samedi 28 juin 2008

Margaret ATWOOD gana el Príncipe de Asturias de las Letras


La novelista canadiense Margaret Atwood gana el Príncipe de Asturias de las Letras

El escritor albanés Ismail Kadaré, el británico Ian McEwan y el español Juan Goytisolo han quedado finalistas

Ecologista, feminista, autora de novelas y poeta: la canadiense Margaret Atwood, (Ottawa, Canadá, 1939), ha ganado el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Los finalistas de la edición 2008 eran el escritor albanés Ismail Kadaré, el británico Ian McEwan y el español Juan Goytisolo, que fueron elegidos entre las 32 propuestas recibidas, procedentes de 24 países. El jurado del prestigioso galardón ha justificado su decisión en la "espléndida obra literaria" de Atwood, "que ha explorado diferentes géneros con agudeza e ironía, y porque en ella asume inteligentemente la tradición clásica, defiende la dignidad de las mujeres y denuncia situaciones de injusticia social".

Máximo exponente de la literatura canadiense y una las voces más eminentes de la narrativa actual (en el año 2000 ganó el prestigioso Booker Prize), Margaret Atwood ofrece en sus novelas su visión comprometida y crítica del mundo y la sociedad contemporáneos, mientras revela una extraordinaria sensibilidad en su abundante producción poética, género que cultiva con maestría. Autora muy prolífica, obtuvo reconocimiento internacional con la publicación de su novela La mujer comestible (1969), a la que siguieron Resurgir (1972), Doña Oráculo (1976), Life Before Man (1980), Ojo de gato (1988) y La novia ladrona (1993). La trama de sus obras se centra frecuentemente en la figura de la mujer, su madurez y los cambios de rol sexual.Esta candidatura ha sido propuesta por Rogelio Blanco, director general del Libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Cultura de España.

Otros candidatos

Jorge Semprún, Andrés Trapiello, el uruguayo Eduardo Galeano, el japonés Haruki Murakami, el poeta libanés Alí Ahmad Said, Adonis, el coreano Ko Un, el italiano Antonio Tabucchi y el estadounidense Richard Ford eran algunos de los otros candidatos al premio que finalmente no han pasado a la última selección.

Durante las deliberaciones del jurado en esta edición ha resurgido el debate acerca de la necesidad de distinguir únicamente a los autores de habla hispana o incluir también las candidaturas de escritores de otros idiomas. La última vez que un autor de habla hispana obtuvo el galardón fue en el año 2000, con el guatemalteco Augusto Monterroso.

El Premio Príncipe de Asturias de las Letras es el sexto de estos premios que se falla este año, en el que ya se han entregado los de Cooperación Internacional, Artes, Investigación Científica y Técnica, Comunicación y Humanidades, y Ciencias Sociales. Los galadornes de Deportes y Concordia se fallarán en septiembre.

Articulo:
http://www.elpais.com 25/06/2008

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Príncipe de Asturias de las Letras
Canadá como cuento universal
Por Alberto MANGUEL

La identidad de una nación se refleja menos en su política que en las historias que cuenta. Con esta convicción, Margaret Atwood se propuso, hace más de tres décadas, construir para el Canadá, vasto territorio que nunca quiso definirse del todo, una conciencia cultural. Para entonces había publicado con éxito varias colecciones de poemas y una primera novela, La mujer comestible; su nuevo libro resultó ser un manual literario y práctico para todo aquel que quisiese conocer la geografía imaginaria canadiense. El punto de partida fue una reflexión de su profesor de literatura, el gran crítico Northrop Frye. "En cada cultura", escribió Frye, "existe una estructura de ideas, imágenes y creencias que expresan, en un cierto momento, una visión general de la situación humana y de su destino". Para Atwood, en el vasto territorio canadiense que alguien definió como "demasiada geografía y demasiada poca historia", ese conjunto imaginario podía resumirse a la idea de supervivencia. Perseguidos por los espectros del colonialismo, atónitos ante el paisaje descomunal, exiliados en su propia tierra por una naturaleza hostil, los canadienses narran lo contrario del deseo: aquello que se teme, aquello que se combate para sobrevivir.

Desde 1972, cuando publicó Survival, hasta hoy, la obra de Atwood redime y perfecciona esa obsesión. En su literatura, los personajes luchan por salvarse de sí mismos y de sus fantasmas (como en Ojos de gato y The Robber Bride), o de los fantasmas del mundo natural (Surfacing) o de la monstruosa sociedad que trata de destruirlos (El cuento de la criada) o aún de los estragos de una ciencia enloquecida (Onyx y Craye). No es casual que la ciencia-ficción, literatura de redención por excelencia, le haya brindado un campo fértil para sus últimas narraciones.

Hoy, gracias a Atwood, la literatura canadiense tiene un pasado que se extiende hasta los confines del siglo XVIII, y un presente tan rico y variado que ya no puede limitarse a las fronteras del país. Gracias a ella, el escritor canadiense es capaz de trabajar sin sentir que escribe en el vacío de un país casi inexistente. Pero ninguna literatura, una vez afirmada, sigue siendo autóctona. La obra de Atwood, traducida a decenas de idiomas, no es leída como "canadiense", sino como el reflejo de cada uno de sus lectores que, a través del mundo, sienten que el destino de esos personajes, sea cual fuera su nacionalidad, no les es ajeno, y les revela espejos para experiencias que hasta entonces no sabían comunes. Quizás sea ése el mayor atributo de Atwood: el haber reconocido en la exploración y creación de mitos locales, algo infinitamente más profundo, menos circunspecto y, sobre todo, más universal.

Articulo:
http://www.elpais.com 25/06/2008

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FRAGMENTO LITERARIO: LECTURA
Carta a América
Por Margaret Atwood

La escritora canadiense Margaret ATWOOD arremete contra la política actual des Estados Unidos.

Querida América: Ésta es una carta difícil de escribir, porque ya no estoy demasiado segura de quién eres; quizá alguno de los tuyos tenga el mismo problema.

Querida América:

Ésta es una carta difícil de escribir, porque ya no estoy demasiado segura de quién eres; quizá alguno de los tuyos tenga el mismo problema.

Creía que te conocía; después de estos últimos 55 años casi somos de la familia. Tú eras los libros de cómics de Mickey Mouse y del Pato Donald que yo leía a finales de los años cuarenta. Eras los programas de la radio: Our miss Brooks, de Jack Benny. Eras la música que yo cantaba y con la que bailaba: las hermanas Andrews, Ella Fitzgerald, los Platters, Elvis. Eras muy divertida.

Tú escribiste algunos de mis libros favoritos. Creaste a Huckleberry Finn, y a Hawkeye, y a Beth y a Jo en Mujercitas, valientes, cada una a su manera. Más adelante, fuiste mi querido Thoreau, padre de la ecología, testimonio de la conciencia individual, y Walt Whitman, trovador de la gran república, y Emily Dickinson, guardiana del alma secreta. Eras Hammett y Chandler, héroes de las malas calles; más tarde incluso fuiste un trío extraordinario, Hemingway, Fitzgerald y Faulkner, que trazaron los laberintos oscuros de nuestros corazones. Eras Sinclair Lewis y Arthur Miller, quienes con su personal idealismo estadounidense denunciaron tus falsedades, porque ambos creían que podías hacerlo mejor.

Tú eras Marlon Brando en La ley del silencio, eras Humphrey Bogart en Cayo Largo, eras Lillian Gish en La noche del cazador. Te alzaste por la libertad, la honestidad y la justicia; protegiste a los inocentes. Yo creía en la mayoría de esas cosas. Creo que tú también. En aquel momento parecía auténtico.

Incluso cuando pusiste a Dios en el dinero, aun entonces. De acuerdo con tu forma de pensar, las cosas del César eran también las cosas de Dios; eso te daba confianza en ti misma. Tú siempre quisiste ser una ciudad en la cima de la colina, un faro para todas las naciones, y durante un tiempo lo fuiste. Venid a mí los que estéis cansados, los pobres, cantabas, y durante un tiempo fuiste sincera.

Tú y nosotros siempre hemos estado cerca. La historia, esa vieja marañera, nos ha mantenido ligados desde principios del siglo XVII. Algunos de nosotros éramos tú; algunos queríamos ser tú; algunos de vosotros erais nosotros. No sólo eres nuestros vecinos, en muchos casos -el mío por ejemplo-, también eres nuestros parientes, nuestros compañeros de trabajo y nuestros amigos. Pero desde aquí arriba, al norte del paralelo 49, aunque lo veíamos todo desde primera fila, nunca os entendimos del todo. Somos como los galos romanizados, que se asoman por encima del muro para observar a los verdaderos romanos: nos parecemos a los romanos, vestimos como romanos, pero no somos romanos. ¿Qué hacen? ¿Por qué? ¿Qué están haciendo ahora? ¿Por qué examina el augur el hígado del cordero? ¿Por qué el adivino vende al por mayor comida para perros?

Quizá por eso me resulta difícil escribirte esta carta: no estoy segura de saber qué está pasando. En cualquier caso, tú tienes una enorme banda de cercenadores de tripas que no hacen otra cosa más que analizar todas tus venas y todos tus lóbulos. ¿Qué puedo decirte sobre ti misma que aún no sepas?

Quizá la razón de mis dudas sea la vergüenza, fruto de un oportuno pudor. Pero es más probable que sea por otra clase de vergüenza. Cuando mi abuela, que se educó en Nueva Inglaterra, oía algo desagradable, cambiaba de tema y se ponía a mirar por la ventana. Y yo tiendo a hacer lo mismo: estáte callada, ocúpate de tus asuntos.

Pero me arriesgaré, porque tus asuntos ya no son solamente tus asuntos. Parafraseando al fantasma de Marley, que se dio cuenta demasiado tarde, la humanidad es asunto tuyo. Y viceversa: cuando el Sonriente Gigante Verde se tambalea, aplasta a muchas plantas y animales menores. Dado que, para nosotros, tú eres nuestro mayor socio comercial, sabemos perfectamente bien que si te caes al hoyo nosotros vamos detrás. Tenemos muchos motivos para desear que te vaya bien.

