vendredi 31 octobre 2008

Juan Carlos GOMEZ/ Witold GOMBROWICZ & Guillermo SACCOMANNO

Guillermo SACCOMANNO


juan carlos g{omez
junacagomz@yahoo.com.ar

Juan Carlos GOMEZ sobre Azul@rte:
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GOMBROWICZIDAS
Witold GOMBROWICZ & Guillermo SACCOMANNO
Por Juan Carlos Gomez

Gombrowicz tenía miedo de ser engañado por el mundo artificial de los hombres de letras, un temor que le manifiesta al Hasídico en las conversaciones apócrifas que mantuvo con él en su casa de Vence y que más tarde aparecieron en "Testamento"
"Mire, Dominique, el artista es un individuo que se engaña sistemáticamente desde la primera palabra que escribe (...) Sabemos que mentimos y sabemos que los demás también nos mienten, y que ese desdichado malogrará su vida alimentándose de embustes cotidianos, que con el tiempo le irán envolviendo cada vez más (...) Ni siquiera los mejores de entre nosotros se libran de ello. El engaño permanente nos corroe. El crítico, el amigo, el editor, el admirador, todo lector en fin..., todos mienten, mienten, mienten... "

Nunca se le ocurrió armar un programa para ahogar el miedo a no ser aceptado, se dio cuenta muy temprano que ese miedo no lo podía conducir a ninguna parte pues nadie se libera de la soledad por más lectores que tenga, y sólo quien logra separarse de la gente y existir como un ser singular le puede poner un límite a la soledad.
Sobre este mundo artificial de los hombres de letras vamos a decir que desde hace ya algún tiempo el Patriarca de los Pájaros difunde una historia que se ha convertido en una leyenda negra en el mundo de los escritores argentinos según la cual la Cocot habría invitado al finado Soriano a dar una charla en la Facultad de Filosofía y Letras con el exclusivo propósito de que el alumnado se burlara de él, y esto porque Soriano apenas había terminado a los tumbos la escuela primaria. Soriano, que efectivamente tenía un capiti diminutio respecto a su instrucción incompleta, muy dolorido se lo contó al Patriarca de los Pájaros.

El Manco recordó esta anécdota en una nota que le dio a Radar, la Sarlo lo trató de rústico y se armó un lío político de izquierdas y de derechas en el que se sacaron chispas, y todo porque Soriano tenía realmente un capiti diminutio con respecto a su educación descuidada.
El Manco se puso a la izquierda de la ilustre Cocot y la pobre mujer quedó situada en una especie de derecha presumida. La acusó de que se emocionaba con el Guernica de Picasso y no tenía memoria para los bombardeos del ’55; que tenía sensibilidad para los hambrientos del primer mundo y no para los de acá a la vuelta; que esta jerarquía de preocupaciones era la misma con la que había vivido Victoria Ocampo; que no se le podía creer a una columnista dominical que se olvida de los derechos humanos y sólo se ocupa de los sentimientos benéficos.

Que los alumnos de Filosofía y Letras se emplean en editoriales cuando egresan, hacen informes sobre originales y son obedientes a esos gustos canónicos institucionales que la Cocot imponía desde su actividad académica; que sólo lee a la Cocot para saber en qué anda la derecha argentina ilustrada.
La política ha cavado surcos muy hondos en las cabezas de los escritores argentinos, es una fuerza colectiva que les absorbe buena parte de su energía personal creativa.
"¿Y cómo podría el arte ser político? (...) Dejemos al artista a solas con su obra. Seamos discretos. El arte es una empresa delicada que se realiza en la penumbra"
Gombrowicz, tanto como Borges, tenía una relación extraña con la política, se interesaba más por el estilo de los políticos y de los jefes militares que por las ideas que representaban.

Buscaba la liberación de su conciencia, estaba convencido de la bancarrota de todas las ideologías políticas, de las de izquierda y de las de derecha. Siguiendo las enseñanzas de su colega Marx pensaba que había llegado el momento de estudiar el condicionamiento de la conciencia, no sólo la de los aguaciles del capitalismo, sino también la de los estudiantes que profieren injurias en un mitin.
Desde adolescente se sintió en rebeldía contra las instituciones que utiliza la colectividad para presionar sobre el individuo y desde entonces estuvo convencido de que ninguna reforma violenta puede transformar el mundo en un paraíso. Mientras, por un lado, seguía perteneciendo a la vieja época de la buena educación política en la que la gente se expresaba con mayor moderación y seriedad, por otro, era un representante de los tiempos modernos poniéndose en contra de todo lo que facilitaba la existencia: el dinero, el origen, los estudios y las relaciones.
Hubiese utilizado el comunismo como un instrumento para destruir el conjunto de condiciones que fatalmente lo determinaban si no fuera porque no creía que la teorías fueran capaces de transformar verdaderamente la vida.
Contrariamente a lo que se ha dicho y escrito sobre Gombrowicz nunca fue indiferente al siniestro problema de la vida fácil de los ricos y la vida difícil de los pobres.
El miedo a ser engañado por sus colegas, por lo editores y por los lectores era entonces un sentimiento más o menos permanente de Gombrowicz, pero también lo era el temor de expresar su agradecimiento. Los sentimientos de gratitud de Gombrowicz era muy inestables, quizás haya hecho algunas excepciones con Bruno Schulz, pero no demasiadas.

Cuando se publicó en Francia el "Traité des mannequins" de su amigo difunto, Nadeau puso en el prefacio que había que asegurarle un lugar entre los grandes escritores de nuestra época.
Sin embargo, cuando Gombrowicz se siente obligado a decir algo en los diarios sobre la aparición de esta obra insigne no se encuentra del todo cómodo.
"Pero en este momento, en julio, todavía no se puede decir nada, no es fácil predecir la suerte en París de una obra extraordinaria. ¡Al diablo con París! Pese a todo, ¡cómo cansa París! Si no fuera por París, yo no tendría que escribir el presente souvenir sobre el amigo difunto, ¡este ejercicio estilístico me sería ahorrado!"
La gratitud era un sentimiento que no le caía bien, no porque fuera ingrato, sino porque le resultaba incómodo, difícil de expresar y, por eso mismo, peligroso.

Por acá, en la Argentina, sus gestos de gratitud no fueron muy frecuentes, se le pueden contabilizar, sin embargo, algunos regalos: una escultura de yeso muy bonita, un frasco de mermelada, un libro de pinturas, una sandía con su firma, un arrodillamiento conmovedor para agradecer cinco litros de kerosene, y una cantidad considerable de dedicatorias que estampaba en cualquier tipo de libros.
El miedo a ser engañado y el sentimiento de gratitud se me subieron arriba de la mesa y empezaron a mirarme desde una carta que me había escrito el Manco para estas fiestas.
"Querido Gómez: No soy afecto al elogio facilongo, tan habitual en el gallinero literario (como la puñalada por la espalda). También, convengamos, Usted impone, Gómez, como todo iconoclasta, además de admiración un cierto temor (...)"

"Es el temor que imponen los que no tienen nada que perder en un mundito donde todos escriben para ganar algo: sexo-dinero-poder. Volviendo al motivo de este mail: con la excusa de que Usted tuvo la amistosa deferencia de enviarme un saludo para estas fiestas –como seguramente lo hizo con todos los que integramos su club del clan gombrowiczida– y considerando que además del saludo usted hizo una reflexión que comparto sobre el carácter de las mismas (vitel toné, lechón, pan dulce, nueces, alcoholes, sudores, parientes, cuetes, cañitas voladoras y buscapiés ), le escribo para confesarle un sentimiento: creo que Usted viene armando uno de los libros más fuertes y apasionados por estos pagos. La pasión –coincidirá conmigo, Gómez, últimamente tiene mala prensa y viene devaluada– (...)"

"Con el "Facundo" o el "Borges" de Bioy Casares su "Gombrowicz" comparte una furia y un amor que necesariamente, en su desmesura, abarca los rasgos de la biografía, la confesión, el ensayo, la novela, el tratado social y la crónica de costumbres. Su literatura sobre Gombrowicz padece, por fortuna, el síndrome de la Biblioteca Infinita –en eso convirtió Usted a Gombrowicz: en un infinito–. Pero quizá el mérito mayor es haber convertido su obra, la de Usted, digo, –de a ratos crispada, siempre irónica y lúcida, siempre encendida– en un acto de escritura que refiere no sólo una radiografía del cosmos Gombrowicz sino también –quizá de modo inexorable– en una afinidad sutil con otro polaco, un tal Korzeniowski. ¿Acaso su Gombrowicz no es su Kurtz personal? ‘Ah, el horror, el horror’, pero también la felicidad de una escritura que nos enfrenta con nuestras virtudes (las menos) y nuestras miserias (las más). Felices fiestas, Gómez. Guillermo Saccomanno"

samedi 25 octobre 2008

Juan Carlos GOMEZ/ Zofia NALKOWSKA & Witold GOMBROWICZ

Zofia NALKOWSKA



juan carlos g{omez
junacagomz@yahoo.com.ar

Juan Carlos GOMEZ sobre Azul@rte:
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GOMBROWICZIDAS
Zofia NALKOWSKA & Witold GOMBROWICZ
Por Juan Carlos Gomez

Después de la batalla de Varsovia que los polacos libraron con los bolcheviques en el año 1920 a Gombrowicz le quedaron claras dos cosas: que era un desertor nato y que no tenía sentimientos de pertenencia. "Ivona" y "Ferdydurke" son obras que Gombrowicz escribe antes de la segunda guerra mundial, por lo tanto no puede haber en ellas referencias a este conflicto, pero sí aparece oculta entre las sombras la batalla de Varsovia, y aparece porque una de las formas que utilizaba para ajustar las cuentas con su debilidad era burlarse de ella y de las causas que se la provocaban.

"A Nalkowska le debo el haber retirado a tiempo de ‘Ferdydurke’ un pequeño verso que parodiaba ‘La primera Brigada’ de las Legiones. Puso el grito en el cielo (...) Pero, aunque todo lo que se refería al mito de Pilsudski y las Legiones estaba lejos de poder ser comentado libremente en la prensa o los libros, cada uno podía hablar de lo que se le venía en gana"

Zofia Nalkowska en Varsovia, tanto como Victoria Ocampo en Buenos Aires, fueron damas que convirtieron a sus casas en verdaderos centros culturales para el desarrollo de la vida literaria. Gombrowicz conoció a Bruno Schulz en la casa de Zofia, después de la publicación de "Las tiendas de color canela". Ese modesto maestro, un ser indefenso al que todo el mundo le daba palmaditas en la espalda para animarlo, fue consagrado en la casa de Nalkowska. Schulz estaba deslumbrado: –Hizo que le leyera las primeras páginas, después se detuvo y me pidió que le dejara el manuscrito para terminar de leerlo ella sola. Es una mujer maravillosa. A la tarde de ese mismo día Nalkowska exclamó: –Es la revelación más sensacional de nuestra producción novelística. Mañana mismo iré a la editorial para que publique el libro.

