múltiples disparos.

"Se ha demorado nuestro país 36 años en devolverle a Chile y a su familia este Víctor que es nuestro, que es de todos nosotros, y yo creo que éste es el mejor homenaje que le podemos rendir. Víctor vive en el corazón de su pueblo", afirmó ayer Bachelet. Para la viuda, "éste no es un funeral normal, es un acto de amor y duelo por todos nuestros muertos, y también la celebración de la vida de Víctor y de todos ellos también".

Al velatorio junto al ataúd en la Fundación Víctor Jara han ido actores, directores de teatro y cine, modestos grupos musicales de barriadas periféricas, cantantes populares que interpretan por algunas monedas en los autobuses del transporte urbano, músicos, ex prisioneros políticos, admiradores y militantes.

El Comité Central del Partido Comunista, en el que Jara militó, fue hasta el local y cantó La internacional. "Ha llegado el momento en que Chile le cante a Víctor Jara", sostuvo el presidente de este partido, Guillermo Taller.

Una gran foto de un Jara sonriente en blanco y negro preside el lugar. En la plaza contigua, algunos interpretan canciones en un escenario, mientras bailarinas danzan en las veredas. Las directivas de las agrupaciones de víctimas de la dictadura hicieron guardia junto al ataúd y al salir recordaron que la muerte del cantante todavía sigue en la impunidad y sus asesinos están en libertad.

Por la noche, grupos de personas encendieron velas en las calles en recuerdo del cantautor. "La herida no se cierra mientras no haya verdad", afirmó Jorge Colon, integrante del grupo Inti Alimaña, que tocó con Jara.

***
Miles de personas despiden y cantan a Víctor Jara en un funeral popular
Por Manuel DÉLANO

El cantautor chileno recibe el homenaje popular 36 años después de su asesinato

Más de 12.000 personas acompañaron ayer el cortejo fúnebre de quien 36 años después de ser torturado y asesinado por los militares pudo recibir homenaje y despedida. La viuda del cantautor, director teatral y versátil artista chileno Víctor Jara le había dado sepultura de manera semiclandestina en septiembre de 1973, acompañada de dos personas, en un modesto nicho del Cementerio General, el mayor de Santiago. Fuera del camposanto, la capital vivía bajo el miedo y la persecución de la dictadura del general Augusto Pinochet.

A Víctor Jara lo devolvieron ayer al mismo nicho donde estuvo todos estos años, pero ahora llegó rodeado del cariño popular, junto a una multitud que conocía bien su figura y entonaba sus canciones.

Fue una marcha más alegre que fúnebre, sin incidentes ni vigilancia policial, que recorrió a pie y paso lento unas 40 cuadras durante más de cinco horas bajo el inclemente sol primaveral de Santiago. Fue el recital que esta vez miles de chilenos quisieron brindarle a Víctor Jara.

El juez que investiga el crimen de Jara resolvió en junio exhumar los restos del cantautor para someterlo a exámenes forenses en los que se determinó que murió por múltiples disparos después de ser torturado. Al finalizar las pericias y devolver los restos a su viuda, Joan Turner, y a sus hijas Manuela y Amanda, ellas y la Fundación Víctor Jara, que cuida de la memoria del artista, resolvieron brindarle el funeral y un velatorio de dos días, como el que merecía el autor de piezas antológicas como Te recuerdo, Amanda, El cigarrito y Manifiesto, que muchos artistas han incorporado en sus repertorios.

La carroza fúnebre no iba en cabeza del cortejo, como es lo habitual, sino en medio de la multitud, como un signo democrático más, rodeada por una guardia de honor. Cientos de coronas iban apiladas en un camión que transitaba delante. Al paso del cortejo, gentes agolpadas en las aceras le arrojaban claveles y rosas rojas.

Al salir de la Fundación Jara, el ataúd fue cargado a hombros por varios de los que fueron de los mejores amigos del cantautor, entre ellos algunos miembros del conjunto Inti Illimani. En uno de los edificios céntricos por donde pasó, desde un balcón en lo alto un guitarrista comenzó a acompañar el cántico de la marcha, que entonaba "Te recuerdo Amanda / la calle mojada / corriendo a la fábrica / donde trabajaba Manuel".

Una variopinta y multicolor multitud se extendía por 10 cuadras, y muchos otros fueron al cementerio. Predominaban los jóvenes, entre ellos grupos rockeros, punkis, mapuches, bailarines de danzas del norte chileno, organizaciones gay, estudiantes, la barra Los de Abajo de la Universidad de Chile, uno de los clubes de fútbol más populares del país, junto con ex prisioneros políticos, agrupaciones de víctimas y militantes.

Sólo un pequeño grupo de familiares y los amigos más cercanos pudieron entrar en el cementerio para presenciar el instante en que el ataúd volvió al nicho donde estuvo desde 1973. Cuando la carroza fúnebre entró en el recinto, los asistentes se tomaron las manos, cantaron el himno nacional y después se escuchó La partida, de Jara.

Un bosque de banderas rojas con el rostro de Víctor rodeó el cortejo gritando "¡Justicia, verdad, no a la impunidad!". El presidente del Partido Comunista, Guillermo Teillier, describió a Jara en su discurso como un "símbolo de nuestras luchas, el más temible con su guitarra y canciones". Su obra, continuó, "perdurará para dar esperanzas (...) con tus canciones, mil veces venceremos".

Entre los asistentes estaban también la ministra de Cultura, Paulina Urrutia, y el candidato presidencial de la coalición que encabeza el Partido Comunista (PC), el ex ministro Jorge Arrate, un socialista que debió renunciar a su partido para postular a La Moneda.

Muchos de los asistentes se quedaron hasta el final. Para Héctor Torres, del conjunto folclórico Umbral, formado por amigos que desde la dictadura han interpretado a Jara en decenas de recitales gratuitos en barriadas obreras, "Víctor es más grande que su propia muerte. Sus obras han resistido el paso del tiempo. Como cantante tenía un timbre muy bonito y una tesitura excepcional, que le permitía algo muy difícil, dar bien las notas bajas y altas".

El director de un centro cultural que viajó 500 kilómetros para asistir al funeral afirmó: "Se lo debía a Víctor. Era un deber moral, una deuda que el pueblo tenía con él".

Articulo:
http://www.elpais.com 05/12/2009

Escuchar Víctor JARA sobre YOU TUBE :

El derecho de vivir en paz
-
http://www.youtube.com/watch?v=xdBMY3R4C0Q

Aqui te traigo una rosa
-
http://www.youtube.com/watch?v=JgqPv-f5a1A&feature=related

Te Recuerdo Amanda
-
http://www.youtube.com/watch?v=GRmre8ggkcY&feature=related

Documental La Funa de Victor Jara
-
http://www.youtube.com/watch?v=cD5zX4SA8AY&feature=fvw

El derecho de vivir en paz
-
http://www.youtube.com/watch?v=xdBMY3R4C0Q

Victor Jara Manifiesto
-
http://www.youtube.com/watch?v=en8yqVxuT-U&feature=related

Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ∕Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules

Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules Por Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ 2017 marca el centenario de la cantautora de “Gracias a la vida” y ta...