No voy a exponer las razones por las que creo, a la vista de lo sucedido, que tus recientes aventuras en Irak han sido un error táctico garrafal. Cuando leas esto, Bagdad puede haber sido arrasada o no, y quizá otras muchas entrañas de cordero han sido examinadas. Hablemos, pues, no de lo que le estás haciendo a los demás, sino de lo que os estáis haciendo a vosotros mismos.

Estás destruyendo la Constitución. Tu casa puede ser asaltada sin permiso, sin previo aviso, te la pueden arrebatar y te pueden encarcelar sin motivo, pueden intervenir tu correo, registrar tus documentos personales. ¿Por qué no consideras eso como una fórmula para el negocio del robo a gran escala, la intimidación política y el fraude? Ya sé que te han dicho que es por tu propia seguridad, para protegerte, pero piénsalo un minuto. En cualquier caso, ¿desde cuándo tienes tanto miedo? No solías asustarte con tanta facilidad.

Tienes un nivel de deuda altísimo. Sigue gastando a ese ritmo y pronto no podrás pagar ninguna de tus grandes aventuras militares. O eso, o te pasará como a la URSS: muchos tanques, pero sin aire acondicionado. Tu gente va a enfadarse mucho.

Se enfadarán aún más cuando no puedan ducharse, pues tu ciego rechazo a las medidas de protección medioambiental ha contaminado casi toda el agua y ha secado el resto. Para entonces, las cosas estarán realmente más calientes y más sucias.

Estás devastando la economía estadounidense. ¿Cuánto tardarás en responder a eso no produciendo nada por ti misma, para apoderarte de lo que producen otros a precios obtenidos por la diplomacia de las armas? ¿Se va a convertir el mundo, dentro y fuera de tus fronteras, en un puñado de reyes Midas megarricos y todos los demás en sus siervos? ¿Será el sistema de prisiones el sector de negocios más grande de Estados Unidos? Esperemos que no.

Si sigues bajando por esta pendiente resbaladiza, la gente del resto del mundo dejará de admirar las cosas buenas que tienes. Decidirán que tu ciudad sobre la colina es una pocilga y tu democracia una mentira, y entonces no podrás hacer negocios intentando imponer tu sucia imagen. Pensarán que has desertado del respeto por la ley. Pensarán que has ensuciado tu propio nido.

Los británicos tenían una leyenda sobre el rey Arturo. No estaba muerto, sino durmiendo en una cueva; cuando llegara la hora de mayor peligro para la nación, él volvería. Tú también tienes grandes figuras del pasado a las que puedes recurrir: hombres y mujeres valientes, conscientes, visionarios. Acude a ellos ahora para que estén a tu lado, para que te inspiren, para que defiendan lo mejor que hay en ti. Les necesitas.

(...)

Estoy más que encantada de que hayan invitado ustedes a una mujer para pronunciar las conferencias Hagey de este año, y pese a que podían haber escogido a alguien más respetable que yo, me doy cuenta de que las alternativas son limitadas.

Mi falta de respetabilidad la sé de buena fuente. La buena fuente en cuestión son los académicos varones de la Universidad de Victoria, en la Columbia Británica, donde me hicieron una entrevista no hace mucho tiempo. "Hice una pequeña encuesta", dijo el entrevistador, que era bastante amable, "entre los profesores de aquí. Les pregunté qué opinaban de su trabajo. Las opiniones de las mujeres fueron todas muy positivas, pero los hombres me dijeron que no estaban seguros de si usted era respetable o no". De manera que les advierto que todo lo que están a punto de oír no es académicamente respetable. El punto de vista que voy a exponer es el de una novelista en activo que vive desde hace años en New Grub Street, no el de la victoriana que aprendí a ser durante cuatro años en Harvard; pese a que el espíritu victoriano esté ahí tal como ustedes ya habrán notado. Así que mencionaré la metonimia y la sinécdoque ahora, sólo para impresionarles y hacerles saber que sé que existen.

Todo lo anterior, por supuesto, es una forma de informar a los varones de la audiencia de que, pese al título de esta conferencia, no tienen por qué sentirse amenazados. Creo que, como cultura, hemos alcanzado un punto en el que los hombres necesitan un poco de apoyo positivo. Durante la charla de esta noche voy a poner en marcha un proyecto personal. He traído unas cuantas estrellas doradas, unas cuantas de plata y unas cuantas azules, ficticias por supuesto. Tendrán una estrella azul, si la desean, sólo por haberse sentido tan poco amenazados como para estar aquí esta noche. Conseguirán una estrella de plata si se sienten tan poco amenazados como para reírse con las bromas, y ganarán una estrella dorada si no se sienten en absoluto amenazados. Por el contrario, recibirán un punto negro si dicen: "A mi mujer le encantan sus novelas". Tendrán dos puntos negros si dicen, como me dijo un productor de la CBC hace poco: "Algunos estamos preocupados porque tenemos la impresión de que las mujeres están acaparando el panorama literario canadiense".

"¿Por qué los hombres se sienten amenazados por las mujeres?", le pregunté a un amigo varón. (Me encanta esa maravillosa estratagema retórica, "un amigo varón". La usan a menudo las periodistas cuando quieren decir algo especialmente malicioso, pero no quieren que les atribuyan la responsabilidad a ellas. También sirve para hacer saber a la gente que tienes amigos varones, que no eres uno de esos monstruos míticos que arrojan fuego; una feminista radical, que se pasea con unas tijeritas y da patadas en la espinilla a los hombres si le abren la puerta. "Un amigo varón" también confiere, admitámoslo, cierto peso específico a la opinión dada). O sea que ese amigo varón, que por cierto existe, participó oportunamente en el siguiente diálogo. "Me refiero a que", le dije, "los hombres suelen ser más altos, en general, pueden correr más, estrangular mejor, y suelen tener mucho más poder y más dinero". "Tienen miedo de que las mujeres se rían de ellos", dijo él, "de que ridiculicen sus puntos de vista". Luego les pregunté a varias estudiantes de un seminario de poesía que estaba impartiendo: "¿Por qué las mujeres se sienten amenazadas por los hombres?". "Tienen miedo de que las maten", contestaron.

A partir de aquí deduje que los hombres y las mujeres son diferentes, en cualquier caso en cuanto al por qué y al cuándo se sienten amenazados. Un hombre no es sólo una mujer disfrazada y con suspensorio. No razonan igual, excepto en cuestiones como las ciencias exactas. Pero tampoco son una forma de vida inferior o extraña. Desde el punto de vista de la novelista este descubrimiento tiene implicaciones muy diversas, y, como ven, nos estamos acercando al tema de esta noche, aunque al estilo de las mujeres, a paso de cangrejo, tortuoso y huidizo; a pesar de todo nos vamos acercando. Pero antes, una breve digresión, en parte para demostrar que cuando la gente les pregunte si odian a los hombres, la respuesta adecuada debe ser: "¿A cuáles?", ya que, por supuesto, la otra gran revelación de esta noche es que no todos los hombres son iguales. Algunos llevan barba. Además, nunca he sido de esas que hablan con desprecio de los hombres a base de meterlos a todos en el mismo saco; nunca diría por ejemplo, como hacen algunas: "Si les tapas el cuerpo con una bolsa de papel son todos iguales". En un extremo está Albert Schweitzer, y Hitler en el otro.

Pero piensen en lo que sería hoy la civilización sin la contribución de los hombres. No habrían pulidoras eléctricas, ni bombas de neutrones, ni psicología freudiana, ni grupos de heavy metal, ni pornografía, ni Constitución canadiense recuperada... la lista podría seguir y seguir. Y son divertidos para jugar al Scrabble y sirven para comerse las sobras. He oído a algunas mujeres bastante hartas opinar que el único hombre bueno es el hombre muerto, pero eso no es cierto en absoluto. Pueden ser difíciles de encontrar, pero veámoslo de esta forma; igual que los diamantes, brutos o no, la escasez les hace más preciados. ¡Tratadles como seres humanos! Al principio puede sorprenderles, pero tarde o temprano emergerán sus buenas cualidades, la mayoría de las veces. Bueno, si hacemos caso de las estadísticas... algunas veces.

Esa no era la digresión... ésta es la digresión. Yo crecí en una familia de científicos. Mi padre era un entomólogo al que le encantaban los niños y que casualmente no se sentía amenazado por las mujeres, y pasamos muchos buenos ratos escuchando sus explicaciones sobre el escarabajo pelotero, o sacando gusanos de seda de la sopa porque se había olvidado de darles de comer y ellos habían recorrido toda la casa en busca de hojas. Una de las consecuencias de mi educación fue tener mucha ventaja en el patio del colegio cuando los niños intentaban asustarme con gusanos, serpientes y cosas así; la otra fue que desarrollé, algo más adelante, una afición por los escritos del gran naturalista del siglo XIX, y padre de la entomología moderna, Henri Fabre. Fabre era, como Darwin, uno de esos naturalistas aficionados obsesivos y especialmente dotados que el siglo XIX produjo en gran cantidad. (...) Leí con auténtico placer su descripción de la vida de las arañas, y de sus experimentos con hormigas león, con los que intentaba demostrar que eran capaces de razonar. Pero no sólo eran los temas de Fabre los que me interesaban: era el personaje en sí mismo, tan lleno de energía, tan entusiasmado con todo, tan lleno de ingenio, tan dispuesto a seguir su línea de investigación hasta donde pudiera llevarle. Podía tener en cuenta las opiniones ajenas, pero no creía en nada que no hubiera experimentado él mismo. Me encanta imaginármelo, pala en mano, dirigiéndose a un terreno lleno de excrementos de oveja, en busca de excrementos de escarabajo sagrado y de los secretos del ritual de la puesta de huevos. "¡Se hizo la luz!", exclamó cuando extrajo un pequeño objeto, que no era redondeado como suelen ser las bolas de excremento que come el escarabajo sagrado, ¡sino con una ingeniosa forma de pera! "Oh, bendita felicidad de la verdad súbitamente revelada", escribió. ¡No hay nada que pueda compararse contigo!

Y es con ese espíritu, me parece a mí, con el que debemos abordar todos los temas.

(...).