"La señora Zofia, el único miembro femenino de la Academia de Literatura, se sentaba en el sofá y guiaba la conversación a la manera de las distinguidas matronas de antes de la guerra; todo ello me recordaba los five o’clock de mi madre o las recepciones organizadas por las canonesas. Sin embargo, no cabía duda de que la inteligencia y la cultura de esa mujer eminente marcaba el nivel de la conversación y dominaba perfectamente a diversos elementos que participaban en esas charlas (...) Su talante mundano fracasaba únicamente en presencia de Witkiewicz; cuando aparecía ese gigante pesado con la cara de un astuto esquizofrénico, la señora Zofia lanzaba a sus confidentes una miradas desesperadas, porque desde ese mismo momento se terminaba la conversación y Witkacy tomaba la palabra"

El círculo de las relaciones de la señora Nalkowska era muy vasto, abarcaba también al mundo político, hasta el mariscal Pilsudski había pasado algunos días en su casa. Con las mujeres mantenía relaciones bastante complejas y hasta perversas, no les tenía afecto y prefería la compañía masculina. En el fondo Gombrowicz no soportaba a los polacos como la Nalkowska que asimilaban el savoir vivre europeo eludiendo al mismo tiempo una confrontación esencial con Occidente. Una tarde Gombrowicz caminaba con ella por un parque de alamedas: –¡Ah, fíjese en esa línea... es una belleza coronada...! ¡Qué chic es ese árbol...! ¡Pero si parece una verdadera dama...! Gombrowicz no aguantó más: –¡Se ve que usted pone toda su alma en ese árbol!; –Es verdad, la belleza no sólo me hace la vida más difícil, sino que además me impide encontrar una actitud normal frente a ella.

Zofia Nalkowska, igual que Victoria Ocampo, descubrió y apoyó con entusiasmo a muchos escritores que fueron importantes, a Gombrowicz tampoco le escatimó la ayuda y los consejos. Algo que no es tan fácil de explicar debió ocurrir entre Victoria Ocampo y Gombrowicz, estas dos mujeres eminentes estaban acostumbradas a tratar con locos y con toda la variedad de trastornos que tiene el género humano. Gombrowicz no rechazó a Nalkowska por sus relaciones sumisas con Europa y con la belleza, pero sí la rechazó a Victoria Ocampo por las mismas razones y la trató con desconsideración, una dama aristocrática apoyada en muchos millones que acostumbraba a hospedar en su casa a celebridades europeas, y sobre la que se hacía una pregunta que no se atrevía a contestar: ¿En qué medida influyeron en esas majestuosas amistades los millones de la señora Ocampo y en qué medida sus indudables calidades y su talento personal?

Y a la inversa, la Nalkowska no rechazó a Witkiewicz, a pesar de que era un pesado inaguantable, un loco de remate, porque tenía talento. Pero la Ocampo sí lo rechazó a Gombrowicz, ¿por qué?, ¿porque era qué?, ¿porque no tenía talento?...
Gombrowicz, hablando de un libro, mantuvo una conversación con la Nalkowska que bien podía haberla tenido con la Ocampo.
"Hay ahí, Witold, un montón de observaciones excelentes, de distintos sabores y saborcillos, una especie de cordialidad sui generis, ¿comprende?, algo especial..., pero hay que entrar en ello, fijarse de cerca, buscarlo...; –Sí, señora, Si usted se pone a mirar con atención esta caja de cerillas, extraerá de ella mundos enteros. Si va a buscar sabores en un libro, seguro que los encontrará, porque está escrito: buscad y encontraréis (...)"

"Pero un crítico no debería explorar ni buscar, que se quede sentado con los brazos cruzados esperando que el libro dé con él. A los talentos no hay que buscarlos con un microscopio, el talento debería dar señales de vida él mismo haciendo doblar todas las campanas"
La Ocampo escuchó el doblar de las campanas en 1967, cuando Gombrowicz recibe el Premio Internacional de Literatura, pero ya era tarde para ella.
"Antes de cruzar las espadas con la Suma Sacerdotisa del culto inmaduro de la Madurez, Victoria Ocampo, que nos sea permitido tributarle un cortés saludo. Victoria Ocampo es inteligente y tiene personalidad (...)"

"¡Viva Victoria Ocampo! Empero, esta poderosa Dama Mundana, esta alma violenta y apasionada, bañada en ignotas e infinitas soberbias, en indescriptibles y sangrientos lujos del Medioevo Sudamericano, por un indescifrable Misterio de su iglesia interna se convierte en una niña temblorosa cuando se encuentra con lo que ella misma llama ‘Valery y Francia’ (...)"
"¡Muera Vitoria Ocampo! Vedla como se esquiva, se aniquila, se inmaduriza frente a Valery (...) Pero chiquilla, aunque no fueses Victoria sino la más humilde y más inmadura de las hermosas hijas de esta tierra, no te conviene arrodillarte (...) Ni América es tan inmadura ni Europa es tan madura"


vendredi 24 octobre 2008

Juan Carlos GOMEZ/Witold GOMBROWICZ & Alicia GIANGRANDE

Alicia GIANGRANDE



GOMBROWICZIDAS
Witold GOMBROWICZ & Alicia GIANGRANDE
Por Juan Carlos Gomez

Alicia Giangrande nacida en Polonia terminó sus estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad de Varsovia en el mismo año en que apareció "Ferdydurke".
Emigrada a la Argentina después de la guerra se dedicó a la pintura, se casó con Silvio Giangrade y fue una buena amiga de Gombrowicz.
"Estuve presente en el ‘bum’ de ‘Ferdydurke’ en Polonia cuando los periódicos principales le dedicaron grandes artículos. A Gombrowicz lo conocí personalmente en la Argentina en 1950, yo todavía vivía en el centro de Buenos Aires y de vez en cuando venía a visitarme.
Finalmente Alicia se mudó a la "Piedra amorosa", así se llamaba la casa que tenían los Giangrande en una quinta de Hurlingham, y es allí donde yo la conocí una tarde en que le contaba a los invitados cómo había estado presente en la casa de Zofia Nalkowska el día en que Bruno Schulz la visitó y le dio a leer "Las tiendas de color canela".

Alicia y Silvio eran buenos, cordiales y lo querían a Gombrowicz. En esa quinta tuve que padecer el primer encuentro con los Giangrande por culpa de una broma pesada que me gastó Gombrowicz aprovechándose de mi ignorancia.
Desde muy joven la admiración había constituido para Gombrowicz un problema muy especial. No sé que es lo que habrá hecho en Polonia pero por aquí entraba a las exposiciones renqueando apoyándose en alguno de nosotros; si alguien le preguntaba por qué renqueaba respondía que lo hacía para compensar algún desequilibrio de la propia exposición, o que renqueaba porque le dolía mucho una pierna y que era una verdadera lástima que la belleza de la pintura calmara mucho menos el dolor que una aspirina.

Cuando me presentó las esculturas metálicas del esposo de Alicia hizo todo lo posible para que yo no me pusiera en pose de admirador: –Vea, son unos pluviómetros muy especiales que se fabrican aquí para una empresa agrícola. Yo no supe a qué atenerme pues las esculturas de Chio no se diferenciaban gran cosa de esos artefactos, pero tenía mis sospechas de que no eran pluviómetros.
Alicia Giangrande organizaba reuniones literarias en su casa con temas elegidos de antemano, había preparado en su quinta una mesa redonda a la que dio en llamar: "La influencia nefasta de Gutenberg en la literatura de nuestro tiempo". Los invitados principales eran Gombrowicz y Sabato, pero también estaban González Lanuza, Julio Payro, Guillermo de Torre y otros más. Gombrowicz empezó a hablar de los escritores en general y de los hombres de letras presentes en particular.

"Ustedes hablan de literatura sin parar pero en realidad ninguno ha leído a Shakespeare ni a Cervantes; –¿Pero qué barbaridades está diciendo usted?; –Bueno, pero aunque los hayan leído es seguro que no los comprendieron bien pues sólo un genio puede comprender a otro genio"
Los viajes que hacía con Gombrowicz a Hurlingham a veces se convertían en una aventura que poco tenía que ver con la literatura. Una noche regresábamos a Buenos Aires. El tren estaba repleto, los coches de pasajeros estaban completos, viajábamos en un coche de cargas. Un grupo de brutos fumaba e imprecaba cerca nuestro, y como Gombrowicz los miraba con una mirada intensa de desprecio, ellos también nos empezaron a mirar. Mientras crecía la tensión Gombrowicz empezó a hablar en francés, un poco para mí pero, más bien, para la ciudad y para el mundo.

Yo no tenía ganas de meterme en líos con esos brutos, así que lo miraba y sonreía beatíficamente. A Gombrowicz, sin ningún punto de apoyo, se le fue transformando la mirada; del desprecio pasó al disgusto, del disgusto a la neutralidad, y de la neutralidad al miedo. Estas situaciones se le debieron presentar con alguna frecuencia, Gombrowicz que era un busca pleitos y un provocador.

"A veces venía a tomar el té con su amigo Gómez. Me acuerdo un día en el que quiso oír unos discos. Escuchaba religiosamente la música con Gómez. En un momento dado, salí al jardín. Todavía era invierno y encontré una gran flor de magnolia que acababa de abrirse. Entré para decirle que viniera a ver lo bella que era. Witold me respondió sin moverse: –Le creo, Alicia. Y siguió escuchando la música"

En la casa de Hurlingham de los Giangrande se filmaron algunos pasajes de "Gombrowicz o la seducción", la película de Fischerman, el más entrañable de todos resultó el de la pequeña niña polaca recitando el chip chip.
Antes del viaje que hicimos con Gombrowicz a Piriápolis, a fines de 1961, Gombrowicz pasó unas vacaciones en la quinta de Alicia y Silvio Giangrande. Llevaba en la valija varias decenas de páginas de "Cosmos" y el libro de un grabador alemán que le dedica a Alicia.
"Noble Alicia, este regalo es de mi editor alemán. A mí, que soy un profundo ignorante de la pintura, me deja indiferente. Piense un poco, Alicia, ¿dónde podría conseguir los tratados de Lhote (en español) para Flor de Quilombo, mi protegido de Tandil. Hoy he comido una milanesa con puré, lo que demuestra que mi hígado funciona más o menos bien. Esta dedicatoria es existencialista al nuevo estilo. Me inclino ante usted y ante el Gandhi (Silvio) de Hurlingham. W. Gombrowicz"

Los intentos que hizo Alicia para ayudar a Gombrowicz, igual que tantos otros intentos, resultaron vanos. A pesar de todos los infortunios que había padecido no ponía ninguna voluntad por aceptarlos.
Lo habían zamarreado en las pensiones cuando se escapaba sin pagar, había llegado desfallecido a la casa de algún polaco para que le dieran de comer, había dormido sobre papeles de diario en una casa de Morón, había recorrido los suburbios para que los cadáveres le dieran de almorzar en los homenajes que le hacían al muerto. El hambre, el frío y las chinches no le faltaron en los primeros años de vida en la Argentina.
"A veces me pregunto qué hubiera pasado si la seriedad con la que me toman en Europa me hubiera sido demostrada allá, en la Argentina. Creo que hubiera sido un factor negativo, porque mi literatura tenía que formarse en la soledad"

Grandes árboles, una casa blanca de una sola planta, y unos perros negros y greñudos que demostraban su afecto saltando sobre los invitados. Silvio había sido capitán de la marina de guerra italiana, y hablaba poco.
"Uno llega a un lugar, toma té, conversa, después abre la valija, dispone las cosas en la habitación de los invitados... ¿No es uno de los temas centrales de mi vida? Escuchar nuevos susurros, respirar aire extraño, penetrar en un sistema desconocido de sonidos, olores, luces"
Gombrowicz había ido a Hurlingham a descansar y a encontrarse consigo mismo para seguir con "Cosmos". Alicia era pintora y Silvio escultor, se habían convertido poco a poco en una pareja de plásticos.