En 1960, cuando iba a la universidad, todo el mundo sabía que el departamento de inglés de la facultad no contrataba a mujeres, tuvieran los títulos que tuvieran. Mi facultad sí contrataba mujeres, pero no se daba ninguna prisa en promocionarlas. Una de mis profesoras era una reconocida especialista en Samuel Taylor Coleridge. Fue una respetada especialista en Coleridge durante muchísimos años, antes de que a alguien le pareciera adecuado darle un puesto de más categoría que el de profesora.

Afortunadamente, yo no quería ser especialista en Coleridge. Quería ser escritora; pero los escritores, por lo que sabía, ganaban aún menos que los profesores, así que decidí ir a la universidad. Si hubiera tenido verdaderas ambiciones académicas, podría haberme violentado cuando uno de mis profesores me preguntó si en realidad quería ir a la universidad... ¿no preferiría casarme? Yo conocía a un par de hombres que habrían considerado el matrimonio como una alternativa razonable a una profesión. (...)

-Cuando cumpla 30 años -me dijo una vez-, tendré que escoger entre matrimonio y trabajo.
-¿Qué quieres decir? -le pregunté.
-Bueno, el trabajo va a ser la condición sine qua non para casarme -me contestó.

De mí, sin embargo, se esperaba que tuviera lo uno o lo otro, y éste es uno de los aspectos en los que espero que las cosas hayan cambiado. En aquellos tiempos, a ninguna universidad se le habría ocurrido organizar un ciclo de conferencias titulado Mujeres sobre mujeres. Si se hubiera organizado algo sobre el tema, probablemente se habría invitado a un distinguido psicólogo varón para hablar del innato masoquismo femenino. La educación universitaria para las mujeres, cuando existía, se justificaba por el hecho de que las convertiría en esposas más inteligentes y madres mejor informadas. Los expertos en mujeres solían ser hombres. Se les atribuía esa sabiduría, como todas las demás, en virtud del género. Hoy día la situación es la contraria y se supone que son las mujeres las que tienen esa sabiduría simplemente de manera innata. Esa es la única razón que se me ocurre por la que me hayan invitado a hablarles, dado que no soy una experta en mujeres, ni desde luego en ninguna otra cosa.

Me libré del magisterio académico y evité el periodismo, que era la otra profesión en la que había pensado, hasta que me dijeron que las mujeres periodistas solían acabar escribiendo las ne-crológicas o anunciando bodas en las páginas femeninas (...).

Empezaré con una sencilla pregunta, una pregunta a la que se enfrenta todo novelista, hombre o mujer, en algún momento de su trabajo y a la que por cierto se enfrentan todos los críticos.

¿Para qué sirven las novelas? ¿Qué función se supone que cumplen? ¿Qué beneficio, si es que lo hay, proporcionan al lector? ¿Se supone que son para disfrutar o para instruir, o ambas cosas? Y si es así, ¿hay siempre un conflicto entre lo que nos parece placentero y lo que nos parece instructivo? ¿Una novela debe explorar todas las posibilidades potenciales, debe ser una afirmación de la verdad o debe ser sólo una buena historia? ¿Debe tratar de cómo tiene alguien que vivir su vida, cómo puede alguien vivir su vida (normalmente más limitada) o cómo han de vivir sus vidas las personas? ¿Debe decirnos algo sobre nuestra sociedad? ¿Puede evitar hacerlo? Más específicamente, supongamos que estoy escribiendo una novela cuya protagonista es una mujer; ¿hasta qué punto debo tener en cuenta las preguntas anteriores? ¿Hasta qué punto estaré obligada a ceder ante las ideas preconcebidas de los críticos? ¿Quiero que ese personaje sea atractivo, respetable o verosímil?

¿Es posible que sea las tres cosas a la vez? ¿Cuáles, de entre todos los posibles, serán los rasgos que la harán atractiva, respetable o verosímil? ¿Debe ser un "modelo de buen comportamiento"?

No me gusta la expresión "modelo de comportamiento", en parte por el contexto en el que la oí por primera vez. Fue, por supuesto en la universidad, una universidad pensada fundamentalmente para varones con una facultad femenina adjunta. La facultad femenina estaba buscando una decana.

Mi amigo, que era sociólogo, explicó que esa persona tendría que ser un buen modelo de comportamiento. "¿Qué es eso?", pregunté. Bueno, la futura decana no solamente tenía que tener credenciales académicas de alto nivel y habilidad para tratar a los alumnos; tenía que estar casada, ser madre, tener buen aspecto, vestir bien, participar en las actividades de la comunidad y demás.

Articulo:
http://www.elpais.com 22/06/2008

Mario CAPASSO/ Ella Canta Arriba


Mario Capasso nació el 9 de Marzo de 1953, en Villa Martelli, localidad del Gran Buenos Aires, República Argentina, en la que continúa residiendo. Literariamente, se ha formado con Beatriz Isoldi, Nilda Adaro y Federico Jeanmaire. Ha publicado tres libros:

EL FUTURO ES UN TROPEL ABSURDO, cuentos, año 1999.
EL EDIFICIO, Una novela en escombros, novela, Ediciones AQL, año 2002.
PIEDRAS HERIDAS, cuentos, Ediciones Corregidor, año 2005.

Este último obtuvo el 2do. Premio del Fondo Nacional de las Artes, año 2003. El jurado estuvo integrado por Ana María Shua, Vicente Battista y Juan José Hernández.

Tiene un libro de relatos y dos novelas pendientes de publicación. Actualmente trabaja en una nueva novela.

Sitio:
http://www.textos-en-escombros.com.ar/
E-mail: Mario Capasso mcapasso340@hotmail.com


Ella Canta Arriba
Por Mario CAPASSO

Hasta que al fin llegó el momento en que mi deseo más inmediato comenzó a ser el quitármela de encima. Pero su voz envolvía mis sentidos, me sentí atrapado. Cuando abrí los ojos y la vi, comprendí que el tiempo aún no se había cumplido, que debía continuar machacando dentro de su cuerpo, que algo iba a pasar todavía, y enseguida volví a cerrar los ojos y seguí recordando nuestra historia.

La voz de la mujer del décimo piso le llegaba entonces como si descendiera de la cima de una montaña. Y él, un piso más abajo, se sentía como una roca en un valle hacia el que se deslizaba, junto con el canto, un río también o más de ella. Así estaba dispuesto el orden de las cosas en ese momento, o tal vez desde el principio habían estado de esa manera, con ella arriba, siempre arriba, porque si él se proponía recordar, y esto le pareció lo más conveniente dada la situación en que se encontraba sumido, no tendría otro remedio que comenzar por el primer día en que la voz de ella, originada en el departamento del que había tomado posesión esa mañana de un posible sábado, lo atravesó con su canto inaugural para decirle aunque las palabras fueran otras, ya estoy acá, he llegado y te lo hago saber, solitario habitante del noveno piso. Porque si de algo estuvo seguro desde el principio, era de que ese canto lo tenía como destinatario privilegiado, tal vez único, y si hubiera tenido la ocasión de un mínimo amigo le hubiera jurado una y mil veces que esa opinión no tenía nada que ver con creerse el centro del universo, pero como tal amigo había dejado de existir hacía mucho tiempo o tal vez, si lo pensaba mejor, no había existido nunca, se conformó desde esa primera y ya distante ocasión con repetirse muchas, incontables veces frente al espejo con una entonación que no reconocía como suya: esa voz me está destinada, es tan sólo para mí, y la mujer de la voz está incluida en ese destino.

¿Cuánto tiempo había transcurrido desde ese primer día? Le resultaba imposible contestar con precisión esta pregunta. Dos, tres, o miles fueron las jornadas con ella arriba, cantando en el décimo piso, y él siempre en su aposento abajo, sentado en el sillón frente a la ventana, o a veces en movimiento, caminando por el departamento. En cualquier caso un espectador sin aplausos pero con sonrisa algo desolada, casi una mueca de desesperación reflejando el insomnio que padecía.

Ni un día ni mil habían pasado hasta que al fin se encontraron en el ascensor. Lo supo enseguida, su boca era su voz, y la primera palabra que le oyó pronunciar esa tarde de lluvia fue tan necesaria como premonitoria, reafirmaba lo que había sido la historia en común y establecía un porvenir inevitable.

–Arriba –dijo ella.
–Sí, claro, al décimo.
–Ajá.

Y ya no existieron más que miradas esquivas en el ascensor, lento y silencioso con lo mejor de ellos dos adentro, solos hasta el final. Ni una palabra durante el viaje, ni una, ni siquiera para intentar una despedida amable cuando él se bajó y la dejó ir, pero el sonido del ajá quedó en su cabeza, en su espíritu, un ajá musical y cadencioso, y luego tuvo que enfrentarse con la noche en vela, con la melodía del ajá hasta la madrugada o quizá más todavía, como un estribillo de la canción más pegadiza, una de esas canciones de moda, moda que ella no incluía en su repertorio, pues sus temas parecían provenir de otro tiempo y de otro lugar, un lugar superior a todo lo conocido y que a él se le antojaba inalcanzable.

Él volvió por un instante al presente, aunque enseguida, al advertir que por el momento era impensable quitársela de encima, se resignó a seguir con los recuerdos.

El segundo encuentro.

Ella había subido a la azotea y allí la descubrió entonces, expuesta al sol, ausente del mundo y sus conflictos y dolores. Por qué había subido él, en verdad nunca se lo preguntó. Pero como si fuera el padre de la nena, como si tuviera un derecho natural, acercó una silla al cuerpo de la mujer y se sentó a su lado. Ella no hizo ningún movimiento, ni un mínimo parpadeo. Eso sí, mantuvo los pechos expuestos al sol y a la mirada de él. Y así permanecieron ambos en silencio, mirándose de vez en cuando. Cada tanto ella cerraba los ojos y parecía adormilarse y al mismo tiempo, como si obedeciera una orden, él desviaba la vista y se dedicaba a contemplar el paisaje de edificios y cables y antenas. La ciudad alrededor. Y cuando la noche sobrevino, la mujer se levantó, guardó el toallón en un bolso y se alejó de él, que continuaba sentado, mirándola irse, admirando la cadencia del cuerpo que se perdía en la penumbra, sin acertar a transformar la admiración en algún adjetivo que la representara. Y sucedió algo más. Antes de desaparecer por la boca de la escalera, ella se dio vuelta y con el gesto más insinuante de todo ese tiempo al sol, le dijo.