"Al hablar con ellos, su dedicación al arte en esa quinta y ese proyecto suyo tan mimado, me ha parecido próximo a la bancarrota; en lo que decían no había alegría, sino más bien amargura, decepción, en fin, esas muestras de desencanto con que ahora me encuentro continuamente en el mundo de la pintura"
En las artes plásticas se ha impuesto una manera de ver y de recrear que hace que una persona del todo mediocre pueda llegar a crear una obra nada mala. Gombrowicz estaba complacido con la decadencia de ese arte impuro que siempre había estado ligado al instinto de posesión y al comercio, más que al placer estético.
Poco a poco Gombrowicz se fue dando cuenta que Helena, la sirvienta de la casa, no se comportaba de un modo normal.
Era aplicada y amable, pero... Alicia le cuenta que es paranoica, que el diagnóstico se lo había hecho el psiquiatra.
"A veces tiene ataques, y me hace escenas, pero después se le pasa. Lo peor es que, como dice el médico, es peligrosa, en el momento menos pensado puede tener una crisis de verdad y agarrar un cuchillo; –¿Y no tenéis miedo de estar con ella? Cio pasa mucho tiempo fuera de casa y usted está sola; –¿Y qué podemos hacer? ¿Despedirla? ¿Quién emplearía a una loca? ¿Y su hija? ¿Qué hacer con la niña? ¿Enviar a Helena al hospital? No está lo bastante loca, sería inhumano encerrar en un manicomio a una persona como ella... Además los manicomios están repletos, son un verdadero infierno"
Había dos asuntos que Gombrowicz distinguía muy especialmente en sus rituales: el placer que le proporcionaba la comida y el miedo a ser asesinado. Con el cuento que le estaba contando Alicia Gombrowicz enseguida pensó que podía ser asesinado.
Comía con buen apetito, de una manera disciplinada y ceremoniosa y se negaba sistemáticamente a compartir su habitación con nadie por temor a que lo estrangularan. Esta aprensión la usó como argumento para escaparse de las casas de los Giangrande y de los Swieczewski después de haber pasado unos días de vacaciones en ellas.
No existe manía de Gombrowicz de la vida de todos los días que no aparezca en sus creaciones. El asesinato toma las formas de la antropofagia en el cuerpo de un niño al que unos aristócratas se manducan en un almuerzo, de la estrangulación de animales y de personas y, en fin, de todo tipo de muertes como en las obras de Shakespeare.
Mientras toma una decisión sobre qué hacer con la locura de la sirvienta sigue meditando en esa casa de Hurlingham; a su juicio el hombre nunca se ha planteado suficientemente el problema de la cantidad.

No es lo mismo ser un hombre entre mil millones que sólo entre doscientos mil. No es lo mismo un hombre de la época de Demócrito que de la de Brahms.
"Vive en nosotros la conciencia del hombre único del tiempo de Adán. Nuestra filosofía es la filosofía de los Adanes. El arte es el arte de los Adanes"
La expresión no sólo debería estar separada entre la fase ascendente de la juventud y la descendente de la vejez, sino también debería identificar a qué cantidad de hombres expresa.
La épica, la sociología y la psicología a veces expresan al rebaño humano, pero desde el exterior, como a cualquier otro rebaño. No es suficiente que Homero o Zola se ocupen de la masa ni que Marx la analice, esas voces deberían tener algo que nos permita saber si pertenecen a un mundo de miles o de millones hombres, deberían estar saturadas de la cantidad hasta la médula.

Estas reflexiones sobre la cantidad las hace a propósito de la sirvienta Helena. Si él no se apiada de ella quién se va a apiadar. Pero no es la piedad de una sola persona, también la piedad se ha multiplicado, sólo en Buenos Aires debe haber en ese momento una cien mil almas apiadándose de alguien.
Y la piedad en grandes cantidades le produce risa, una risa muy particular y tremendamente humana. Quiere comprobar si este problema es real o imaginario, pero no tiene tiempo de saberlo, tiene que huir, que otros centenares de miles de cabezas se ocupen de todo esto, él tenía miedo de ser asesinado.
Era tal la atracción que el asesinato ejercía sobre Gombrowicz que cuando sospechaba que alguno de nosotros no había leído "Ferdydurke", o lo habíamos leído en forma incompleta, nos preguntaba en qué capítulo asesinaban al conejo.

Alicia era menos formal con otras personas que con Gombrowicz. Una tarde entró con el Pterodáctilo a una casa de electrodomésticos de un amigo. Como el amigo no estaba, en un descuido de la empleada, el Pterodáctilo agarró una aspiradora y los dos salieron corriendo del negocio. Entraron al Petit Café de Santa Fe y Callao donde estaba sentado el amigo conversando tranquilamente; –¿Qué hacen ustedes con esa aspiradora?; –No sabés, es lo único que pudimos salvar, un robo con armas de puño en tu local, ¡qué susto! El amigo salió corriendo del Petit Café como un loco, con la aspiradora en la mano.



mercredi 22 octobre 2008

Juan Carlos GOMEZ/Witold GOMBROWICZ & José TONO MARTÍNEZ



GOMBROWICZIDAS
Witold GOMBROWICZ & José TONO MARTÍNEZ
Por Juan Carlos Gomez

Es muy difícil analizar a un hombre cuando se lo recorta de la totalidad de su humanidad, es por eso que el pensamiento se resbala con facilidad cuando hace indagaciones sobre una persona en términos de homosexual o de negro o de judío, por ejemplo, abriéndole las puertas, la mayor parte de las veces, a los prejuicios y a la arbitrariedad, siendo la homosexualidad un virus que puede afectar tanto a los negros como a las judíos.

La discriminación es una actitud que tiene alcances diferentes, los españoles se han especializado a través de los siglos en discriminar a los vascos, el mundo entero discrimina a los judíos y a los negros, y una región indeterminada del planeta discrimina a los homosexuales. Yo mismo, como hijo, nieto, bisnieto, tataranieto... de españoles algo me pasa con los vascos.

La presentación de "Cartas a un amigo argentino" en el Centro Cultural de España resultó ser un acontecimiento apoteótico que provocó un gran entusiasmo en el Bucanero, tanto que me invitó a un encuentro en la Casa de América de España en la que sería recibido con todos los honores, entre otros, por el Orate Blaguer. Lamentablemente para mí el viaje fracasó, Íñigo Ramírez de Haro lo mandó de paseo al Bucanero, le manifestó que yo era un don nadie y que sólo le daría el visto bueno al proyecto si también lo invitaba al Pterodáctilo.

Este ilustre hombre de letras hispanohablante, que ya tenía a cuestas el Premio Cervantes de Literatura, pidió una suma considerable de dólares que Ramírez de Haro no pudo soportar, y eso a pesar de los preparativos que estaba haciendo el Orate Blaguer en "Babelia" para darme un recibimiento adecuado.

"Nuestro amigo José Tono Martínez, director del Instituto de Cooperación Internacional, e Íñigo Ramírez de Haro, director de la Casa de América, son, como tú sabes, vascos. El vasco es un animal pirenaico que cuando lo bautizan se vuelve peligroso y ataca al hombre. Por lo tanto, habiendo la Divina Providencia dispuesto en su infinita sabiduría que estos dos cristianos organizaran nuestro encuentro el proyecto estaba destinado al fracaso desde el mismo comienzo"

En aquel entonces, antes de la presentación del libro en el Centro Cultural de España, tuve una conversación breve con la Hierática: –Goma, aparte de Sabato, ¿querés que alguna otra persona presente el libro?; –Claro, Alan Pauls, es el más fotogénico de los escritores argentinos y nos asegura, por la parte baja, la presencia de un par de docenas de mujeres.

El Bucanero se fue de la Argentina con el rabo entre las piernas, la España falangista de Aznar le había quitado el caramelo a este Bucanero de la España socialista, es decir, le había quitado la dirección del Instituto de Cooperación Internacional, y esto lo había ofendido muchísimo y mortificado profundamente. Para tomar una condigna revancha escribe "La venganza del gallego", un libro de memorias en el que manifiesta un reconocimiento agradecido al trato que recibió por parte de los argentinos, pero a la vez expresa una crítica corrosiva contra los sectores reaccionarios, tanto de la Argentina como de España.

En algunas de sus páginas recuerda con cariño el día en el que "Cartas a un amigo argentino" fue presentado en el Centro Cultural de España, unas páginas que me trajeron a la memoria esa jornada inolvidable en la que pude juntar las cabezas del Pterodáctilo y del Buey Corneta con un solo golpe de la varita mágica de Gombrowicz.

Cuando ya había publicado "La venganza del gallego" una tarde me crucé al Bucanero por la calle Florida y estuvimos recordando la noche memorable del ICI y algunos agravios que llevaba sobre las espaldas como una cruz.

"La otra obsesión de Sabato era conseguir vender cualquiera de sus cuadros a alguna institución museística española. Pedía cien mil dólares. Me explicó que España tenía mucho dinero y que él lo necesitaba (...)"

"Nos sentamos de nuevo y volvimos a sus libros y por fin pude fijarle la mente en Gombrowicz, mi agenda secreta. Me dijo que él había sido el único en darse cuenta de que Witold era un genio. Le pregunté por la famosa cena en la casa de Bioy Casáres y me respondió: ‘Yo sólo he hecho llorar a Victoria Ocampo dos veces en mi vida: la primera fue cuando le reproché lo que estaban haciendo con Gombrowicz; la segunda... no se la puedo decir’ (...)"