–Ya conocés una parte de mi vida, te falta la otra y ya lo sabés de sobra, estoy arriba, justo arriba tuyo.

Y a partir de esa tarde de sol y azotea, ocurrieron otras similares. ¿Cuántas? No lo sabe con certeza, imposible saberlo, si el tiempo le parecía haber dejado de existir. Todos esos encuentros resultaron casi idénticos. Solamente el sol y el cielo y la brisa parecían distintos cada vez.

Y cuando no estaban en la azotea y él dejaba pasar las horas y los días en su cuarto, la vida transcurría con la monotonía del canto de ella ahí arriba, entrándole profundo.

En medio de esas jornadas, recuerda él ahora, hubo una en que al salir del edificio se quedó viendo y escuchando en la vereda a unas nenas con trenzas. Ellas cantaban, no una canción infantil, no una canción conocida sino una melodía extraña y provocadora, y a las nenas no las había visto nunca y nunca volvería a verlas. Pero la mujer del décimo piso cantó esa noche la canción de las niñas en la vereda, la misma terrible y urgente canción. Y entonces él se vio acercándose cada vez más al precipicio, y no podía hacer otra cosa, sólo caminar, intentar alcanzarla.

Al día siguiente, tal vez como último recurso para evitar el encuentro, visitó al encargado del edificio. Le habló de cosas que no le importaban hasta que, como al pasar, le preguntó por ella y su canto. Quería y necesitaba saber si los vecinos se habían quejado o al menos habían hecho algún comentario al respecto. Pero la respuesta del encargado lo dejó inmerso en la confusión más honda, y entonces supo que el tiempo de la espera había terminado y que el plazo se cumpliría esa misma noche.

Esa misma noche él abrió de par en par la ventana de su departamento y a continuación comenzó a subir. Los pasos se apagaban en la alfombra de la escalera que los había separado hasta entonces. Al llegar empujó apenas la puerta, que cedió con suavidad. Enseguida la voz de ella detuvo su marcha y le hizo saber que estaba en el baño. Luego la mujer siguió cantando y aunque el ruido del agua de la ducha desfiguraba los sonidos, a él se le antojó la canción más poderosa y provocativa que le había oído jamás.

Casi no había muebles allí. Miró la cama, que también parecía esperarlo. Se desvistió lentamente y se acostó expectante y erecto.

De pronto, la canción pareció interrumpirse, enseguida él percibió que la ducha cesaba su rumor y apretó bien fuerte las sábanas.

Ella apareció desnuda, le pareció verla flotar por el cuarto y prefirió cerrar los ojos. De inmediato sintió como ella se encaramaba, tomaba el lugar que había sido suyo desde el principio, arriba, siempre arriba, y a él lo atrapó la sensación de imaginarla como montaña, y desde ese instante fue la roca en el valle, y el sexo de ella el río que bajaba por la ladera. Hubo un gran silencio entonces, hasta las respiraciones habían cedido, tal vez un prolegómeno que presagiaba la locura de lo que sucedería en esa habitación. Ella quedó inmóvil mientras él la adivinaba concentrada en la preparación de los sentidos. De pronto percibió un leve movimiento que la incrustó en su cuerpo. Enseguida la mujer sacudió su letargo, comenzó una danza morosa, sin urgencias, y de su boca arreció la canción del primer día, y luego la del segundo, y luego, luego no se detuvo. Y él, envuelto en las melodías, atrapado por ella, permaneció sin posibilidad de procurar otra cosa que no fuera la erección más violenta y prolongada. La voz de la mujer repetía una a una las letras de las que él apenas lograba comprender algunas palabras sueltas y que sin embargo lo conmocionaban hasta el aturdimiento, y así durante minutos, horas o siglos, cómo saberlo. Hasta que al fin llegó el momento en que su deseo más inmediato comenzó a ser otra vez el de quitársela de encima, pero ella continuaba machacando con su canto y su sexo y su movimiento, y fue entonces cuando él se propuso recordar lo que había pasado desde el primer día, y eso fue lo que hizo, y luego comenzó a preguntarse si en realidad alguna vez había existido el ascensor del ajá, o la azotea de las tardes al sol, o las nenas cantando en la vereda, o la cara estúpida del encargado, y de repente, con espanto y sin asombro vio el cuchillo al alcance de su mano, y ya no fue tanto el espanto cuando lo tomó, y ya casi el espanto era un recuerdo entre tantos cuando lo apretó bien fuerte, listo para la embestida final. Pero al advertir que había comenzado la canción de la ducha, la poderosa canción que había escuchado al entrar, dejó a un lado el cuchillo y con cada nota el río en el sexo de la mujer pareció desbordar y convertirse poco a poco en una catarata alucinante, y el canto pasó a ser un grito, y luego un aullido, y con la nota más alta sucedió que el río devino en mar, para romper al fin contra la roca y entonces ella dejó de cantar y en el lugar de la locura reinó el silencio y después la nada. Como si la muerte.

En algún momento impreciso el hombre se encontró en su habitación, permanecía tal como la recordaba de la última vez.

La voz de la mujer se escuchaba apenas, parecía alejarse.

–Ahora te vas, pero ya nos hemos conocido y llegará por segunda vez nuestro día, el día definitivo.

Entonces cerró la ventana y comenzó a esperarla.


Harol GASTELU PALOMINO/ El Rey que soñó con un Mundial de Futbol

Harol Gastelú Palomino, Huancavelica (Perú), 1968. Profesor de arte y literatura por Universidad La Cantuta. Ha publicado el libro de cuentos “Historias urbanas” (Derrama Magisterial, 2005). Sus textos han recibido los siguientes galardones: Premio Nacional de Educación Horacio 2004 en cuento, finalista en novela en el Premio Nacional de Educación Horacio 2005, Premio Cuentos Ciudad de Trujillo 2007, mención especial en novela en el Premio Nacional PUCP 2007. Acaba de obtener una mención de honor en el área de Mitos y Leyendas Populares en el Premio Nacional de Educación Horacio 2007. Textos suyos han sido publicados en las revistas digitales Azularte, Yoescribo.com, Remolinos, Destiempos, Palabras diversas, La puerta azul, Letralia, Ciberayllu, Exquioc, Misioletras y Las filigranas de perder.

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El Rey que soñó con un Mundial de Futbol
Por Harol Gastelú Palomino*

Alan III –el I se enfrentó al FMI, el II fue el candidato –, rey de Perusuyo –reino este asentado sobre los restos del antiguo Tahuantinsuyo–, soñó con hacer su propio mundial de futbol. Si los milicos hicieron su Argentina 78, ¿por qué él no podía hacer el suyo, ah? Veintiséis años ya sin asistir a un mundial, toda una generación de perusuyinos sin saber lo que es ver a su querida selección correr detrás de una pelota. No era posible. Su majestad había soñado con organizar los próximos juegos olímpicos, pero había sido boicoteado por sus enemigos. Pero no contaban con su astucia, así que decidió hacer su propio mundial donde la selección de Perusuyo sería el campeón. Esta vez nadie le iba a decir que no. La alegría de veintiocho millones de perusuyinos estaba en juego. Faltan estadios, su majestad. Pues que se haga uno en cada departamento, ordenó. Uno en Machu Picchu, el ombligo del mundo, allí será la gran final entre la selección de Perusuyo y… ¿Con quién se podría enfrentar la poderosa oncena de Perusuyo? Tenía que ser un rival digno como Brasil, España o Alemania, nada de selecciones pichiruchis. Hay que pensar en grande, señores. No tenemos equipo, su majestad. Uy, carajo, ese sí era un problemón. Chumpitaz, Oblitas, el Nene Cubillas, el Cholo Sotil, Cueto, el Panadero Díaz, Barbadillo, el Tanque la Rosa, Velásquez, hace años que habían colgado los chimpunes para pena de los perusuyinos. Imposible contar con ellos. Las “glorias” de ahora habían mandado al último lugar de la tabla de sudamérica a la selección de Perusuyo. A estos juergueros, y al entrenador, hay que condenarlos al destierro, ordenó su majestad. Con ellos no vamos a obtener ni la de bronce. Nacionalizar jugadores era la única solución. Nacionalicemos a los mejores jugadores del mundo. ¿Querrán? No seas pesimista, carajo, ¿quién no va a querer ser perusuyano si Perusuyo pronto estará entre los países del primer mundo? Somos mejores que Argentina, Chile y Brasil juntos. Se hizo lo que ordenó su majestad: nacionalizamos a los mejores jugadores del mundo, todos querían jugar por la blanquirroja, incluso nos dimos el lujo de rechazar a algunos que querían estar aunque sea en la banca de suplentes. Y empezó el Mundial de Futbol Perusuyo 2009 –¿para qué esperar muchos años, ah?, su majestad puede organizar un mundial cuando le dé la santísima gana, ¿no?, para eso es el rey–. El rey y su séquito –también sus ayayeros– en pleno dieron el play de honor en el estadio Incasuyo de Machu Picchu. Y como su majestad se moría de impaciencia, ese primer partido fue el de la gran final, ¿para qué esperar más si ya se sabía que Perusuyo iba a ser el campeón? ¿Resultados?: Perusuyo 6 – Resto del Mundo 0.


La Realidad, junio 2008

*Acaba de obtener el Premio Pasacalle de Novela Política con “Cadena perpetua”. El 2007 obtuvo una mención de honor en el Premio Nacional PUCP de Narrativa para nuevos talentos literarios y el Premio Cuentos Feria del Libro de Trujillo.


Ilustracion: Emilio de BOER

Miguel MORA/ Entrevista Pietro INGRAO

Entrevista Pietro INGRAO
La memoria comunista
Por Miguel MORA

La luna como símbolo de lo inalcanzable ha fascinado a Pietro Ingrao desde niño. El político e intelectual italiano narra su vida, que es el espejo de la lucha y de la derrota del comunismo. Él no se rinde: "El capitalismo nos ha destruido, pero todavía no se ve".

Pietro Ingrao, 93 años, comunista y soñador. Ex dirigente del Partido Comunista Italiano, ex presidente de la Cámara de Diputados, ex periodista y director de L'Unità. Escritor y poeta. Hombre dulce y sencillo. Hoy vive en un modesto piso romano, ayudado por una encantadora asistenta congoleña. Una foto del Che preside el salón. Mientras tomamos un café, él se abraza a la taza y narra. Sigue siendo un hombre brillante, idealista y romántico. Asume que el comunismo falló, que el asalto al Palacio de Invierno fracasó. Pero no se rinde. Sus recuerdos, su peripecia personal y política, como testigo y protagonista del siglo XX, subrayan el anhelo de cumplir un sueño infantil: coger la luna, atraparla con los dedos, cambiar el mundo. Pedía la luna es el título de sus memorias, que en Italia publicó Einaudi en 2006 y que ahora llegan a España. Y éste es un resumen de una conversación-monólogo. El hombre que perdió tira del hilo de la memoria y no encuentra explicación. Y se despide con una frase inapelable: "El capitalismo nos ha destruido, pero todavía no se ve".

-PREGUNTA. Así que quería la luna.
-RESPUESTA. A veces parece que se pueda atrapar. Sobre todo en mi pueblo [nació en 1915 en Lenola, región del Lazio] en verano y primavera, en las grandes noches estrelladas, cuando sale entre las montañas. De pequeño la quería coger, lo conté en un libro. Una noche, a la hora de irme a la cama, quién sabe por qué no quería hacer pis, que hacía siempre, y mi madre un poco desesperada llamó a mi padre, él vino y me dijo bromeando: "¿Qué quieres de regalo si haces pis?". Tengo la imagen como si fuera ahora. Mirando por la ventana hacia el valle y las montañas, vi la luna brillando sugestiva, y le dije: "Quiero la luna". Mi padre se echó a reír y dijo: "Hijo, no consigo cogerla". Así, la luna se convirtió en un símbolo de algo muy bonito que no se consigue coger.

-P. Y en una metáfora de su lucha política.
-R. Después establecí en mi fantasía una especie de ecuación entre la luna y las esperanzas que iban creciendo mientras Europa se destruía. La luna acabó representando la imagen de ese mundo nuevo que buscaba en la mitad de los años treinta y que después se precipitó en la catástrofe mundial.

-P. ¿Vivió la guerra como partisano?
-R. No disparé un solo tiro, no estuve en las brigadas sino en la actividad clandestina, haciendo de correo. Los jóvenes de la pequeña burguesía romana montamos una organización que luego amplió sus contactos con figuras singulares como Visconti. En su primera película, Obsesión (1942), moderna y con intención política, metió un personaje que representaba a un clandestino que había entrado ilegalmente en Italia. Él pertenecía a una familia aristócrata de Milán, y había ido a Francia a colaborar con Renoir, que había reunido a algunos italianos que conspiraban contra el régimen fascista.

-P. Con el que usted simpatizó al principio al principio.
-R. Sí, hice amistad con los jóvenes fascistas en la Universidad de Roma, participé en el movimiento de los Littoriali, y escribí una loa a Mussolini. Pero un amigo, Gianni Buzzini, me llevó al Centro de Experimentación de la Cinematografía instaurado por el fascismo. Allí estaba Alida Valli, la bellísima. Aunque no filmé un metro de película, conocí a los cineastas rusos, viajé a Capri con Giuseppe de Santis (el director de Arroz amargo), conocí a Visconti... Cuando empezaron los arrestos, me escapé a Milán y me hice clandestino.

-P. ¿Cómo era aquella Italia?
-R. Un país oscuro. La gente emigraba en busca de pan. Había muchísima hambre. El régimen estaba en crisis y las tiendas estaban cerradas. Un día entré en una pastelería abierta que tenía dulces. Compré uno y lo tuve que escupir, era repugnante. Estuve también escondido en Calabria, durmiendo en una cabaña de paja, luchando contra un enemigo, los ratones. Había docenas. Por la noche hacía un fuego para que el humo los ahuyentara. Apagaba el fuego, me dormía y sólo se subían al catre cuando estaba dormido. Ah, aquel sueño de la juventud...

-P. ¿Había tiempo para el amor?
-R. Sí. Mi futura mujer, Laura, también participaba en la conspiración. La conocí en Roma, era hermana de Lucio Lombardo, que estaba preso en la cárcel de Civitavecchia; ella era el correo entre nosotros. Nos enamoramos y nos casamos ya cuando los aliados entraron en Roma.

-P. ¿Recuerda el día de la liberación?
-R. Estaba en Milán con unos compañeros sicilianos. Tengo un recuerdo nítido de la noche del 25 de abril. Cenamos algo, nos acostamos, y de repente se abre la puerta y entra Salvatore di Benedetto, abre la ventana y empieza a gritar: "Ha muerto Il Duce", "abajo Mussolini", "viva la libertad", "fascistas carroña". Pensamos que se había vuelto loco. Nos contó la noticia, salimos a las calles, que estaban inundadas de gente, asaltamos las sedes fascistas, estuvimos toda la noche quemando papeles y por la mañana fuimos a liberar a los prisioneros de la cárcel. Luego hicimos un mitin, hice un discursillo, y fui a casa de Elio Vittorini para preparar el número de L'Unità.

-P. ¿Quiénes hacían el periódico?
-R. Durante esos años lo hicimos con Gillo Pontecorvo, el director de La batalla de Argel. Tenía sólo dos páginas, y metíamos también sucesos. Cuando llegaron los aliados, me mandaron a Roma, primero fui redactor jefe, y luego ya director. Recuerdo que tras la liberación poníamos alguna foto de mujeres con poca ropa y los soviéticos nos lo reprochaban mucho.

-P. ¿Lo controlaban todo?
-R. Había una relación continua. Ellos eran la guía, la gran guía, daban las órdenes y las directrices. Aunque Togliatti intentó buscar una relativa autonomía, ellos financiaban el partido. Fui a Moscú varias veces con Togliatti. Iban los comunistas de Europa y América Latina, eran unas reuniones aburridísimas.

-P. ¿Allí conoció a Carrillo?
-R. Nos vimos a menudo. En Moscú y en Francia. Era el líder con el que tuve una relación más estrecha. La Pasionaria era un gran símbolo, pero la relación de alianza y de acción común era con Carrillo. Fuimos muy amigos, nos vimos muchas veces. Incluso, acabada la guerra española, intentamos apoyar su lucha antifranquista y acreditar a la resistencia española, que no tenía mucha fuerza. Los italianos teníamos mejor relación con ellos, los franceses estaban celosos y les ayudaban poco.

-P. ¿Los comunistas italianos siempre fueron distintos?
-R. Durante la guerra fría vivimos una crisis compleja. Gracias al prestigio de Togliatti, y a la inteligencia de su relación con Stalin para garantizar un modo italiano, éramos más autónomos. Moscú siempre nos consideró heréticos e indisciplinados, los franceses eran más disciplinados y nos atacaban. Tenían celos de nuestra fuerza, y los soviéticos no nos apoyaban. Rompimos con los soviéticos en tiempos de la invasión de Afganistán, pero antes ya estábamos mal, con la defenestración de Dubcek, con quien teníamos una relación muy estrecha. Ponomariov, que era nuestro contacto en el aparato soviético, era un pedante y un aburrido insoportable, que siempre nos daba lecciones morales y controlaba la ortodoxia más estúpida. La burocracia soviética era un verdadero desastre. Distanciarnos fue una segunda liberación.

-P. Pero supuso la división del partido. Y las purgas.
-R. Muerto Togliatti, se abrió la lucha interna. Una parte de derecha liderada por Giorgio Amendola, y una de izquierda liderada por mí, que intentaba introducir el debate interno, la práctica de la duda, una discusión más democrática. Ganaron ellos. Y fuimos todos purgados. Nos castigaron. Pero el sindicato más cercano a mi pensamiento obtuvo una gran victoria y me propusieron para presidir la Cámara de Diputados. Me convertí en un personaje estatal, y tuve mucha relación con Fanfani, que era el presidente del Senado. Ahí, el partido dio vía libre a la propuesta de Berlinguer y se abrió a Occidente. Ésa fue una gran crisis. Primero rompimos con Mao, y luego vino el error fatal de la guerra de Afganistán que supuso el equivocado e infeliz fin del leninismo. Ahí murió el gran proyecto comenzado en 1917, no sólo el estalinismo.

-P. ¿Cómo juzga ahora la apertura de Berlinguer?
-R. Yo no estaba de acuerdo. Era un intento de pacto con la burguesía y con el mundo católico. Hacía falta garbo. Por un lado, yo era laico; por otro, tenía una relación mejor que nadie con el clero toscano, que tenía mucho prestigio pero poco poder. Berlinguer se acercó a Aldo Moro, ésa fue su gran operación. Moro era una de las personas más inteligentes y cualificadas del país, pero sólo aceptó el compromiso histórico con mucha prudencia porque no estaba seguro de su entorno. Una parte de la Democracia Cristina se mordió los labios. No querían. Nosotros estábamos muy fuertes, gobernábamos en muchas ciudades y teníamos prisa, queríamos gobernar el país. Moro respondió que necesitaba tiempo. No se lo dieron. Lo asesinaron.

-P. ¿Quién?
-R. Ése es el gran misterio. No sé quién lo organizó. Pero, desde luego, no fue lo que dijo la versión oficial.

-P. ¿El partido comunista pudo hacer más por salvarlo?
-R. Las Brigadas Rojas no aceptaban ninguna influencia del partido, marcaban claramente la distancia y la diferencia. Dentro de la Democracia Cristiana hubo una fuerte y pesada resistencia al plan de Moro. Él no tenía fuerza suficiente. La pulpa de la DC seguía siendo anticomunista, y la apertura de Moro no escondía ese rencor. Ésa fue la estrategia que les permitió tener Italia bajo sus manos tanto tiempo. Matan a Moro, muere Berlinguer, y todo acaba.