"En 1999 salieron en Emecé las ‘Cartas a un amigo argentino’, las cartas que Gombrowicz dirige a Juan Carlos Gómez, ‘Goma’, después de dejar Buenos Aires y trasladarse a Europa. Previamente a la presentación del libro, proyectamos la película de Alberto Fischerman ‘Gombrowicz o la seducción’, de 1986, con guión de aquél y de Rodolfo Rabanal (...)"

"Cuatro discípulos de Gombrowicz son convocados por el director, en una sola noche, a conversar y a recordar al maestro ausente. Y lo cierto es que consiguieron traerlo del túnel del tiempo, con una lucha emocional y una tensión que el espectador puede percibir, como si Gombrowicz estuviera entre bastidores. La sesión fue presentada por un parlamento brillante de Alan Pauls, que es un lujo, y luego habló Sabato (...)"

"Ese año Sabato había tenido un bajón de salud enorme y yo creo que tenía dificultades para reconocer las situaciones. Nos contó acerca de su última visita a Gombrowicz y a Rita en Vence, cuando aquél ya estaba muy enfermo. Pero, igual que un disco rayado, cada vez que se acercaba el momento de contarnos lo que el polaco le había dicho, Sabato se detenía, como si fuera a llorar, y volví al mismo relato de su llegada a Vence. Repitió tres o cuatro veces el mismo movimiento de aproximación, sin que nadie se atreviera a interrumpirlo. Al final, le toqué el brazo y le dije al oído: ‘Ernesto, ya está bien, creo que todos lo hemos entendido’. Y el público lo despidió con un enorme aplauso (...)"
El desaire que me había hecho la Casa de América y la actitud ambigua que había tenido conmigo el Bucanero para ocultar el fracaso de su proyecto me resultaron indigeribles así que me vi obligado a buscar inspiración en mi maestro.

Gombrowicz era una persona propensa a provocar a los demás utilizando los insultos. En una carta que nos escribe desde Berlín nos lo pone bien en claro: "Anteayer inicié en el café Zuntz de Berlín las reuniones artísticas pues quiero dotar a esta ciudad de un café artístico. Escritores: Grass, Johnson, Weiss (...) Lamentablemente, por ahora, no puedo insultar a nadie, lo que otorga no sé qué de irreal al ambiente"
Cuando fracasó la invitación que me había hecho el Bucanero para hacer el viaje a España me agarraron unas ganas incontenibles de insultarlo.
"¿Qué necesidad tenías de ofenderme de esta manera? Hace más de cuatro meses que vienes arrastrando, con tu Armada Brancaleone, el designio de conquistar Madrid. Pero, ¿por qué me complicas en tus proyectos de capitán de una armada fracasada? (....)"

"Porque tú, más que un intermediario de la cultura, pareces uno de esos viejos bucaneros con pata de palo y un loro en el hombro. Para ti, detrás de un nombre no hay una persona sino un botín. Los corsarios atesoran oro y tú coleccionas personas, por el tiempo que te sirven según el alcance de tus cortas entendederas, ambos para acrecentar una riqueza vana con la que os vais a la tumba. En tanto que filibustero no tienes que mostrarte educado pero cuando te pones el disfraz de mensajero de la inteligencia debieras fingir que tienes modales pues con tus tonterías no sólo me has ofendido a mí sino también a mi familia y a mis amigos habiendo quedado en claro que eres un hombre sin nobleza. Y bien, no has desempeñado bien tu papel de auxiliar de la cultura, te has comportado como un vulgar maleducado y un pusilánime que se esconde detrás de los teléfonos y de las polleras de las secretarias (...)"

"¡Bonito regalo le dejas a una mujer distinguida como Mercedes Viviani! Porque cuando tú, finalmente y gracias a Dios, te vuelvas a España, Mercedes se quedará aquí, con nosotros, afeada durante un tiempo por el teatro que le obligaste a representar para ocultar la torpeza y obscuridad de tus quimeras (...)"
"Mientras el mundo me trata con respeto y admiración crecientes, yo, por un momento, no he estado a la altura de estas consideraciones pues me he dejado llevar de las narices por un palurdo mediocre, tan poco caballero que ni siquiera sabe pedir disculpas. Me queda, sin embargo, un recuerdo imborrable. La paliza que te di con tu ajedrez polaco y esa imagen de tu rey corriendo en bombachas por todo el tablero aullando de dolor al ritmo de los formidables azotes que le propinaba. No hay historia de piratas que tenga un final feliz"

Juan Carlos GOMEZ/Witold GOMBROWICZ, Adolfo DE OBIETA & Eduardo GONZÁLEZ LANUZA

Eduardo GONZÁLEZ LANUZA


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GOMBROWICZIDAS
Witold GOMBROWICZ, Adolfo DE OBIETA & Eduardo GONZÁLEZ LANUZA

Por Juan Carlos Gomez

Cuando a fines de 1945 Gombrowicz anuncia en el café Rex que va a regresar a la literatura con la traducción de "Ferdydurke", sus amigos se proponen ayudarlo. Era preciso asegurarle la subsistencia para que se dedicara exclusivamente a la traducción; Adolfo de Obieta se ocupa de organizar a los amigos.
"En lugar de buscar un mecenas habíamos tenido la idea de reunir a una docena de amigos de buena voluntad cuya contribución sería de cien pesos cada uno, lo que nos permitiría reunir mil doscientos pesos, o sea una subvención de trescientos pesos por mes. Se precisaba que no se trataba de un regalo sino de un préstamo, pues los cien pesos les serían devueltos a cada contribuyente cuando se cobraran los derechos de autor. Era una especie de fondo nacional para las artes... Pero en esta ocasión, como en tantas otras, la solución vino de parte de Cecilia Benedit de Debenedetti a quien Gombrowicz dedicó la edición argentina de ‘Ferdydurke’ (...)"

Adolfo de Obieta había publicado, antes de que Gombrowicz emprendiera la traducción de "Ferdydurke", un cuento que forma parte de esta novela: "Filifor forrado de niño". A pesar de la buena voluntad que le manifestaba el hijo de Macedonio Fernández Gombrowicz no hacía excepciones con él.
"Hubiera podido escribir un libro sobre el arte de caer en desgracia. Creo que González Lanuza ha dado cátedra acerca de las cien maneras de hacerse querer; Gombrowicz hubiera podido describir las cien maneras de resultar desagradable (...) A parte del hecho de que diera vueltas en torno a su órbita solitaria, era capaz, en el momento de sus apariciones, de dar pruebas de un talento único para desagradar. Hubiera podido escribir un libro sobre el arte de caer en desgracia (....)"

"No hacía como algunos aristócratas que se muestran groseros durante dos minutos para liberarse para siempre de una persona molesta, sino que a veces se entusiasmaba con sus maniobras de autodefensa y era capaz de alienarse a personas que podrían admirarle y ayudarle. Ese demonio nunca lo abandonó (...)"
"Me gustaría añadir, para rendirle un homenaje, que nunca lo he oído quejarse. Este hombre que había escrito ‘Ferdydurke’, que se había quedado sin nada, encontraba probablemente más gracia y más lógica que nosotros en su propia vida. El aristócrata podía ser incisivo, excesivo, antipático, pero no podía ser amargo. Su respuesta no era el gruñido, ni la irritación, ni la resignación, su respuesta era Gombrowicz"
Eduardo González Lanuza padeció el exceso de antipatía que despertaba Gombrowicz más que ningún otro hombre de letras argentino.
Cuando apareció el "Diario argentino" escribió una nota excelente para la revista "Sur", un texto que la Vaca Sagrada le pidió como testimonio para su "Gombrowicz en Argentina", pero no lo publicó. De igual modo le mandó un ejemplar dedicado a través de Alicia Giangrande.
"Debo agradeceros los trabajos que os habéis tomado para enviarme el tomo del repelente Gombrowicz, o como sea, aunque acaso hubiese sido mejor que directamente se lo hubierais entregado a alguno de sus admiradores. No sé por qué la señora Rita se tomó el trabajo de pedir mi autorización para publicar mi artículo de ‘Sur’ y, a última hora, decidió prescindir de él, pero no de alguna carta de ese caballero en la que me alude con su habitual insolencia.: ‘Está aquí González Lanuza que huye ante mí tal un conejo ante un león embravecido, pero no tiene donde escaparse así que lo agarro y lo jodo’ (carta desde Piriápolis, 14 de febrero 1963 a Mariano Betelú a quien en otras cartas le llama ‘cariñosamente’ con el significativo sobrenombre de ‘Flor de Quilombo’!!!) (...)"

"En verdad, cuando lo veía llegar con su estampa de antipático profesional, de haber sido ello posible, mi primer deseo hubiera sido desaparecer, no por el insensato temor conejil que me atribuía, sino por liberarme de la presencia de su presuntuosa y presunta superioridad, que me producía, no temor, sino algo muy distinto: aburrimiento. La pedantería siempre me ha resultado insoportable: era bastante sintomática su preferencia por la inmadurez juvenil, no del todo desprovista de cierto matiz pederástico"
Hay que decir, sin embargo, que González Lanuza escribió hace más de cuarenta años un buen texto sobre el "Diario argentino", una pequeño ensayo que aventaja con holgura muchas intervenciones posteriores de los escritores hispanohablantes. Algunos de sus pasajes nos muestran cuánta era la paciencia que tenía con Gombrowicz.

"Erguido, con el aire de quien se ha tragado un asador y se siente feliz al no acabar de digerirlo, sentado frente a su interlocutor, pero no del todo de frente, sino de modo tal que su mirada forme un ángulo, no excesivo pero evidente, digamos de unos quince grados, para que esa pequeña pero significativa desviación señale las diferencia entre el ser y el no-ser, accediendo al reconocimiento del semi-ser ajeno, no por caridad, sino por necesidades intelectuales imprescindibles para no confesarse que está hablando a solas (...) Nos dice que durante un tiempo se hizo pasar por conde. En realidad habría que reprocharle la excesiva facilidad del embuste, pues su natural empaque lo hace de una verosimilitud abrumadora (...)"

"Padecí el flagelo de su inteligencia, tan lúcida como inaguantable por su inmisericorde falta de intermitencias, durante las largas tardes arruinadas por ella, de un verano entero en mi retiro piriapolitano (...)"
"Llegaba con el confesado propósito de discutir conmigo. Ver disminuir la numerosa soledad de mis pinos marítimos por la condescendiente presencia de un caballero polaco que venía a imponerme su personal necesidad de training intelectual adjudicándome una hipotética, y desde luego provisoria, existencia, sin otra finalidad que la de cerciorarse de la indiscutible seguridad de la suya, no era para mí, ni desde luego para mi mujer, un especial motivo de deleite (...) No soy un excesivo cultor de lo que se llama ‘urbanidad’..
Lo declaro antes de referir una anécdota reveladora de que a todo hay quien gane (...)"