-P. Esas muertes anticipan, en realidad, la muerte del PCI.
-R. El partido se divide otra vez y todo se precipita. Yo estaba en España, en un viaje precioso por Córdoba y Sevilla. Vuelvo a Madrid y me encuentro con dos noticias pésimas. La muerte de La Pasionaria, y el error fatal del discurso de Occhetto en el Congreso de la Bolognina. Inspirado en las ideas liberales del entorno de hombres como Scalfari, anuncia que rompe con el pasado. Volviendo de ese viaje encantador, muere Dolores y los periodistas italianos me preguntan qué me parece la liquidación del signo comunista. Asisto en noviembre de 1989 al funeral emocionantísimo de aquella mujer alta y simbólica, comemos con Carrillo en una tasca, tardísimo como siempre en su país, tenemos una larga charla sobre España, hablo con Occhetto y me pide que no diga nada antes de que me explique. Vuelvo a Roma, en el avión veo los periódicos, entiendo mejor, cuando bajo hay dos compañeros esperándome. Voy a Botteghe Oscure, me repite lo que yo ya sabía y me pide que me calle. Yo me niego, voy a Montecitorio y hago la declaración de disenso y crítica. Comienza un curso nuevo, otros grupos rompen con el partido, y todo acaba en que el partido se deshace.

-P. Es la derrota final.
-R. Hace falta decirlo así. La URSS pierde en Afganistán, el PCI se hace trizas, y enseguida cae el muro de Berlín y Moscú no aguanta más. Yo aquí tiendo a aplicar un razonamiento: ahí acaba la gran parábola de 1917, muere la gran invención del asalto al Palacio de Invierno. Durante 50 años fue un sueño, el comunismo se convirtió en un gran actor mundial, tuvo un poder real con América como antagonista. Pero llega la derrota de Lenin, el sueño se derrumba. Y las ideologías, y los símbolos, y los nombres, y las palabras míticas.

-P. Y la luna.
-R. La luna no la cogimos, pero estuvimos cerca. Acercamos las manos; mejor dicho, la mirada. Pareció que la atrapábamos, pero no fue así. No llegamos al Palacio de Invierno.

-P. ¿La tercera victoria de Berlusconi supone que fue una derrota total?
-R. No. Eso querría decir que la partida se acabó y yo no quiero decirlo. Fue derrotado el leninismo en el que creí, eso sí. Fallamos. Perdimos incluso la relación con ese error. El asalto era una parte, un momento. Pero había otros componentes. No contamos con la complejidad de la partida. Dimos demasiada importancia a Europa occidental y poca a la oriental, por ejemplo. Pero hicimos cosas extraordinarias. Conquistamos ciudades y las gobernamos, construimos un sindicato rico de invenciones, dialogamos incluso con la religión. Pero no cambiamos el país, no llegamos a ocupar el poder, el asalto fracasó. Era una idea limitada del cambio.

-P. ¿Marx sobrevive?
-R. Llega muy lejos. Hizo mucha lectura de clase y creó movimientos de insurrección y liberación. Todos nos equivocamos, deberíamos indagar qué nos faltó. Pero si equiparo esa derrota a la bajeza de Berlusconi, lo nuestro fueron eventos extraordinarios. Los problemas no se han resuelto. El capitalismo nos ha destruido pero todavía no se ve.

Traducción de Helena Aguilà Ruzola. Península. Madrid, 2008. 416 páginas. 23,90 euros.
Pietro Ingrao. Pedía la luna.


Articulo:
http://www.elpais.com 28/06/2008

Migé S.APARICIO/Poesía


E-mail: velezmalaga@ono.com

Sobre
Azul@rte:
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/search?q=Mig%C3%A9+S.APARICIO


Contener salarios
Por migé S.APARICIO

Contener salarios
para que no aumenten los precios.
Es la receta del Banco Central €uropeo,
que ordena a los Gobiernos,
porque se lo han demandado los Bancos.

Atajo de Sabandijas,
chupasangres del obrero manual,
que viven encorbatados,
aparentando nos hacen favores

¿ pero quienes han votado a esos partidos ?
a la hora de las elecciones;
los empresarios solo emiten un voto.

Entonces, ¿ quienes son los culpables ?;
de esta situación, y...
de lo mucho peor que está de camino.
.
.
.
.
La biéa €uró-PEDA
Por migé S.APARICIO

Dedicado al Poeta Xileno-Kanadienze, Jaime SEREY
del Axarko-Katalà, Migé S. APARICIO


Ke de kurta i umana,
ez, una kriminá uzurera zienpre za dao.
Noz rati-fika a nozotroz;
.
.
.
.
Se están CONCULCANDO
Por migé S.APARICIO

Se están CONCULCANDO;
los derechos humanos,
que son Ley de Leyes,
muy por encima,
de cualquier otro concepto.

Cuando se educa en normas,
de cualquier tipo,
que crean división, y...
desamor entre las personas.

No existe la libertad personal,
cuando a un niño se le imbuye machaconamente;
que su religión es la única y verdadera, hay que matar o morir por ella.

¿ no está penado romper los derechos humanos ?
¿ no es el fundamento esencial de LAS NACIONES UNIDAS ?
¿ acaso es falsa la UTOPÍA de trabajar por un mundo mejor ?



Fin de ciclo
Por migé S.APARICIO

o...
el planeta sigue su curso animal evolutivo,
lo cual es un signo de normalidad;
desde que caminamos erguido.

¿ es posible que estemos errado con tanto alarmismo ?;
yo no soy persona de estudios,
ni de pensares profundos.
No cerremos los ojos a la historia.

Las guerras y hambrunas
continúan en África y lugares más.
No importa el dolor tengan cara de $ u €.

Hispanoamérica está subyugada y se pelea consigo misma;
la “ culta “ €uropa pone candados y cadenas invisibles a los emigrantes, y...
hermana a todos con 65 horas de trabajo a la semana.


Ilustracion: Ivalio-Tsvetkov-http://www.irancartoon.com/

SECH/Cuento: «Amor prohibido» de Fidel Guillermo


Luis E. Aguilera
Presidente
Sociedad de Escritores de Chile (SECH),
Filial Región de Gabriela Mistral-Coquimbo
Fonos (56-51) 227275 (56-51) 243198
Celular 90157729
luiseaguilera.57@gmail.com
luiseaguilera02@gmail.com
www.luiseaguilera.blogspot.com
La Serena – Chile



Sobre Azul@rte:
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/search?q=SECH


Cuento:
Amor prohibido
Por Fidel Guillermo, Escritor Cubano (Pinar del Río)

Después que Rafael terminó de cenar, Odalis retiró el plato de la mesa con la dedicación habitual de todos los días, luego extendió la mano con cierta muestra de cariño, para darle un pañuelo rozando intencionalmente sus dedos. La cocina esa noche no le parecía tan agreste como la mayoría de los días de la semana, hoy es mi día, pensó, después de todo tengo derecho a sentirme una mujer plena.

Desde allí veía a Rafael desnudarse, hasta quedar en calzoncillos, sus ojos se detuvieron en el bulto que marcaba la entrepierna. Muchas veces deleitó su imaginación creyendo tener un falo así entre sus manos, o tener diecinueve años, con un cuerpo estupendo. Miraba con cierta lascivia al joven, cuyos sentidos no se percataban de que era observado.

La noche del día de los enamorados no se borraba de su memoria, la cena estaba servida, Rafael demoraba en sentarse a la mesa con ella y Roberto, su esposo. Creyendo que podía demorar un poco más, tomó rumbo al baño para lavarse las manos antes de ingerir alimentos, casi interrumpe la labor de Rafa que de forma autocomplaciente, se masturbaba. Sus ojos quedaron atónitos al ver el tamaño del pene del joven. El corazón le palpitó de forma tal que sintió miedo, cierta humedad le afloro entre las piernas. Ver al joven en semejante faena le causó excitación. Después dejó al tiempo la misión de que borrara ese día de su cabeza.

Terminó el fregado con el último plato, lo escurrió y suavemente lo colocó en el platero. Cerró la llave del agua con dos giros de la manigueta y a paso acelerado fue directo al cuarto donde ella y Roberto duermen, donde muchas veces el mundo le cae encima cuando debe complacer a Roberto cada noche que la desea, sin saber lo que ella añora y de nuevo acepta dejarlo terminar, entre los gritos que emanan de sus eyaculaciones precoces. Pero hoy será diferente, así lo siente al mirarse frente al espejo, sus nalgas aun están duras, la piel es suave, aunque hace tiempo dejó de experimentar la sensación de sentir aquellos orgasmos que le causaba Alain, su primer novio en el preuniversitario, aquel que tomó su virginidad, aquel que la obligó a compartir su cuerpo con los socios del piquete del aula y cobrarle a la cola el sabor de los gemidos de Odalis.

Buscó entre los frascos encima de la cómoda el de crema para la piel, con la mano izquierda apretó el pomo y vertió sobre la derecha una pequeña cantidad del líquido, para luego frotarse ambas manos y deslizar cada una sobre sus blancas piernas. Abrió el closet y agarró un vestido que quedaba encima de sus rodillas. Su cuerpo, a pesar de sus treinta y nueve años se encontraba en forma. Antes de vestirse miró por ultima vez la imagen de su esbeltez frente al espejo, no sin antes acomodar entre la línea divisoria de sus nalgas el hilo dental.

Camino a la sala se encontró con Rafael que le celebró el ajustado vestido al cuerpo y lo hermosa que lucía cuando se soltaba el pelo, también notó el hilo dental como una desgarradura en su propia piel. Odalis sentía su estómago saltar, pronto comprendió que los nervios la habían atacado no esperaba la reacción de Rafael que no había perdido de vista los arreglos que hizo en su cuerpo para esa noche. Imaginaba que llevaría ella las cosas a su antojo, por eso simplemente debía dejar las cosas fluir como las aguas de un río.

Ensimismada en mirar la ropa que Rafael llevaba puesta no se percató cuando este fue al teléfono y realizó una llamada, para después sentarse en el sofá, convidándola a sentarse junto a él. Sin decir nada el joven recostó su cuerpo en el mueble y apoyó la cabeza sobre los muslos de Odalis quien sintió nuevamente el salto en la boca del estómago.