"Una de esas tardes estaba en casa nuestro amigo Franco de Segni que preparaba una exposición de ‘móviles’, y que había hecho con algunos de sus modelos, unos graciosos dijes de oro. Mi mujer tenía uno puesto cuando apareció el inevitable Gombrowicz. El encuentro entre Franco y Witold no era de los fáciles. Para tratar de facilitarlo, mi mujer se sacó el dije y se lo alargó al recién llegado, diciéndole: –Es obra de nuestro amigo. Gombrowicz se limitó a tomarlo entre sus dedos con la asqueada curiosidad con que podría haberlo hecho con un bicho poco interesante, y tras muy breve silencio emitió su inapelable veredicto al tiempo que devolvía el cuerpo del delito: –Inmoral. (...)"
"Una de sus fobias de entonces era Borges, que acababa de recibir el premio Formentor, poco después adjudicado al propio Gombrowicz, y como conocía mi admiración por su obra, procuraba estimular mi indolencia polémica con sus ataques ingeniosamente malévolos de divertida arbitrariedad (...)"

"De pronto se me hizo sospechosa cierta actitud reticente que en vano trataba de ocultar lo ya inocultable: –Gombrowicz –le dije– ¿Ud. ha leído a Borges?; –Naturalmente que no –respondió imperturbable– ni pienso, con la pobre opinión que tengo sobre su obra...
Nunca he oído dicterio más borgiano contra Borges, cosa nada extraña, pues en materia de arbitrariedad es más lo que les asemeja que lo que les diferencia entre sí"
Puede ser que en la naturaleza de las provocaciones de Gombrowicz esté presente el conflicto sartreano de la lucha de las trascendencias en la que cada uno trata de exceder al otro con la suya... puede ser. "El Gran Dictador" es una película de Chaplin en la que Hitler y Mussolini, sentados en los sillones de una peluquería, levantan sus asientos con una palanca buscando ambos elevarse sobre el nivel del otro y sobrepasarlo, un símbolo de la lucha entre dos trascendencias.

La casa de González Lanuza en Piriápolis fue un lugar de maniobras en el que Gombrowicz se introdujo cuanto quiso sin que nadie lo llamara. Acostumbraba a caracterizar estas intrusiones estrafalarias en la correspondencia que mantenía con nosotros.
"Está aquí González Lanuza que huye ante mí tal un conejo ante un león embravecido, pero no tiene donde escaparse así que lo agarro y lo jodo"

El pobre González Lanuza, miembro ilustre de la Academia Argentina de Letras, que quería parecer una persona respetable, de repente se dio cuenta que a esa augusta sociedad de escritores había entrado un mono por la ventana que les saltaba de un lado a otro y no lo podían atrapar. El mono, nacido en Polonia, con el tiempo llega a tenerles cariño y confianza a esos desgraciados y los empieza a morder. Y los pobres hombres de letras tranquilizados a duras penas después de muchos años de lucha con su neurastenia y con sus infortunios, no saben qué hacer.

lundi 20 octobre 2008

Juan Carlos GOMEZ/Witold GOMBROWICZ, Daniel GUEBEL & Eduardo BELGRANO RAWSON


Daniel Guebel & Eduardo Belgrano Rawson



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GOMBROWICZIDAS
Witold GOMBROWICZ, Daniel GUEBEL & Eduardo BELGRANO RAWSON
Por Juan Carlos Gomez

El Casanova y el Abanderado son dos personajes muy conocidos del mundo de la farándula de los hombres de letras. No es que siempre aparezcan juntos pero la Hierática me contó que uno de estos escritores, al que las señoras del gremio han motejado con el apelativo de Casanova, había sufrido un soponcio cuando una periodista lo enteró en el mismo acto de entrega de premios que había recibido la segunda mención de un concurso literario bastante importante. El Abanderado, ilustre integrante del jurado, lo coronó con lo que el Casanova creyó era el primer premio, hasta que la correveidile le acercó la infausta nueva. Tanto el Abanderado como el Casanova son miembros conspicuos del club de gombrowiczidas, pero con respecto a Gombrowicz ambos tienen posiciones negativas si bien diferentes: uno lo desprecia olímpicamente y el otro resolvió el problema de una manera más radical, sencillamente lo ignora.

"(...) De todos modos, sí le escribo para aclarar que no me siento gombrowiczida ni practico el gombrowiczismo. Me siento, en cambio, afectuosamente, muy dipaoliano (...)"

El comentario del Abanderado es mucho más amargo y audaz que el del Casanova y roza deliberadamente el descaro.

"(...) Gracias por el material sobre Gombrowicz, a quien en realidad no he leído, cosa que en mi caso no significa nada, dado el enorme déficit que arrastro. Pero estamos a tiempo (...)"

Pero el Abanderado, a más del de Gombrowicz, tiene otro complejo de inferioridad: la admiración que siente por la filosofía de la ciencia física, y su imposibilidad de comprenderla pues sus conocimientos de matemática son muy elementales.

Si el Abanderado hubiese leído a Gombrowicz hubiera descubierto que ésta no es una verdadera dificultad. En efecto, los conocimientos de matemática de Gombrowicz eran menos que elementales, ya desde joven había manifestado un antitalento muy marcado para asimilar las ciencias exactas, una incompetencia que no se le atenuó con el tiempo, sino todo lo contrario, se le fue acentuando.

Se paseaba con una aparente seguridad por las teorías de la física: la cuántica, la ondulatoria, la de la relatividad, aunque reconocía que cualquier cuestionario de lo más elemental lo hubiese puesto en verdaderos apuros..

Vivió un momento de la historia en el que ya habían fermentado todas las revoluciones del pensamiento que tuvieron lugar en los cien años que van entre la mitad del siglo diecinueve y la mitad del veinte, y aunque Gombrowicz no era científico ni filósofo quedó muy afectado por todo esto.

El bamboleo existencial entre el pensamiento y la vida le presenta a Gombrowicz un problema parecido al que había resuelto Bohr con su noción de complementariedad para el caso de los protones y de los electrones. Las partículas atómicas hay que describirlas, ora con la imagen corpuscular, ora con la imagen ondulatoria, y esto debe hacerse así porque estas dos imágenes contradictorias son concurrentes.

Las relaciones de indeterminación, que son una consecuencia del cuanto de acción, no le permiten a las imágenes entrar en un conflicto directo. Cuanto más se quiere precisar una imagen por medio de observaciones, más la otra se hace necesariamente vaga. Las propiedades corpusculares y ondulatorias no entran jamás en conflicto porque no existen al mismo tiempo, son aspectos que se contradicen y se completan de manera complementaria.

Esta concepción contradictoria y complementaria de los fenómenos físicos está presente en el espíritu de la época, la época de la juventud de Gombrowicz, un espíritu que Gombrowicz expresa a su modo cuando se extraña de estar tan definido y tan indefinido al mismo tiempo.

Cuando se va de la Argentina siente que puede decir sobre ella una cosa u otra distinta y hasta contraria, veinte millones de vidas en todas las combinaciones posibles es demasiado para la vida de un solo hombre.
Quizás la Argentina lo atrajo porque se encontró en ella sin dinero, o porque había perdido los privilegios de los que gozaba en Polonia, o por la indolencia de su forma, o por su cruel brutalidad, no lo sabía.

En cuanto al Casanova vamos a decir que debe tener cuentas pendientes con Gombrowicz e intenta saldarlas apoyándose en el Asno, hasta pareciera que hace crecer demasiado a este discípulo para conseguir el propósito.

"(...) Dipi dejó que se le atribuyera una pertenencia y un legado; de él se dice que a su vez fue discípulo de Gombrowicz. Tal vez él mismo lo siga diciendo aún, yo no lo sé porque hace mucho que no nos vemos y este día del reencuentro no sirvió para actualizarnos del todo. Lo que quiero decir, o destacar, es que lo hecho por Dipi es mucho más arduo que la gesta gombrowicziana. Gombrowicz creó un círculo y utilizó su obra para crear su fama, lo que no era tan difícil, debido a que su figura tenía rasgos promocionales muy evidentes. No había manera de que a largo plazo la intelectualidad argentina se abstuviera de caer rendida a sus pies, independientemente de lo que pudiera pensar de sus libros. Yo creo que Dipi, hipotético discípulo, siguió el camino inverso (...)"

Leyendo estas palabras escritas de puño y letra por el Casanova me vino a la cabeza una idea que no es tan descabellada como pudiera parecer a primera vista.
Hasta el día de hoy la página en blanco ha sido la primera amenaza que enfrenta el hombre de letras cuando empieza a escribir, una amenaza que va disminuyendo a medida que va llenando las páginas, pero la última amenaza que debe enfrentar no está bien definida hasta el momento.
Supongamos que al terminar el trabajo las últimas palabras tuvieran la posibilidad de darle al escritor un fuerte puñetazo en un ojo, para el caso que hubiese escrito tonterías. Esta posibilidad, no puede ser de otra manera, debiera condicionar en parte la actitud del autor.

Yo creo que el Casanova hubiera tratado de reflexionar un poco más si hubiese tenido que enfrentarse con la perspectiva de recibir un puñetazo en un ojo por escribir tonterías sobre los rasgos promocionales de Gombrowicz. Pero no siempre la perspectiva de enfrentarse con ese tipo de puñetazo le hace cambiar el texto a un escritor, no creo por ejemplo que la perspectiva de recibirlo de un ciudadano alemán le hubiera hecho cambiar a Gombrowicz ni media palabra de los diarios que escribe sobre Berlín.

dimanche 19 octobre 2008

Elena IRARRÁZABAL S./Luis VARGAS y los poemas inéditos: "No se trata de bocetos o ruinas"

ENTREVISTA
Parte del material descubierto el año 2007 se publica por primera vez
Luis Vargas y los poemas inéditos: "No se trata de bocetos o ruinas"
Por Elena Irarrázabal S.

Con una pequeña cámara digital -y no con escáner- trabajó Luis Vargas Saavedra durante semanas, en julio de 2007, fotografiando los varios cientos de poemas que encontró en el abigarrado material que puso a su disposición la sobrina de Doris Dana, Doris Atkinson. Ella fue la que recibió el copioso legado de papeles de Gabriela Mistral que le donó su tía al morir y que la joven abrió en Estados Unidos a Elizabeth Horan, biógrafa de nuestra Premio Nobel, y a Luis Vargas Saavedra, profesor del Instituto de Letras de la Universidad Católica.

De nueve de la mañana a nueve de la noche, el académico trabajó en South Hadley leyendo, evaluando y reproduciendo todo el material lírico que había en las cajas y cajas de manuscritos. Sacó más de dos mil fotos de poemas desconocidos. Doris Atkinson lo autorizó a publicarlos y comenzó entonces un intenso quehacer -que tardó más de un año-, transcribiendo y seleccionando las mejores poesías.

Esta etapa de trabajo se cerrará el martes 21 a las 12:00 horas, cuando se presente en el Centro de Extensión UC el libro "Almácigo" que contiene 205 poemas inéditos, de los que aquí publicamos un adelanto, con breves explicaciones del editor.