Como en una especie de ritual empezó a acariciar la cabeza de Rafael, dejó correr los dedos entre el pelo lacio y suave, luego le preguntó si deseaba le hiciesen cosquillas en la espalda y los hombros, a lo que este asintió y desde la misma posición esabrochó
lentamente la camisa color azul.

Las caricias llegaron al cuerpo de Rafael para transportarlo a un sitio de paz, lejos del bullicio de la ciudad y la monotonía de la universidad; cuando iba a los campismos con sus compañeros de aula, cosas como estas eran las que más extrañaba. Odalis pensaba en cómo sería ser penetrada por alguien mucho más joven; aún llena de deseo y morbo seguía atada a los convencionalismos de una familia conservadora atada a prejuicios que le frustraron el alma, la misma familia que le convenió el matrimonio con Roberto, el futuro ingeniero e hijo del cirujano Dagoberto Villalba.

Muchas veces se fustigó a sí misma por no haber tenido el suficiente valor para marcharse a Cienfuegos con David, alguien que la apasionó, pero el color de su piel hizo que sus padres la amenazaran con desterrarla de la familia si se casaba con un negro, y prefirió complacerlos para luego ser una excelente esposa y madre.

En este vaivén de ideas el llavín sonó tras varias vueltas, al abrirse la puerta se dejó ver la figura de Roberto que regresó con el pretexto de unos documentos olvidados para el balance de su empresa, comería algo ligero para salir nuevamente, el carro estaba afuera con el chofer a la espera. La presencia de este no hizo que Odalis dejara su labor.

"Esperaré a que salga para dejar las cosas claras con Rafael de una vez por todas", pensó, sin dejar de acariciar la espalda del joven, cuya acción la había excitado mucho antes de entrar su esposo.

Roberto casi iba de salida, cuando el timbre sonó, este abrió la puerta y saludó a la joven que apareció ante sus ojos: Delgada, piel trigueña, apenas parecía llegar a los veinte años. Después la invitó a pasar y se justificó con su empresa, el informe a entregar dentro de dos días... Rafael se levanto del sofá, alcanzó la camisa que se encontraba en el sillón y antes de ponérsela extendió un cálido abrazo para la recién llegada que lo premió con un beso en la boca.

-Mira mamá, ella es Ivonne, mi novia, la muchacha de la que te hablé- Odalis trato de sonreír a la advenediza, aunque las palabras que salieron de su boca lo hicieron con poca fuerza.
-Mucho gusto, mi nombre es Odalis, soy la mamá de Rafael, estás en tu casa- y extendió la mano que fue a estrecharse con la de su futura nuera.

Hechas las presentaciones formales la pareja tomó rumbo a la puerta con el propósito de salir a la calle, el joven le dijo que no se preocupara, iba a llegar tarde. Odalis lanzó al aire la frase típica de madre preocupada: -"Cuídate mucho". Caminó hasta la cocina, se detuvo frente al refrigerador, lo abrió y extrajo una botella de vino que Roberto le había regalado por su cumpleaños, tomó un vaso de la meseta de la cocina y lo llenó. Volvió rumbo a la sala, sentó su cuerpo nuevamente sobre el sofá, esta vez sin la compañía de Rafael, recostó la espalda después de un largo sorbo de vino y decidió esperar el regreso del añorado hijo, para ella, aún la noche no terminaba.



Ilustracion: Belkacem TATEM - http://www.belkacemtatem.com/

Estación Poetas/Entrevista a Jorge BOUSOÑO


Estación Poetas
de Gustavo Ortíz
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CC 79797535
CEL: 3172258439
E-mail:
estacionpoetas@yahoo.es



Vagón de ESTACION_POETAS dialoga con el cubano Jorge Bousoño

La poética del maestro Jorge Bousoño es un lento desgranar de confidencias, uniones con cada imagen, peleas y distancias de cada realidad sobre la manecilla del tiempo; como una pintura en movimiento empolvada de colores, que nos clava su sensación en el silencio.

EN UNA AGENDA QUE QUIERE VESTIRSE DE POLVO

"Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio".
[ Federico García Lorca ]


Despidiendo a Julio
Por Jorge BOUSOÑO

Hoy es buen día para dejarse poseer
por el murmullo del río
al amparo de los árboles y el aroma húmedo a paz
en manto de hojas secas

la distancia crece, se hace al abismo
de golondrina a golondrina

los colores se diluyen, día a día
tras la zaga del sol intenso

despedimos a Julio y es curioso:
yo viviría de abriles y mayos
con algún que otro diciembre

esta sensación tiene su carga melancólica
y sí, hoy es un buen día para dejarse:
despidiendo a Julio.

© JB (31.07.2007)


Septiembre. Ausencias
Por Jorge BOUSOÑO

"un hombre y una mujer
sin tener que mirarle los ojos al tiempo"

[Teresa Coraspe]



Un enjambre de agujas acribilla
los momentos en que el tiempo y la distancia
arremeten acertijos

tanto han girado las manecillas
tanto que pacientes sobreviven los relojes.

© JB (24.09.2007)


Su curriculum es el siguiente:

JORGE BOUSOÑO (La Habana, 1957) Poeta e Informático. Graduado de Licenciatura en Cibernética Matemática por la Universidad de La Habana, 1990. Textos poéticos suyos figuran en diversas antologías de poesía hispanoamericana (aBrace Editora; The Refined Savage Editions; Alternativa Editorial; Editorial Poetas de América, Editorial Maribelina), entre otras publicaciones especializadas de Canadá, España, Italia, Estados Unidos de América, y países latinoamericanos. Representante en Cuba del Movimiento Cultural aBrace y Cónsul por La Habana en Poetas del Mundo.

Sobre Azul@rte:
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/search?q=JORGE+BOUSO%C3%91O+


Entrevista:

El maestro tuvo a bien respondernos unas preguntas para nuestro proyecto virtual, así:

- ¿Cómo sobrevive un poema dentro de una sociedad de consumo?
- Nosotros en Cuba tenemos la suerte de no tener muy arraigado (salvo exclusiones) la "SOCIEDAD DE CONSUMO", por lo que no poseo mucha experiencia al respecto (ni, tal vez, del mundo real; debido a que la sociedad cubana se desarrolla -o al menos trata- bajo concepciones diferentes); ahora, si lo que se quiere averiguar es como podría ser aceptado un poema por las grandes editoriales y los grandes medios de difusión, dadas las intenciones marcadas de globalización de la banalidad amparada en sus recursos financieros (es decir, lo que pretenden que seamos), entonces, tendría que escribirse un NO-POEMA bien simplón, meloso, enajenado, egocéntrico, egoísta (nada que tenga que ver con literatura).

- ¿Cómo mantiene un poeta su posición de ejercicio crítico dentro de una supuesta y modelizada situación marginal?
- Esta pregunta sacude al prisma, sus aristas, y depende mucho del carácter que se le quiera dar a la "marginación" o la mella, porque:

en corazones marginados
(lanzados al abismo
más allá de todo límite)
no hay solución


MUCHO MENOS HABRÁ POESÍA...

-¿Una definición del quehacer poético de Jorge Bousoño?
- CONFESIONES DEL AUTOR:

Yo no me miento: escribo porque tengo la necesidad de expresar algo (de gritar en ocasiones); ahora, como por género/don me escogió la Poesía, entonces, trato de hacerlo con decoro y asumir la cuota de responsabilidad: No hay sosiego.

Si de técnica literaria hablamos, pues, puede que mi modesta obra esté marcada por una atracción o afinidad inconsciente hacia el "Soneto", dado su poder de síntesis y fuerza expresiva; aun cuando ose convertir sus cadenas de catorce versos endecasílabos con rima perfecta en juego de nuevas propuestas.

Abogo, además, por mantener una estructura en los poemas, con ello su tempo (sin cuestionar a quienes opten por la prosa poética, en esta época), y esto va vinculado con mi forma de manifestar el respeto hacia el lector o, mejor, con lo que espera el lector a imagen representativa.

Como herejía de precipicio, confieso que no pretendo que mi obra sea "elitista", muy por el contrario: trato de escribir a partir del lenguaje cotidiano, de acceso popular; para demostrar que nuestro léxico (castellano basado en oraciones compuestas por cinco a ocho sílabas fundamentalmente) tiene su vida poética; para demostrar que sin tener que desempolvar palabras exquisitas del diccionario, sin tener que evocar, innecesariamente, a esos que honrosamente nos precedieron y marcaron sus pautas en la historia de la literatura mundial, también se puede hacer poesía; para demostrar, con ello, que la arrogancia cognoscitiva no es precisamente alta cultura.

Así, lejos de presuntuoso, aspiro a que mi propuesta (atrevida en ocasiones para el género y sus corrientes estéticas aceptadas) traiga consigo un sello muy personal, continuador y diferente: ese aire fresco y puente necesarios para acunar en nuevos bríos a la poesía cubana contemporánea, retoñando desde sus raíces más autóctonas.

Si logro todo esto, pié en tierra, y el que cada lector haga suyo al menos uno de mis poemas, cualquiera de ellos, entonces, me satisface con creces este VIAJE.

- Tres poetas que siempre repasas en tu cotidianidad.
-¿Tres solamente? --- Eso es bien difícil después de tantos siglos de buena poesía hispanoamericana. Aun así, con una cabecera más amplia, tendría siempre a la mano a: José Martí, Rubén Martínez Villena, Cesar Vallejo, Miguel Hernández, Antonio Machado, Federico García Lorca, Rubén Darío, Pablo Neruda, Roque Dalton, Mario Benedetti, entre otros (disculpando a mi cubanía, claro).

-¿Qué estrategias base implantarías en la enseñanza a la juventud de la poesía?
-Enseñando ética y estética: valores humanos reales, resguardando y respetando la diversidad de nuestras raíces, culturas, costumbres e idiosincrasias, amparando la continuidad se enseña poesía, la poesía enseña, y fluye como el arroyo.
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Ilustracion: Siegfried WOLDHEK - http://woldhek.nl/

Carla CORDUA/¿Se puede hablar sin metáforas?


¿Se puede hablar sin metáforas?
Por Carla Cordua

El lenguaje está lleno de metáforas, y aquellos usos especializados, como el científico, que se han esforzado por deshacerse de las metáforas o, cuando menos, por reducirlas al mínimo, se han visto envueltos en una batalla casi imposible de ganar. Siempre reaparecen nuevas formas de metaforizar en los discursos de quienes se han comprometido a mantenerse limpios de toda figuración sensible.

Un caso llamativo de derrota frente al constante pulular de las metáforas en el habla exhibe la historia de la filosofía. El impulso filosófico tendía, desde muy temprano, a la sustitución de las metáforas de la lengua ordinaria por conceptos o, en su defecto, a la idealización de lo metafórico. Con gran confianza en la irreconciliable diferencia entre el pensamiento abstracto y la imaginación, la filosofía cuidaba las fronteras entre ellos. Apartar las operaciones de la mente de las de los sentidos y segregar el discurso del vecindario y de los empréstitos de la poesía, serán medidas de primera necesidad para los filósofos. Las operaciones más fecundas para lograrlo son elevar los términos hacia la perfecta universalidad e ignorar las particularidades y los accidentes. Para este punto de vista, las ilustraciones, comparaciones y alusiones no hacen buenas razones para persuadir; sólo valen los argumentos abstractos dirigidos al entendimiento desnudo. Con este programa tan claro y decidido, ¿a qué se debe que la filosofía no haya podido deshacerse nunca de las metáforas?

La independencia mutua de la razón y la imaginación es más un programa de época, cuyos supuestos nadie examinó antes de adoptarlo; más un proyecto racionalista, que una realidad. Tiene todos los rasgos de algo deseable, alimentado por el anhelo de cierto tipo de pureza y por la inocente afición a los extremos y a la exageración. Un impedimento adicional, de tipo lógico en este caso, se agregó a la dificultad mencionada, oponiendo resistencia al establecimiento de un lenguaje puramente conceptual. Se trata del par de conceptos universalidad-particularidad. Tratados como contrarios abstractos, como la lógica formal hace para sus propios fines, pierden toda función para referirse a las cosas existentes y comprenderlas adecuadamente. Las cosas son siempre e inevitablemente combinaciones o interacciones de lo particular y lo universal. Nada de raro, entonces, que los esfuerzos multiseculares por establecer y valerse de lenguajes saneados de elementos metafóricos, hayan producido sólo resultados insatisfactorios.

El pensamiento reciente tiende a aceptar el ingrediente metafórico del lenguaje. Procede, claro, a analizarlo para asegurarse de los varios ingredientes de sentido que forman parte de su expresividad, tanto de los intelectuales como de los sensibles e imaginativos. El filósofo francés Michel Foucault suele llamar "metaforizar" a su esfuerzo por explicar su concepción de los temas de sus obras. En particular, cuando se trata de conductas humanas, instituciones e inventos, cree que la explicación debe elegir entre metaforizarlas, o bien temporal o bien espacialmente, según el propósito de la investigación.

Dice Foucault: "Metaforizar las transformaciones del discurso valiéndose de un vocabulario temporal conduce necesariamente a utilizar el modelo de la conciencia individual, con su temporalidad propia. Tratar de descifrarlo, por el contrario, a través de metáforas espaciales, estratégicas, permite captar precisamente los puntos donde los discursos se transforman mediante, desde y en relaciones de poder". Ello permite poner en evidencia tales aspectos inaparentes de la vida social.

Archivo:
http://diario.elmercurio.com 22/06/2008
Ilustracion: Siegfried WOLDHEK - http://woldhek.nl/

Mario GALLO/ Diario



Diario
Por Mario GALLO

En una alegre mañana de verano
Los diarios locales anunciaron mi muerte
Con gesto de buena vecindad
Se limitaron a mis banales logros
A mi bizantina trayectoria
A mis relativos aportes
Para una cultura de enanos
No habrá velatorio, dijeron
Hablaron de vacío
Como si hubiese antes llenado algún espacio
Hablaron de mis preocupaciones
Sin haberlas nunca entendido en vida
Intentaron bosquejar con mano rápida
Mi grito desesperado en esta tierra
De sordos superficiales
Hablaron incluso del posible destino final
De mí Nada
Sin saber, energúmenos, que allí recién empezará
Todo
En una alegre mañana de verano
Los diarios locales anunciaron mi muerte
Nadie acertó con una sola frase
Que colmase mis terrenales sensaciones
Ahora arrasadas por esta ceguera sin estrellas
En una alegre noche de verano
Alguien con esa misma hoja
Con toda su inocencia a cuesta
Con toda su ignorancia a cuesta
Encendió un fuego
Para el asado
Último acto
De esta estúpida comedia
Con ínfulas de trascendental


De libro inédito Por los Dioses y los Hombres... Olvidado.

Augusto CORONEL/Poesía

Augusto CORONEL, 19 anos, Uruguay
E-mail:
aco21@hotmail.com


Altruyo
Por Augusto CORONEL

Encuentro el verso que faltaba,
poca desilusión,
Miedo
al temprano despliegue
del ciego e inerte reflejo
de faroles que vomitan certeza.

No quiere,
seduce en pleno desenfreno
ante la evaporación de toda lágrima.

Repetido, ido, ido.
Constante, ante, ante,
ante la ilusión
del ombligo perpetuo
y la mecanización del pulso desalmado.

No conoce
el conocer
conocedor,
conocentista,
conocentísticamente conocido.
Frío.
Muerdo el suspiro
Y desnudo entro mil veces
sin vuelta a la esquina
del viejo rumor.

Del ombligo perpetuo
y la mecanización del pulso desalmado.

Del ombligo perpetuo
y la mecanización del pulso desalmado.


***
El acto
Por Augusto CORONEL

Ya el elemento básico
se perdió,
la nube de sus ideas le aburre.
Juega a atravesar mil grises escombros de apacible sedación.

Ya no importa
Ya no importa.

Tu muslo en mi piel sonríe la espera
de la lluvia de semen...

Placer/dolor. Dolor/placer.

¡¡¡No, no!!!
lastimas mi garganta
arañas los secos rastros de toda fe en mi belleza.

Ya no importa
¡mutila!

Ya no importa....


***
Telégrafo de chocolate
Por Augusto CORONEL

Tan bello al caminar,
decorando el pedestal,
mientras ilumina el sol
inertes sonrisas.

Despegado de todo,
suelto,
tuerto,
masticado el lodo.

Estruendos delincuentes,
no son más que ecos
en sus pupilas coloradas,
alguna vez, rosadas.

Transfiere toda idea,
besa nucas,
y coletea .

Telégrafo lo llama,
intenta,
cual helada contenta,
llegar a la cima.
Falla,
la cima
no es de su talla.


***
Un cliché en agosto
Por Augusto CORONEL

Ante ti no puedo desnudarme.
Me da miedo meterme a la cama
me da miedo besar tus zapatos
me gusta escuchar el canto.

Ante ti no puedo desnudarme.
Me gusta no saber cuando parar
me da miedo creer que conozco el juego
y pensar en el sonido inacabado de una copa de cristal.

Ante ti no puedo desnudarme.
Deseo calmar mi sed frente a la fuente de sal.

Ante ti no puedo desnudarme
Me gusta pensar que falta poco
y que el reloj es una mancha más en la pared.

Ante ti no puedo desnudarme.
repito varias veces la misma palabra.
Colchón de mentiras y constante esperar.
Tibio sonido.
Tibio dolor.
Tibio sabor
Tibio.

Me da miedo meterme a la cama
me da miedo besar tus zapatos.
.
.
Ilustracion: Siegfried WOLDHEK - http://woldhek.nl/

Jorge RODRIGUEZ LAGOS/Prosas


Jorge Rodríguez Lagos reydcopan@gmail.com , Honduras

Sobre Azul@rte:
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El Gatito come Pollo
Por Jorge RODRIGUEZ LAGOS

me encontraba leyendo un interesante libro de cuentos / cuando ónix
llego a sentarse a mis piernas / me abrazo / y dio un beso
- papi ( me dijo) un gatito come leche con pan / sin pan / tortilla y lo que sea
- un gatito(respondí) come muchas cosas que le gusten
- ! aaaaahhhhh¡ (exclamo)
- ¿ porque me lo pregunta?
- pues (me dijo con desenfado) porque el gatito se acaba de comer el pollo, que usted dejo en la mesa enfriando para la cena luego se bajo de mis piernas y se fue corriendo


El Pajarito de Papel
Por Jorge RODRIGUEZ LAGOS

- ! papi ¡ paaaaapiiiiiii ¡ ...veni papiiiii (me llamo alexa)
- que paso mamita (pregunte algo asustado) ante su premura
- mira papi / aquí traigo un pajarito (me dijo)guardando algo entre sus manitas / me compras una jaula / papi / siiii papi / me compras una jaula
- su carita denota cierta alegría infantil que como un tierno sol no deja de brillar
- enseña a ver(le imposte) ...los pajaritos no merecen estar prisioneros
- mira papi le rompí una patita cuando lo saque de tu libro y un ala / pero creo que todavía puede volar
- si mi moi / todavía puede volar / sin su patita / con una ala quebrada y con todas esas letras que lleva encima seguidamente le dibuje una jaula en una hoja y se fue muy alegre con su pajarito de papel


La Niña esta sentada
Por Jorge RODRIGUEZ LAGOS

es domingo y salimos a caminar por el parque cuando de pronto onix me jalonea la camisa para preguntarme:

- papi / mira esa niña que esta sentada en la banquita
- si la estoy viendo( le respondí )
- entonces papi la miras que esta solita
- si la veo
- ¿entones donde esta su papi?
- no lo se (respondí)
- !papi¡ (me increpa) apretando mi mano
- diga / mi bebe
- ¿que estará pensando la niña?
- no lo se (respondí)
- ¿tendrá hambre la niña? Papi
- es posible (respondí)
- usted nunca nos va ha dejar solitas... (me pregunta viéndome a la cara) verdad / papi me abraza con fuerza para decirme: itzel esta solita... y me repite nunca verdad papi
- no mi moi...nunca (le respondí)


Ilustracion: Stéphane GÉRARDhttp://orizuka.free.fr

Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ∕Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules

Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules Por Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ 2017 marca el centenario de la cantautora de “Gracias a la vida” y ta...