-Muchos critican la búsqueda obsesiva de nuevos materiales de escritores ya muertos, que no siempre resultan de calidad. Pero usted niega en el prólogo del libro que los poemas constituyan "bocetos o ruinas".
"Los escogidos no son bocetos: descarté los que estaban bosquejados o eran fragmentos. Menos aún son 'ruinas', porque ese concepto implica estrago, daño, invalidamiento, y Gabriela Mistral no arruinó sus poemas".

-¿Todos los poemas son inéditos? ¿Qué parte de ellos son versiones primigenias de poemas ya conocidos y qué proporción corresponde a poemas desconocidos?
"Todos son desconocidos, aunque algunos pocos, como 'Goethe II', son versiones distintas de poemas ya publicados. Tan distintas, que son otros poemas, de modo que todo el libro aporta inéditos y mas inéditos.

-Como estudioso de la obra de Gabriela Mistral, ¿cambió en forma significativa la percepción de su obra luego de estos hallazgos?
"Sí, me la ha transfigurado entera. Primero, porque más allá de la poeta americana hallaremos a la universal, clásica y, a la vez, primitiva, capaz de escribir poemas sobre Clitemnestra o el inca Garcilaso de la Vega. Además, porque se resuelven ciertos vacíos temáticos que me inquietaban -por ejemplo, la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial-, que estaban en sus artículos de prosa pero no lo estaban en su poesía. Ahora hallaremos la resistencia griega a los nazis, el bombardeo de Guernica, el asedio a Inglaterra, la invasión de Polonia, la angustia de las madres con hijos soldados y asimismo la de los hijos soldados con madres.Las cúspides y los valles

-¿Cómo surge el título "Almácigo"? ¿Corresponde a Gabriela Mistral o a Luis Vargas? ¿O a ambos?
"El título es mío. Siento que el conjunto de inéditos equivale a 'brotes verbales'".

-¿Hay "cúspides y valles" en el material publicado?
"Inevitable que en un conjunto de 205 poemas existan valles y cúspides. Siendo ellos obra de Gabriela Mistral, podríamos decir que son latitudes por sobre los 3 mil metros de altura, pues lo 'bajo' en ella es 'cumbre' respecto de otros poetas".

-¿Cuál fue el criterio de selección de los 205 poemas?
"Estricto criterio estético subjetivo y discutible. Mi gusto más el de mi ayudante, Diego del Pozo Ségure. Coincidimos ambos en un 90 por ciento en qué poemas nos parecían los óptimos. Hemos dejado para otro libro el conjunto de rondas y canciones de cuna, por parecernos de menor novedad para el lector.


El clímax de la creatividad

-Entre los poemas inéditos hay expresión importante de la década de los 40, que usted señala corresponde a la "cúspide de la creatividad" de Gabriela Mistral.
"Abarcando la totalidad de su obra poética, editada y sin editar, considero que a finales de la década de los 30 y durante la década de los cuarenta, Gabriela Mistral ha logrado su voz más auténtica. Ha vivido las experiencias religiosas y emocionales de 'Tala' y ha logrado, como las culebras, desenvainarse de sus antiguas escamas y emerger nueva, depurada, sin contagios de romanticismo ni estorbos de modernismo. Con 'Almácigo' se comienza a enriquecer una obra que ya era insigne, pero a la cual le faltaba aumentar el esplendor de los poemas de la década de los 40, que considero la cúspide de su creatividad".

-Del material incluido en este libro, ¿hay algún poema que lo haya conmovido o llamado la atención en forma especial? ¿Por qué?
"De todos estos ejes temáticos, los poemas de 'Locas mujeres' me siguen pareciendo 'las joyas de la corona'. Me conmueven su sentido trágico, tan semejante al de los griegos".


Temas y rasgos que emergen

-Dinamización y ambivalencia son conceptos que usted resalta como rasgos de los poemas inéditos.
"Sí. Por dinamización entiendo su manera de sentir y expresar tanto lo estático como lo vivo. Así la naturaleza 'danza', 'canta', 'silba', 'llama', 'urge'. La ambivalencia es el recurso expresivo de dotar a una palabra, o a una metáfora, o a todo un verso, de variadas significaciones, aprovechando así las llamadas 'polivalencias' del idioma".

-¿Los poemas entregan rasgos poéticos desconocidos de la Mistral? ¿O más bien confirman y profundizan las constantes de su poesía?
"Todo eso, pues en lo desconocido aparecen temas nuevos; por ejemplo, la sección que he titulado 'Locos hombres', y la sección 'Mujeres griegas'. La primera muestra personas intensas y misteriosas. La segunda despliega una empatía por la Grecia clásica y la contemporánea. Se magnifica la serie de 'Locas mujeres' ya editada en 'Lagar' I y II, y se confirma y profundiza la temática antibélica, en la sección 'Guerra'. La temática americana se enriquece, a su vez, con poemas a Martí, Darío, Sandino, Lincoln".


El orden de los papeles

-A más de un año de la noticia sobre la aparición de los papeles de Gabriela Mistral, ¿cómo cree que se ha manejado el almacenamiento y recepción por parte de Chile del material?
"En la Biblioteca Nacional se trabaja con ahínco, catalogando ese tsunami de papeles. Esperamos que pronto puedan darles a las universidades de Chile y Católica copia de los microfilmes que ya tienen y de los que tendrán, dentro del plazo estipulado por el acuerdo de Dibam con Doris Atkinson, la donadora del legado".

-¿Qué viene ahora en materia de publicaciones sobre la Mistral?
"En primer lugar, hay que ampliar la obra póstuma de Gabriela Mistral 'Poema de Chile', que fue publicada con muchas omisiones. Tal vez Doris Dana no encontró los inéditos que hemos hallado con mi ayudante y que transforman el viaje de norte a sur de Chile. A mi juicio, este libro no ha podido ser ponderado debido a las carencias de que adolecía. Ampliado, ganará en calidad literaria y en pedagogía lírica.

Almácigo - Poemas inéditos de Gabriela Mistral - Edición y compilación: Luis Vargas Saavedra - Ediciones UC, 351 pp. Patrocinan: C. del Patrimonio Cultural, y ley de Donaciones Culturales.
Auspicia: Anglo American.



Su atormentado proceso de escritura

"No tengo hijos, pero tengo una familia de cuadernos", dijo Gabriela Mistral alrededor de 1948. Si se observa el volumen del legado que se conoció el año pasado, la escritora era una verdadera coleccionista de sus manuscritos. Sus cuadernos y papeles hablan de sus tanteos, versiones en torno a un mismo tema y tachaduras hasta dar con lo que buscaba. En los cuadernos aparecen también -por lo general, en las páginas izquierdas- listas de rimas en las que anota verbos, sustantivos y adjetivos, por ejemplo, terminados en eo.

Según Vargas Saavedra, "viendo los manuscritos, al ir de verso a verso y de versión a versiones, uno constata la velocidad de una fantasía enorme que se le viene encima a Gabriela Mistral y le provoca imágenes, palabras, versos tanteados, desahuciados, rehechos. Por eso, sus páginas suelen dar la sensación de un delirio por lanzar fuera lo que le está ya resonando en la garganta y en los oídos, al mismo tiempo que lo ve y lo palpa y lo huele. Son intensas sesiones sensoriales a toda velocidad, que después, en las sucesivas revisiones, son sometidas a un calibramiento métrico, lógico y estético. El borbollón finalmente ha sido decantado sin perder ímpetu, pero ganando en cohesión y en 'racionalidad poética'".


La Enclavada
Por Gabriela Mistral

Ahora ya no me levanto
de peana de tu tierra
y me quedo en tu patio redondo
como los haces de tu leña
y las bestias de tu granja.

Ya no tendrás para hallarme
que vadear ríos y pasar sierras.
Amor mío, ya no te dejo
en la llanura cenicienta
para hallarme consumida
como retama calenturienta.

No quiero más la división
parecida a la blasfemia.
Me duelen tu cuerpo y el mío
igual que laderas opuestas

Ya no haces más caminos
como los vientos y las bestias.
Ya padecí la doble patria,
el doble lecho, la doble cena.

En tu patria me quedo plantada
con gesto y raíces de higuera.
Siento los muros de tu casa.
Y me duermo sobre tu estera.

La desventura no se llamaba
hambre, cansancio ni laceria.
El dolor de toda carne
se llama ausencia.

Voy a aprenderme de tu país
la luz, el olor, la marea,
el ruedo de las estaciones
y el alimento que te sustenta,
y olor y quiebro de tus ropas,
y los días y las fiestas.

Olvidaré la que me dieron
en demente que no se acuerda
y tú olvidarás el día
en que a tu puerta llegué extranjera.

Ya no me voy con este día
ni con esta primavera,
no me verás las espaldas
huyendo como las velas.
El dolor de toda carne
se llama ausencia.

Me quedo en tu patio traída
como los baldes o las piedras.
Del país donde yo vivía
corté mi cuerpo, raí mis señas.

Tú me verás reverberar
con la espada del mediodía,
azulear con las montañas
y pasar sin pasar con tu río,
y durarte y durarte con tu alma.


La lluvia
Por Gabriela Mistral

La nube oscura, la heroica nube
cubre la aldea y el labrantío.
Ya no hay sierra, ya no hay torres,
Apenas yo y el hijo mío.

Llueve el agua generosa,
más que este mundo blanquecino,
y perdidos en el chubasco,
yo tapando al hijo mío.

Tiene el campo y tiene el mundo
Dios en su abrazo cogido,
y así los besa, así los llora
de que Dios es viejo y niño.

Oye llorar a Dios abuelo,
con un llanto así cansino,
que nosotros no lloramos
así tan dulce e infinito.


La Celosa
Por Gabriela Mistral

Él se parecía al viento
en que es de todos y de nadie.
Cuando me acuerdo de su amor
de la befa del viento me acuerdo.
Me besó como besa el viento
con boca mojada en marismas,
en salinas y cañaverales,
y yo quería un hombre, no
un viento.]

Él se parecía al viento
que todos mientan y nadie tuvo.
Me besó como besa el viento
con boca mojada en establos,
cañaverales y salinas,
y mi alma llevó a las otras
y las injurió lo mismo,
sin parar nunca como el viento.
Cuando me acuerdo de su amor,
de la befa del viento me acuerdo.

Y al agua loca se parecía,
tómalo todo, déjalo todo,
sin cauce en qué adormecerse
y sin riberas eternas.
Me tomó como el torrente
y me llevó por el mundo,
gloriosa y hecha pedazos.

Pero un torrente no me valía
para fundar nuestra casa
y echar por su espalda mis ojos.

Dijo que yo estaba loca,
porque amándole le perdía.
Y talvez estaré loca, Dios mío,
pues no lo tengo ni me tengo
en el mundo en que las piedras
tienen su musgo y las rutas
el torbellino de polvo.

Mi madre afiló mi lengua
sobre fábulas benditas
donde el león ama a una leona
y el Rey bebe solo en una copa.

Ha de haber algún país,
alguna abra, alguna tierra
donde yo ame y sea amada.
Los brazos de un hombre
serán mi firmamento.

En la Tierra del Señor,
yo, pelícana salobre
y
castora solitaria,
yo quise tener el pelícano
que me diese calor de hijos
y el castor que defendiera
mi puerta del río y la muerte.

Articulo:
http://diario.elmercurio.com 19/10/2008

Yamila GRECO/Poesía



Poeta argentina nacida en Buenos Aires en 1979. Parte de su obra literaria se publicó en la antología "Cadáver en mano” (Visceralia Ediciones, Santiago de Chile). Realizó la introducción del libro "La Liga", para el poeta chileno Christian Pérez (Visceralia Ediciones, Santiago de Chile). Su texto "V" ha sido seleccionado para participar en la obra "Verso a verso" (Editorial Dunken, Buenos Aires, 2008). Colabora en diversas publicaciones literarias, como "Los Digitales" de "Puertas Abiertas", "Lexia", "Cinosargo", "El Proletario", "Cañasanta", "El Cálamo", "Alkionehoxe", “Palabras Descalzas”, “Punto en Línea”, “Remolinos”, “Groenlandia” y “El Coloquio de los perros”. La revista de poesía chilena Lakúma-Pusáki dedicó una nota a su trabajo poético. Sus poemas han sido traducidos al italiano y al inglés.

Otros textos de su autoría pueden encontrarse en
http://blog.myspace.com/respirarpuedeserunfracaso

E-mail:
dios.se.corre.en.mi.boca@gmail.com


Sobre la Poesía de Yamila Greco

Se desangra en cascadas diseñadas, por su querer sonar y es su imagen que la entona, levantando frases y fracasos cansados. No poder decirlo todo y acabarse postergado por el tiempo, este encierro corto que es el sueño. Esa forma suya que se viene en el olor de sus poemas, como una bestia lúcida que divisa límites, en su necesidad de respirar temblando y agitar la sangre al escribir. Ella parece viva en su cantada muerte y no desaparece en su fondo. Mi piel lee cerca de la luz su búsqueda, de espalda a una ventana que no incluye en esta nueva noche, luna que completa su sinceridad brillando.

Christian Agustín Pérez Bobadilla. Santiago de Chile, 2008



I
lo que nos recuerda las manos son las cuerdas
entonces manifiesto por los ojos la angustia y la crueldad
del plástico forzado por mi cadáver
es mantenerse incluso cuando los brazos forman huecos
no el estómago cansado
sino la insolencia de rasgar su privilegio
la cercanía limita el encaje que es la carne
mediante el grito que nos triunfa en delirio acabado
yo me postergo y me rebelo
contra la blanca solicitud de la pared reinante
y cargo heridas
aullar o permitirse el encierro
creo pero tener
el desnudo babosa el rastro plateado
y mi jurar no consentirse en espejos indecibles
es la lo
que das
mi búsqueda es un cuchillo o una piedra y otra flecha
machacadas contra la fuerza recta
pero quiero pertenecer
la cocina tiene patas son las arañas restantes
de la comida podrida
de mamá
es el designio de la abuela antes de
muerta
es mi propio ser habitando por la risa abierta
es la gota seca de la rabia marcando muecas
mi baba retorcida en precipicios
a pleno diente roto su garganta es mi depósito


II
los gritos son el inicio de toda creación maldita
fieras de mi alteración el golpe de los pasos y las puertas
que vienen por que no se van ajenas a todo lo que se suicida
por qué no te corto los pies
y elevo al mundo
fija a las necesidades altas porque no queda fondo que
temblar
la visión única de la cuna muerta por asfixia
de una escalera comunicando con mi palabra
metástasis es mi hermana
o el desequilibrio sin presencias deformadas
dentro de una habitación sostenida por la basura


III
yo no sé si levantar el nylon que cubre mis párpados
cuando el cuerpo se me revuelve en celo
atrevida en leche por mi nariz torcida en sangre
presagio del puño altivo que me descubre en asco
así el espejo sobre el pie que finge cuerdas
por qué no el sueño por qué no
suplicando los muros de un cadáver tibio
mi almohada es una bestia lúcida
cría salvaje de una mente inexistente
es un dedo custodiado por el ojo de la noche
un suicidio consciente y lento
donde se nutre mi perro yo me hago carne
derramada cruda en las ampollas del nacimiento
el agua me surge hervida
………………………………...........salir quiero
temblando mi garganta en peste
porque todo respira


IV
pueden levantar los ojos porque es mi nombre
tentado bajo el grito de los perros
cuando el desnivel es tanto
que la noche es poca
y todo enfermo se asemeja compartido
a la sonrisa que me involucra
ni siquiera un dueño tembloroso
quemarme el estómago
en sorbos yo tarea de sangre
así me enrosco
..................................................bestia
colgando por las venas cuerpo y parte
de algún balcón amable
abrirme las manos por quiebre y traslado
impulso que nos confía a los cuchillos
masticar la angustia como forzar los vidrios
hasta que la uña arrastre columna y carne


V
la entrada es por el ombligo de toda muerte
donde el llanto mastica
la escara sacra por donde se asoman los huesos
a través de la carne
yo me perjudico el ojo
cuando la bestia resplandece el cierre
yo abro los labios
y demuestro hambre
es la lujuria de Dios con su hábito de sombra
arrastrando mi nacimiento contra las ventanas


VI
estremece mi espalda la pisada
y la palabra escondida
dentro de todo fondo conquistado
yo pretendo más
la lucidez del gancho y la fuerza de la cuerda
sangrar entonces
y reaparecer por las encías
perforando el lujo de la boca abierta
treparme el rostro a pedazos
o confiarte a mis uñas
en el único intento de mi mano pocilga
porque el conejo es tremendo
dentro de la carne sola
ceniza hirviente chilla exquisito
yo lo busco con desesperación de diente antiguo


VII
ofrecer ahora la mueca histérica de mis muletas
huir clavada en cruz por hambre y consuelo
de un diente aferrado
agita mi noche, el alto baile de la sangre
el choque de las mandíbulas
para hacer de ese gemido
mi órgano más soberbio


VIII
lunes (no) martes (no) miércoles (no)
jueves (no) viernes (no) sábado (no)
domingo (no)

es la prepotente administración que hicieron de las cuerdas
lo que nos obliga a festejar cabezas


IX
divulgar el filo sobre las caries
de toda madre inquietante
y derrocharse mediante el vómito

golpear con el cielo el cuello
cubiertas las pupilas por la cera oculta de la noche
caer agudo al precipicio y llamarlo asesinato


XI
iluminar los ojos con la hermosa sinceridad
de las manos en mis fósforos
cortar la carne es
permitir el hueso
golpe
y el brillo fino de las tijeras
silencio golpe
golpe
toda mano en la garganta entorpece la tarea de los dientes
mi fantasía liderada por fantasmas
me atrevería a las pupilas
angustiando inversos los ojos
empujando diamantes sobre la tensión del perro


XII
recolectar vidrios con la humedad de mi hocico
las ratas sobre el sexo
el cuerpo retuerce mastica devuelve
los dedos como cuchillos
me adhiero con saliva a la pretensión en celo
es el lobo
me entrego a la guillotina
o confío en sus muelas

aúllo
mi fondo es festejado
por sus garras atrevidas en manicomio


XIII
toda búsqueda comienza por las uñas
atreverse al desnudo rascándose la carne
prostituta del espejo
me meo encima tuyo
hasta iluminar el fondo

Manuel VICENT/Marcel PROUST: así hila el gusano la seda


REPORTAJE:
Marcel Proust: así hila el gusano la seda
Por Manuel VICENT

A los 37 años comenzó a tejer su capullo de oro en miles de cuartillas en las que toda una época se iba deslizando por el sumidero. Al final se convirtió en la crisálida más evanescente de la historia de la literatura. Y todo por una magdalena

El niño mimado monta un drama porque su madre, que atendía a unos invitados, no ha subido a darle el beso de buenas noches. El adolescente enfermizo, lleno de melindres, incómodo con su corbata tan ancha como la cofia de su nodriza alsaciana juega por las tardes en los jardines de los Campos Elíseos con niñas de la burguesía dorada, se enamora perdidamente de una de ellas, Marie de Bérnardaky, hija de un aristócrata ruso, pero su belleza lo deja paralizado. El estudiante del Liceo Condorcet, afectado y ceremonioso, se retuerce en una neurosis compulsiva porque algunos condiscípulos, de los que también se ha enamorado, no le devuelven el afecto que él está dispuesto a darles. Entre todos el más guapo e indiferente es Daniel Halévy, quien soportará innumerables cartas doloridas de amor y despecho. Otros compañeros forman parte de esta galería de deseos contrariados, Jacques Bizet, Reynaldo Hahn, Lucien Daudet, Charles Hass, a los que trata de introducir con zalamerías en el mundo de los placeres ambiguos donde la belleza se libra de toda carga moral. El desprecio a sus requerimientos, sin dejar de admirar su ingenio por conseguirlos, será la ofrenda que reciba de sus amigos, si bien alguno será conducido de la mano a la oscuridad del jardín de las Tullerías y luego a realizar el doctorado en los prostíbulos masculinos de la plaza de Clichy.

Marcel Proust es un joven macilento, con ojos febriles de hindú, pelo negro partido por una raya en medio, bigote dibujado sobre unos labios mórbidos, que acude a la universidad con botines charolados, guantes blancos, levita entallada, corbata de plafón y un lirio salvaje en el ojal. Se matricula en Leyes, pero realmente no es sino un cazador de mariposas que aspira a ser recibido en los salones de París abiertos por algunas condesas en el faubourg de Saint Germain donde reina Zola, entre otros figurones enlevitados. Humillarse ante una aristocracia ya carcomida, adular a los petimetres del gran mundo y divertirlos con réplicas mordaces, malgastar el talento en besar la mano a las princesas fue un ejercicio que le permitió convivir con unas criaturas que luego serían personajes de ficción. Robert de Montesquiou, madame Straus, el conde y la condesa Greffulhe, Antoine Bibesco, los criados Celeste y Odilón Albaret, el mecánico Agostinelli, la princesa de Polignac, la condesa de Chevigné fueron parcial o enteramente transformados en Charles Swann, en Odette de Crecy, en Robert de Saint-Loup, en el barón de Charlus, en los duques de Guermantes, en madame Verdurin, arquetipos de una saga que se agitaba en un mundo que estaba a punto de esfumarse.

Esta gente tenía a Marcel Proust por un cronista amanerado de las fiestas de la alta sociedad. Había publicado una novela autobiográfica, Jean Santeuil, poco valorada mientras luchaba contra el asma y por mantener en secreto su doble vida de secreto visitador de burdeles masculinos, de cazador nocturno en los trasmontes. En los salones de la aristocracia era tenido por un zascandil escalador de los favores mediante la adulación más descarada y por ese motivo era objeto de bromas que Marcel soportaba a cambio de alguna sonrisa complaciente que se desprendiera de los labios de alguna princesa, de algún joven encantador que además fuera proclive al vicio nefando. Pero Proust iba hilando poco a poco su capullo de oro como un gusano hasta que al final se convirtió en la crisálida más evanescente de la historia de la literatura. Y todo por una magdalena.

La taza de camomila humeaba bajo su nariz y este hombre ya maduro un día mojó en ella una magdalena que se disolvió en varias migas dentro de la cucharilla. La elevó a los labios y no sucedió nada la primera vez. Tampoco la segunda. Pero a la tercera aquellas migas produjeron un efecto extraño. El sabor de la magdalena le abrió un alveolo del subconsciente donde la esencia del tiempo se hallaba sumergida. De pronto su sabor le trasportó a otra magdalena lejana que, de niño, su tía Leontie le daba en Combrey y a partir de ese perfume comenzaron a abrirse espacios de la vieja casa con sus voces, rostros, muebles, paisajes, todo un tiempo que se había perdido en la memoria.

De pronto recordó la escena en que su madre le rechazó el beso de buenas noches, las conversaciones en el jardín, los paseos de media tarde cuando, al salir por la puerta de casa, decidían si ir por el camino donde tenían la mansión los señores de Swann o por el lado de los marqueses de Guermantes. El humo de la camomila le trasportó también a los jardines de los Campos Elíseos y ahora aquella niña rubia que le había enamorado, Marie de Bérnardaky, se transformaría en Gilberte Swann. El tiempo era esa misma sensación que te acoge a veces entre el sueño y la vigilia, en que, al despertar, uno no se halla despierto del todo y por un momento ignora si está en la ciudad o en el campo, confunde su propia existencia y los objetos que le rodean. En ese estado de somnolencia emergió de su subconsciente la región de Balbec, sus vacaciones de adolescente en Normandía, con su abuela y la criada Françoise en el Gran Hotel de Cabourg, y sus excursiones a Deauville, a Trouville y a las casas de campo de sus amigos de París. En el Gran Hotel estaban aquellas muchachas en flor que jugueteaban con el adolescente Marcel en las praderas. Se llamaban Albertine, Adrée, Gisele, Rosemunde. Eran rubias, de mejillas doradas, con ojos de mar y bajo las sombrillas de colores movían sus cuerpos elásticos y hacían brotar risas claras mientras sonaba la orquestina de pistones en el paseo del malecón. Tal vez Albertine Simonet en sus coqueteos de aproximación y despego no era sino el trasunto de Daniel Hálevy, tan guapo y esquivo, y las otras niñas eran también las figuras masculinas de Jacques Bizet, Reynaldo Hahn, Lucien Daudet, los compañeros del Liceo a los que suplicaba un poco de amor furtivo sin conseguirlo. El arte nace siempre de la frustración.

Marcel Proust había nacido en 1871. Después de una vida neurótica y disipada, a los 37 años abandonó el mundo, se encerró en una habitación forrada de corcho siempre cerrada y humedecida con sahumerios para aliviar el asma y vestido con abrigo dentro de la cama, con tres bufandas y mitones como un gusano comenzó a hilar su capullo de oro durante una década en miles de cuartillas en las que toda una época se iba deslizando por el sumidero. Aquellos personajes de la aristocracia, aquellos jóvenes y niñas doradas estaban ahora a su merced. Con ellos creó un mundo de vicios y ensoñaciones, de fascinantes fiestas y cenagosas almas, pero la crítica tardó mucho en comprender que aquel primer libro de En busca del tiempo perdido no era una crónica frívola más de los salones, sino una creación pérfida en la que la memoria y la melancolía pueden reducir a la unidad todos los días de la existencia. El primer libro fue rechazado por André Gide, asesor de Gallimard, que nunca se arrepentiría bastante. Luego le dieron el Goncourt y la fama, pero hasta el momento de su muerte luchó frente al editor con una neurótica obsesión por extraer hasta el último hilo de seda de las vísceras más intimas de sus criaturas antes de cerrar la edición. Al final su legado fue éste: aquellos seres petulantes de la alta sociedad de París, vacíos, mediocres e inconsistentes que rodearon la vida del escritor han pasado a ser paradigmas de un mundo fascinante que llena nuestro espíritu de belleza al recordarlo y que sólo es bello porque se ha esfumado.

Articulo: http://www.elpais.com 18/10/2008

Ilustracion: David LEVINE - http://www.nybooks.com/

Humberto HIDALGO/Poesía



Humberto Hidalgo
hhidalgoj@hotmail.com


Media noche
Por Humberto Hidalgo

He penetrado a la media noche
buscando la nube de tu sueño
buscando tus deseos, ansias y miedos.

Buscando incendio para mi fuego
o quietud después del aguacero.

Buscando caverna para mi agonía
o renacer a plena luz del día.

Buscando pulverizar mis recuerdos
o perecer sobre ellos.

Buscando embrujo y milagro de tus besos
que mis dolores liberen y calmen.

Hoy he buscado y creo haber encontrado la verdad
que en esta vida sino servimos para amar,
nada somos..nada.... como el tiempo que se va.


Duelo & Soledad
Por Humberto Hidalgo

A mi padre

En el despertar de esta mañana,
a la vida, tú, ya no me acompañas.

El invierno crispa mi piel
manto negro cubre mi mirada.

La tristeza agotan mis lagrimas
transito y me inunda la soledad.

Laten de silencio
todas las células de mi ser

Lejanía total hiere mi herida
insondable se sella tu vida

Ya no estas conmigo
¿Donde te voy a encontrar?

En ningún espacio
en ningún lugar

Esperar me queda
solo........esperar.

Mientras existo
una vida impar

Y sin la mano
que me solía

...acompañar.


Fieras
....Pantera..s

Por Humberto Hidalgo

En el fuego cruzado
de las miradas,
presintiéndome giraras tu imagen.

Me asaltaras
cual fiera delicada
y estamparas la marca
de tus fauces.

Yo podré fijarte y percibirte
con el mejor de mis sentidos,
Aquel que sin siquiera tocarte,
no resistirá a tus latidos.

De ilusiones y mejores emociones,
de seres destinados para amarse,
llevas contigo, lunar de bondad,
cual señal para encontrarte.

Lo han de leer, dice serás de aquel,
que se imante en tu mirada,
para nunca mas dejar de contemplarte.

Somos de la misma especie,
esa en extinción, rara.

Si, al encontrarte
¡¡cuanto desencanto en tus ojos felinos!!
Sin expectantes deseos,
sin amigos y sin abrigo.
¿buscas nueva piel para este enorme frió?

Ven habitamos en algún lugar del mundo,
tu y yo, ven en la jungla de cualquier noche

Estaremos listos para explorarnos
aunque tengamos que destrozarnos.

Ven que cese el llanto,
pues el fuego intrascendente sepulta los años.

Ven tu no reflejaras en cualquier espejo
imágenes falsas, odiables o despreciables.

Ven voy a enseñarte a desarrollar el mejor de los sentidos, aquel que sin tocarte ha de
elevarte por encima de tanto maldito instinto.


Ultimo Poema para ti
Por Humberto Hidalgo

Hoy, terminaste con mi vida
Te fuiste, tú
¿Quien decía ser el alma mía?
La eternidad, el mas allá
De esta aborrecible, mundana
He intolerable mentira
Llamada Amor.

Hoy el mundo que tu y yo
Llenaríamos, esta vacío;
No me escribas
ni una sola palabra más,
Pues llenaste
lo que solamente fue
Líneas sobre líneas
¿Para que? ¿Dime para que?
Al parecer nada de ello
De verdad sentías.

Que necesidad te corroía
Para luego de contarte mi vida
Lacerar mis heridas
Tu sabia que no encontraría
la mujer ideal, la mujer de mi vida
¿Porque engañarme?
Presentándote como tal

Fuiste el último
Respiro de alegría
La ultima sonrisa
Que diligentemente
Arrebataste a mi rostro.

Fuiste lo que no entendiste
Últimos versos en rezos
De quien muerto
Despertaste con un beso
Para luego darle
el último empujón
a la tumba fría
esa que solo siente
el enterrado en vida.

Ya no quieras mas escribirme
Ya no creo en lo que tu o nadie
Sobre amor escriba

No surques zanjas
De mayor rictus en mi rostro

No más palabras
No se requiere despedidas
Entre quienes, realmente no
Supieron encontrarse.

Déjame, ahora se que hay
Peores mentiras
Que creer en mujeres divinas

Es que ni siquiera existen
Ni siquiera en la imaginación
De este maldito poeta

Agradezco, pues diste a mi agonía
Un último soplo de vida
No fuiste divina
Eras más que eso
Lo presentí el primer día
Diosa peligrosa
Jugando a ser piadosa.

Ya no hay más fuego en mí
y el tuyo creo
que de verdad no arde,
Solo sabe dar poco calor
Como el efímero ardor
que se entrega
En lecho de pasajeras pasiones

Ya no hay calor ni frió
En las tardes y noches
que te esperaba
Ya vuelven eternas amigas
¡hastío y soledad!
y las nupcias que te ofrecí
será entre mi silencio
y ella la soledad.

Tu sabes que después de ti
Mi alma sosiego no encontrará
Solo quiero dormir
Sabiendo que no fuiste real
Solo llegaste
Para ayudarme a morir.

¡Qué silencio!
¡¡no vibrara mas
el ámbito de mi cristal!!
Ya no habrán deseos puros,
Ya no te miraran
con el más grande imploro
De traerte a mi realidad.

Pero si, desde el trinar
de un pobre nido
las aves escucharas
Ellas si saben
a todos los aires llegar
y surcar a otros nidos
donde los esperan con alegre cantar.

Sabes, sobre misterioso ataúd
sin duda en mi epitafio rezara

¡Prohibido dejar rosas,
girasoles, lirios,
no permitan se posen libélulas,
luz de luciérnagas, ni mariposas...;
ni mujeres hipócritas
solo el viento que sopla,
la hojarasca quejumbrosa,
pues quien descansa aquí
nunca verdadero amor encontró.

Y si alguien pueda realmente
Traerme un rezo, permítanselo
Solo a una que siendo mujer
llora, no me vio nunca por el amor falso
que fue mi derrota
Y vivió recordando al hijo…
que el amor mató
Mas nada, más nada…de mujeres
quiso saber.

.
Ilustracion: David LEVINE - http://www.nybooks.com/

Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ∕Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules

Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules Por Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ 2017 marca el centenario de la cantautora de “Gracias a la vida” y ta...